La Cortesana del Tiempo

El Ultimo Recurso

El salón, a oscuras, apenas iluminado por un tenue y dorado rayo de sol que llenaba todo el espacio. La decoración quedaba opaca ante ese brillante rayo que apenas podía iluminar a un hombre de unos 35 años, de contextura atlética aunque no muscular. Sus facciones marcadas y mandíbula firme le daban un perfil destacado. Su cabello castaño oscuro, corto, y sus ojos verde oscuro mostraban una mezcla de melancolía y serenidad.

Giró la cabeza y caminó hacia la mujer encapuchada, mirando con cierta curiosidad la bola negra que ella portaba. La mujer pudo ver la túnica sobria de colores púrpura y dorado, el cinturón ornamentado que lo hacía tan etéreo como marcial. No trepidó en dar una reverencia graciosa:

—Mi señor, los designios de la Diosa Laporia os bendicen.

—Yo no conozco a tu Diosa, ni sé si me ha bendecido o no. Pero como ves, en esta pequeña domus ningún Dios o Diosa ha podido cambiar lo que las moiras han decretado.

Golpeo secamente la pared con un dejo de desprecio.

—Os aseguro, mi señor, que la Diosa Laporia puede dominar incluso la potestad de las moiras. Todo lo que necesitas es creer. Ella te dará el poder para que este lugar y tu jardín vuelvan a llenarse de vida. ¿No es ese tu sueño?

El hombre puso su mirada tras la ventana, su vista perdida y sus ojos ligeramente vidriosos. Contemplaba los cultivos dorados de trigo que se extendían en su feudo, deteniéndose en el pequeño jardín incompleto.

—¿Te refieres al Jardín de los Sentidos? Era una bella idea, pero ninguna divinidad se interesa en asuntos tan banales como los de este mortal.

—Os aseguro que podré hacer de este jardín un espacio rebosante de vida. Solo debe… creer.

La bola negra comenzó a iluminarse y su luz cubrió todo el salón, dejando al descubierto grietas, muebles rotos y pilares dañados por golpes: el escenario de una guerra, una guerra que solo fue vista por los ojos melancólicos del hombre.

—No tengo nada que perder… creeré en tu luz. Eres la religiosa más divertida con la que me he topado. Gracias por este espectáculo, pero necesitarás más que eso…

----------------------------------------------------------------------------------------------------

¿Existe una batalla con pausas? Para alguien que creció viendo heroínas mágicas en la TV y luego con nuestra única y gran heroína imposible en vivo y en directo, donde el tiempo permitía diálogos e introspecciones profundas… no podía dejar de sentir que a mi alrededor estaban pasando cosas.

Podía notarlo: miré de reojo a Silvia y Karina, que lucían pálidas ante una Drusila que parecía hablar de algo tan interesante que ya no se fijaban en mí uwu.

Hasta que un acorde me hizo recordar que estaba en medio de una batalla en medio de mis cavilaciones un acorde cuya onda me lanzo directamente hacia el pilar del resonómetro.

No fue muy fuerte pero chocante fue que, tras el impacto, la onda del acorde me cubrió de polvo todo el cuerpo.

—Hey, fue lindo lo que hiciste antes, pero si vives en las nubes no llegarás muy lejos.

Calendre 4 – Claudia 2

El polvo aún no terminaba de asentarse en el suelo. Mientras lograba levantarme respirando a duras penas entre la nube de polvo, Calendre miraba hacia las gradas, más precisamente a Drusila con una mueca de impaciencia haciendo mover su guitarra de un lado a otro en su mirada el ceño fruncido, respirando pesadamente, como si buscara una explicación o una señal desde las gradas. Esa respiración pesada de Calendre era extraña, como si algo le preocupara.

Curiosamente, yo también buscaba una señal en mi cabeza, pero solo aparecían fragmentos de proyectos que hice en el pasado y que no resultaron por “mi falta de talento”. Sus caras de desilusión… no deseaba agregar a ellas las de Silvia y Drusila.

No quiero fallar como antes

Apreté mis puños con fuerza mientras volvía decidida a darlo todo mientras intentaba calmar mi respiración pero el polvo aun me afectaba

No quería desilusionar, pero se me estaban acabando los trucos… espera, eso… el ítem de Drusila, pero…saque mi voz más socarrona

—Calendre, no creas que me has vencido…

Calendre contrariada de mi porfía respondió con cierto dejo de ironía

—Veo que ni tú ni Drusila entienden… esta batalla no la ganarás si no aceptas que necesitas algo más que “la fuerza de los débiles”. ¿No quieres salvar el tiempo?, Srta. Cortesana legendaria

—Es que, aunque te cueste creerlo, aquí por primera vez me siento casi como en casa con Drusila y Silvia… ahhh, sí, también Karina… y bueno a lo mejor Marcus. Pero el punto es que ellos confían en mí.

—Ya veo… entonces solo debo paralizarte con el acorde adecuado.

Dio un paso rápido atrás para evitar un contraataque, agazapándose un poco para sacar la guitarra, cuando sus ojos se abrieron de par en par. Una flecha pequeña, mejor dicho un dardo, iba dirigido hacia ella.

Podría ser… retrocedió rápidamente e intentó esquivarlo, pero no pudo evitar el báculo de Claudia, que golpeó suavemente la cabeza de Calendre, generando la aclamación de la gente.

—¡Claudia, qué rayos! Grrr… pensé que era un escupefuego y que iba a explotar.

—Solo era una ballesta, pero creo que la sorpresa y lo inesperado son tu punto débil.

Sonreí levemente, y una sensación de calma inundó mi corazón. La calma de cuando sabes que has dado lo mejor de ti en una batalla. El ítem secreto de Drusila era una ballesta pequeña, muy portátil. Pero ¿por qué Calendre la llamaría escupefuego? Sentía mi corazón comprimido en mi cuerpo. Los ataques de Calendre habían sido muy fuertes, y comencé a sentirme mareada.

Mientras Calendre argumentaba sobre la diferencia entre una ballesta y una escupefuego creo que era algo que los dardos explotaban pero yo era la que estaba por colapsar por ir más allá de mis límites.

Calendre 4 – Claudia 3

Calendre no deseo perder más el tiempo y con un tenue acorde de su guitarra me paralizó otra vez… nuevamente volé directo al pilar del resonómetro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.