La Cortesana del Tiempo

Un mechon de su cabello , anuncia el final

Calendre se sorprendió de la velocidad de Claudia.

Increíble… sin duda el proceso fue exitoso. Solo espero que no te pierdas en el desierto. Pero aunque ya cumplí mi propósito, no pienso desaparecer de esta forma. Puede que Airlia tenga mi vida, pero no mi alma. Y cómo me iré será espectacular. Quizás hasta pueda ganar… seré la campeona.

Un rápido movimiento de Claudia hacia su guitarra hizo que retrocediera brevemente y activara su brazalete‑escudo.

—¿Pero qué intenta hacer? Su escudo no le ayudó mucho antes… sin duda no se ha adaptado todavía. La sorprenderé, quizás pueda ganar esta batalla.

—¡Escúchame rugir, cortesana!

Claudia tocó la guitarra con acordes de metal de los 90, acompañados de estruendos que hicieron que el público se tapara los oídos.

Calendre se sorprendió al ver que el escudo de Claudia cambiaba de forma: se deshizo en pequeños puntos repartidos por su cuerpo, neutralizando el daño al concentrarse en zonas críticas el escudo se reforzaba al tener menos área que cubrir. Era una solución original y gracias a ella podía avanzar.

—No puede ser… modificó su escudo. ¡Eso debieron ser los nanobióticos!

Claudia avanzó rápido con su báculo, llegó al lado de Calendre y le hizo un corazón coreano antes de atacarla con golpes suaves en la cabeza.

—Esto me lo enseñó mi doncella. — expresándose con seriedad y un toque de coquetería

Calendre intentó contraatacar, pero Claudia esquivaba casi como si fuera una danza. Frustrada, se concentró: debía haber un punto débil.

Sus nanobióticos le indicaban una pequeña zona a la derecha, entre hombros y cadera. Si lograba dañarle, ganaría.

Corrió rápidamente con su daga, posicionándose a la derecha. Pero cuando iba a rozar el cuerpo de Claudia, el escudo se concentró en el punto de impacto.

Eso la asustó. Intentó dar un golpe con la otra mano, pero Claudia movió su cuerpo, usó el brazo de Calendre y con su propia fuerza la volvió contra ella, haciéndola caer.

Calendre logró evitar la caída con un giro, pero quedó descuidada frente a Claudia. Ella recorrió la distancia y, con su mano, una poderosa cachetada hizo caer a Calendre.

—Vaya, vaya… sí has progresado.

Pero Claudia ni se inmuta. Realizando una pequeña reverencia como presintiendo que había obtenido un punto

El público por el contrario aplaudió y gritó ante tal escena. Claudia estaba remontando, y con un estilo tan distinto al de su anterior combate que parecía otra persona. Veían a la consoladora legendaria, capaz de curar corazones con ternura y vencer a sus enemigos.

Calendre 6 – Claudia 5

Drusila no podía dejar de asombrarse.

Ese es el poder de Claudia. Sin duda ha cambiado y mucho. Solo espero que todo esto pueda servir para salvar el tiempo.

Karina, sorprendida, dio un golpecito hacia abajo. Su gesto fue tan pasional que golpeó a Marcus, que se estaba recuperando, y lo hizo caer de nuevo.

—¡Es increíble! Claudia parece una conejita Duracell: ataca y no para, avanza y no para.

Silvia se quedó mirando. Una imagen pasó por su mente.

—¿Conejita…?

Sus ojos se iluminaron repentinamente.

Y Claudia… ni se inmuta.

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Claudia estaba ante mí con la serenidad de un cazador a punto de rematar a su presa, y tenía razón para creer eso. Fui sorprendida, pero eso no significa que me hubiera sobrepasado.

—Veo que tendré que ir en serio.

Respiré hondo, cerrando mis ojos, buscando esa pequeña luz interior. La visualicé como un tesoro de un pasado ya perdido, una conexión con quien realmente era y que ninguna entinización pudo borrar. Por un momento, todo el universo bajo mis ojos se redujo a seguir el ritmo de mi respiración.

Ofuscada ante la situación, Claudia gritó y tomó impulso, decidida a atacarme con su báculo para terminar el combate. Con un movimiento rápido volvió a estar cerca de mí, pero logré esquivarla. Nuestros ojos se cruzaron: los suyos, opacos, soltaron una fría mueca de sorpresa ante el cambio de la situación.

Mis sospechas eran ciertas.

—Claudia, ¿crees que todo lo que te dije antes era un sinsentido? Mientras no logres entenderlo, perderás esta batalla. Si todo lo que ofreces es lo que los nanobióticos te están dando…

Mi rival apretó los puños y, levantando los brazos, gritó hastiada de sentirse pasada a llevar:

—¿Nano… qué? ¿Alguna clase de amante? Si lo es, tiene un nombre raro. Pero en fin, una aventurera de gremio no es rival para la legendaria consoladora. Puedo golpearte de muchas maneras.

Me guiñó un ojo, incomodándome, mientras llevaba sus manos juguetonamente a su cabello.

Esa frase resultó extraña: la Claudia que conocí detestaba ser llamada “consoladora legendaria”. La conclusión era obvia: en su nueva forma de entidad, los nanobióticos habían implantado la personalidad de la vida pasada de Claudia. Mientras la Claudia verdadera no tomara algún grado de control sobre esa personalidad reescrita, nunca podría ganarme.

Claudia insistía en atacarme, pero mis reflejos parecían adaptarse a su frenesí. Podía ser más rápida esquivando, pero su cuerpo flexible y energía inagotable inclinaban la batalla a su favor. Era una guerra de desgaste. Pronto se acabaría mi ventaja, y no podía perder con Claudia en esa condición.

Mi ofuscada rival interrumpió mis pensamientos:

—Querida, ¿no deberías descansar ya? Esto quizás es demasiado para ti.

De un salto se puso a centímetros de mi rostro.

—¿No sería mejor darnos un tiempo para descansar?

Sus labios rozaron mi cara en un gesto tan intimidante como cariñoso.

Rápidamente volvió a alejarse y su rostro reflejó satisfacción.

Era obvio que se me estaba acabando el tiempo. Si lo que temo que hizo Airlia conmigo es verdad, aunque gane o pierda será una victoria para ella. ¿Qué debo hacer? Pensaba mientras miraba las gradas, buscando algún patrón, algún dato… mi mente intentaba filtrar la información en un dejo de desesperación.




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