La Cortesana del Tiempo

Claudia es Clave

Calendre 2 – Claudia 1.

Calendre no pareció enojarse. Es más, sonreía.

—Ya era hora de que demostraras algo que los humanos poseemos y que ningún algoritmo puede corregir: la originalidad, lo que nos hace únicos. A partir de ahora, cualquier cosa o situación perfecta es un peligro.

—Tú eres una entidad…¿realmente puedes entender lo que es un ser humano?

—No me gusta ser una entidad, pero eso no significa que no entienda que es ser humano y que en algún momento fui uno, en fin , por eso haré lo que esté a mi alcance para que encuentres tu camino, como compensación por mis errores del pasado y el peso por el futuro. Así todo este periplo tendrá sentido

—¿A qué te refieres?

—Con tu nivel actual no podrás ganarme. Y si no me ganas… todo estará perdido. Tendrás que renunciar a quien eras para tener una oportunidad.

—Te demostraré que puedo vencerte sin perder mi esencia.

—Despierta y asume la verdad.

Su expresión serena y sus ojos brillaban con una decisión que no había visto antes. Guardó su daga y se preparó para usar su arma principal.

El acorde… tan profundo… que en su presencia ahogó los ruidos alrededor, deteniendo las expresiones de los demás. Sentí que me perdía en esos acordes melancólicos. Lentamente adormecían mis sentidos. Mi cuerpo se elevaba, como si cada nota me hiciera flotar.

Intenté pensar, pero las emociones que transmitía la música absorbían mi atención: melancolía, soledad, un dejo de tristeza que no sabía que existía en mi corazón. Todo floreció en mí. Esa energía, esas emociones, me hacían flotar.

Entonces, súbitamente, los acordes se detuvieron y caí. La altura no era demasiada, pero suficiente para dejarme magulladuras en el cuerpo.

Calendre 3 – Claudia 1.

La caída me dolió pero el punto de Calendre y los aplausos del público duele más.

Caer por segunda vez me hizo sentir tan mal que por un momento pensé en abandonar. Miré hacia el público: Drusila, Silvia y Karina estaban sorprendidas y preocupadas. Pero algo en las palabras de Calendre evitaba que me rindiera. Quería demostrar que no era dependiente de mi suerte, que podía hacer algo por mí misma. Aunque todo estuviera en contra, debía intentarlo.

—Si un humano pudo vencerte, yo también puedo hacerlo.

Calendre no pareció amedrentada en absoluto

—¿Quieres seguir volando? — ironizando con un tono de voz algo burlón

La miré seriamente… y corrí. Corrí hacia ella por primera vez.

Eso sí tomo a Calendre por sorpresa

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Para Calendre, la presencia de Claudia la pilló por sorpresa. Por un instante pensó en contraatacar con su guitarra, pero algo la hizo cambiar y prefirió esquivar elegantemente. Claudia intentó golpear con su puño, que apenas rozó el rostro de Calendre, pero al frenar su carrera tropezó y cayó al suelo, raspándose las piernas.

Calendre pudo acabar con el combate al verla maltrecha, pero súbitamente llevó su mano a la cara, haciendo muecas de dolor. Todo pasó tan rápido que ni el público ni Claudia notaron la actuación. Entre gemidos, se tranquilizó al ver que Claudia intentaba levantarse, adolorida. Se acercó y, retomando su actitud desafiante, mencionó:

—Tu paupérrimo golpe me sorprendió. Sin duda fue tu estúpida frase la que me trajo malos recuerdos. Apenas me dañaste, pero no te confíes. Espero que este no sea tu límite.

Claudia, magullada y maltrecha, esbozó una pequeña luz de esperanza. El público corroboró esa esperanza con gritos y clamores, fascinados ante el poder de Claudia, creyendo sin duda en la farsa que había creado Calendre.

Calendre, resignada, volvió a recordar esa frase: “La fuerza de los débiles.” ¿Acaso no era lo que decía aquella heroína de pacotilla cuando me enfrentó? Tuve una visión de aquella noche: ella tan segura, tan apoyada por la lógica y la algoritmia, se preparaba para humillar a la misteriosa heroína. La batalla había sido larga; todos mis acordes eran contrarrestados por esos molestos muros de hielo. Esas poses tan cursis me desequilibraban… y entonces lanzó su frase:

“Ahora verás la fuerza de los débiles. Y de ellos aprenderás algo que ningún algoritmo, que ninguna IA implantada en tu mente puede deducir. Algo que tu personalidad editada nunca vio ni verá jamás.”

Y entonces se colocó detrás de mí, impactándome con su bola de hielo mientras hacía una de sus poses de chica mágica legendaria. Yo estaba furiosa. Siempre pensé que era un intento de subestimarse a sí misma para darme falsa confianza y que la atacara, solo para terminar pisoteada por esa “fuerza”.

Pero ahora volviendo al momento actual y viéndolo bien, mientras miraba con un dejo de comprensión a Claudia un pensamiento cruzo su mente:

Esa heroína anticuada, innata aunque oculta en los humanos, era esa pequeña llama que ahora veo vivir en Claudia. Eso me tranquiliza: si tiene esa llama, entonces es posible avanzar. Pero antes debo cuidar esa llama… quizás sea la única que conserve cuando atraviese el desierto. Solo espero que la mantenga después de hoy.

Calendre 3 – Claudia 2.

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—¡¡¡Claudia, cuidado!!! —gritó Silvia con todas sus fuerzas. Su mirada quedó paralizada ante la escena: el corte recibido por Claudia era inesperado. Karina también reaccionó sorprendida. Rápidamente Silvia miró a Drusila.

—Drusila, ¿qué está pasando aquí? Calendre, después de todo lo que vivimos en la mazmorra… ¿por qué se comporta así? Y con la máscara puesta, todo es tan extraño.

Karina asintió, acotando:

—Ella podía ser poco social y distante, pero asesina porque sí no era… esto es inaudito. Pobre Lady Claudia.




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