Silvia miraba extrañada el devenir de los acontecimientos, aunque más interesada estaba en saber qué significaba aquello de “entidad” que Drusila había mencionado anteriormente. Por su parte, Karina parecía dormir plácidamente en mi hombro mientras repetía la palabra “kimchi” o algo parecido.
Reconozco que me sentía igual de preocupada que Silvia: no tenía claro el concepto de entidad.
—¿Aún seguimos intrigadas con el tema de la entidad? —pregunté.
—Mmm, es algo difícil de explicar, pero quizás tú, Claudia, puedas entenderlo mejor —respondió Drusila.
Silvia frunció el ceño. Drusila levantó las manos en gesto de disculpa.
—No es por ofender, pero es algo enredoso para los locales. Retomando lo que decía antes: una entidad es, en primera instancia, un humano cuyo ADN ha sido modificado mediante una reescritura genética y de personalidad, usando dispositivos que van desde implantes cibernéticos, nanotecnología, manipulación genética, hasta reprogramación de la personalidad con inteligencia artificial.
Me sonrojé… me sentí algo culpable. Drusila me miró fijamente.
—Así que corriges tus textos con IA… pues así comienzan todas las cosas y después terminan…
—Siendo una cortesana —interumpiendo.
—Pero de lo contrario no habrías podido venir aquí, y habrías perdido esta batalla por salvar el tiempo.
Ante esa sobre simplificación de Drusila, decidí jugar su juego.
—Pues esta batalla realmente vale la pena verla desde mi tribuna de NPC. A propósito, solo falta un detalle… ¿Drusila, podrías hacer aparecer palomitas de maíz?
—¿¡Ah!? —exclamó sorprendida. Silvia me miró con cara de interrogación y Karina murmuró:
—Palomitas no… kimchi sí.
—¿¡Me ves cara de vendedora de bocadillos!? Si hiciéramos eso, tendríamos ya algo de dinero para…
—Claro, haríamos una fortuna vendiendo palomitas… ni siquiera sé si existe el maíz en este lugar.
—Imagina el cuadro, Drusila-chan: un combate épico, la gente aclamando, todos con deseos de comer y entonces llegan las palomitas. Podríamos avanzar más en nuestras metas y no depender tanto de este concurso.
—No tenemos palomitas aquí porque no hay maíz… por ahora. Además, si sigues con esas humoradas quizá pueda modificar ese detallito con lo que tú ya sabes… —dijo, extendiendo su mano y mostrando una esfera negra.
—Jejeje, solo era una idea… —respondí rápidamente, señalando el escenario—. ¡Mira! Calendre está por tocar la guitarra, esto será épico.
Helena intentó atacar para destruir la guitarra, pero no podía avanzar: los acordes adormecían su espíritu y bloqueaban su paso. La música, como un trance mágico, la obligaba a bailar bajo su control. Intentó taparse los oídos con las manos, pero la melodía alteraba todo su ser.
—Mi melodía atrapa no solo tu cuerpo, sino tu alma —exclamó Calendre, confiada en poder hacer bailar a su objetivo hasta derrotarlo.
Helena se agachó, clamando la ayuda de la Diosa Laporia. Para ella era una humillación, y en su mente escuchó una voz:
—Es una vergüenza que tú, la más prometedora de mis discípulas, estés haciendo el ridículo contra esa mercenaria de otra época. Pensé que serías más útil.
—¡Yo soy útil, mi señora! —gritó Helena, aunque su voz fue silenciada por los acordes de Calendre. En su corazón pesaba el miedo al vacío, la soledad de no estar a la altura, de haber desilusionado a su mentora.
—Ya no tienes lugar en esta batalla. Desaparece…
—¿Por qué me abandonas, mi señora? ¿Por qué no me das el poder que le diste a Karina? Ella perdió, se alejó de tus ideales y aun así no la abandonaste. Dame algo de ese poder.
—Ella aún es útil. Tal vez fue inútil como guerrera, pero gracias a su personalidad ahora puedo obtener información de mis enemigos. Ser útil tiene muchas formas. ¿Estás dispuesta a ser instrumento de una de ellas?
—¡Sí! Por supuesto, mi señora. Hazme tu instrumento de justicia. Que todos estos tontos sepan la fuerza de tu ira, que teman a mi señora Airlia y a la Diosa Laporia.
—Demuéstrame tu perseverancia y te daré mi poder.
Helena ya no pudo escuchar la voz, pero arrodillada, soportando la melodía, miró a Calendre con una risotada psicótica.
Mientras el público disfrutaba la melodía casi como un concierto, entre ellos una fan girl levantaba los brazos y hacía poses curiosas.
—Qué hermosa melodía, tan pura y romántica… —escapó de mis labios esa frase, casi como una fan girl extasiada al escuchar a su ídolo.
La gente, maravillada con la dulce melodía, le dio el punto a Calendre.
Calendre 2 – Helena 1
Drusila, algo impaciente por mi actitud juguetona, me tomó de la estola con un empuje seco y me obligó a sentarme. Me miró con una expresión de “mejor deja de jugar a la fan girl” y me obligó a retomar la atención.
—Tú sabes cómo la heroína imposible derrotó a Calendre, ¿verdad? —preguntó Drusila. Que ella me preguntara algo era muy extraño de ver y presenciar.
—Pues no lo sé. Tengo entendido que en esa batalla intentó hacer lo mismo que ahora, pero por alguna razón que desconozco, fracasó.
Drusila se sobresaltó con mis palabras, como si algo que dije le hubiera hecho recordar algo, para luego volver a su calma habitual.
—Interesante… —murmuró.
Por un instante pensé que Drusila estaba pensando en el futuro, y tuve un mal presentimiento.
La escena era emocionante, quizás demasiado para lo que originalmente debía ser un concurso de poesía.
—¿Y la poesía? —preguntó Silvia, aún extrañada por el rumbo de los acontecimientos.
—Se fue de sabático —suspiré resignada.
Al fondo, Marcus me miraba con ganas de estar a nuestro lado, pero alguien tenía que animar el evento.
En el área de batalla faltaban versos, pero la tensión abundaba.
—¡¡Vamos, Calendre, tú puedes!! —mi voz chillona se escuchó a varios metros.
—Toda una fan girl —murmuró disimuladamente Drusila con una tímida sonrisa.
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viajes en el tiempo, cambio de genero, isekai o reencarnación en otro mundo
Editado: 11.05.2026