La voz del profesor generaba ondas acústicas que yo solo percibía como un eco finito, en el que se resaltaba la importancia de todos los elementos de la tabla periódica y las múltiples maneras en las que estos contribuían a que nuestras vidas fuesen mucho más simples. Comenzaba resaltando lo vitales que eran el oxígeno y el agua para nuestra vida y terminaba hablando de los compuestos utilizados para crear algo de uso tan cotidiano como el jabón de baño.
Mi interés y mi oxígeno en aquel momento se dirigían hacia el chico que se hallaba sentado a mi lado. Él estaba concentrado, mirando hacia el tablero. Sus párpados entrecerrados mostraban el esfuerzo que hacía por descifrar todo lo que el profesor explicaba tan apasionadamente.
Obviamente, no lo estaba logrando.
Tenía el cuaderno de Química lleno de rayones y tachones mientras intentaba escribir cada explicación que el profesor daba.
Hasta confundido y abrumado por el conocimiento se veía adorable.
—Coleman.
Como no estaba completamente abstraído, desvié los ojos hacia el mayor.
—Sé que ver el rostro confuso de Oaken puede resultar muy divertido; sin embargo, es imperativo, si quiere aprobar mi examen de ochenta preguntas, que preste atención al tablero y a mi presencia, que también merece respeto.
Mis mejillas adquirieron calor ante la reprimenda, un tanto exagerada, pero justificada. Algunos de mis compañeros se rieron y Trevor fijó la mirada en mí. Frunció las cejas porque asumió que me estaba divirtiendo a su costa; sin embargo, ese no era el caso.
—Lo siento, profesor. Continúe, por favor —dije para salvar mi orgullo y mantener la situación en calma.
Mi corazón se había acelerado y me sentía bastante apenado. No solían llamarme la atención en clase, por lo que era un sentimiento extraño y nada grato.
Decidí mirar hacia el frente, mas no dejé de pensar en Trevor.
Como era costumbre, aquella mañana había llegado tarde a clase. No había sido por gusto. El día anterior tuvo turno nocturno, así que trabajó más horas de las habituales. No era bueno para su salud, pero sí para su bolsillo. Por esa razón, todavía no sabíamos cómo debíamos comportarnos frente a los demás. No habíamos contado con el tiempo necesario para hablarlo.
Yo quería cubrirlo de besos y asegurarme de que todas las chicas se enteraran de que estaba a mi lado. Era una locura. Jamás me había descubierto pensando de aquella manera, pero el sentimiento y el deseo estaban muy presentes en mi cuerpo, rasguñando una parte de mí que, hasta ese momento, desconocía.
El profesor no dijo nada más y continuó con la clase. Al terminar, Tadeo se aproximó, sonriente y con ganas de conversar. Después de todo, había cancelado nuestra cita del día anterior porque sus abuelos llegaron de visita, haciendo imposible que se escaqueara.
Por esa razón, sus ojos brillaban de alegría al verme.
—¿Qué materia sigue? —nos preguntó Trevor mientras se sobaba un lado de la cabeza, notoriamente agotado por la clase anterior.
Tad nos miró y sonrió ampliamente.
—Tenemos una hora libre. El profesor de Lenguas Extranjeras tiene una incapacidad. Se lo escuché decir a uno de los profesores hace un rato.
—Eso mejora mucho mi mañana. Voy al baño.
Trevor se puso de pie y se marchó. Me pareció que estaba pensativo; sin embargo, Tadeo ocupó la silla a mi lado y me hizo centrar la atención en él.
—He estado esperando mucho tiempo para hablar contigo —llenó los pulmones de aire antes de continuar—. ¿Hace cuánto conoces a Melissa? ¿Puedes contarme cosas sobre ella? ¿Le gustan las rosas? ¿Qué gustos tiene?
Mis cejas se arquearon irremediablemente y, al percibir cómo Tadeo acercaba su rostro al mío, retrocedí, pues sentí mi espacio personal demasiado invadido.
—Ey, calma —alcé las manos y aprecié, a través de sus gruesos lentes, cómo le destellaban los ojos—. ¿A qué viene eso?
—Fui al cine con ella, ¿recuerdas?
Asentí y lo empujé sutilmente para mantener una distancia adecuada.
—Fue la mejor cita de mi vida.
No ocultó su fascinación por aquel evento, aunque yo sabía que había sido la única cita que había tenido.
—Ella es genial, Nico. Se rio de mis chistes. Sabes que mis chistes son malos, pero ella se rio hasta sujetarse el vientre. Su sonrisa es perfecta. Me animó con mi proyecto de Química y hasta me dio algunas sugerencias. Es tan lista... Y deberías verla cuando está concentrada. Es preciosa.
No pude ni pestañear. Casi podía ver corazones flotando alrededor de la cabeza de mi amigo.
—Tad, bueno...
Me rasqué la parte trasera de la cabeza, sintiéndome incómodo de nuevo, aunque por un motivo diferente.
Melissa amaba a alguien que no le correspondía y temí que Tadeo, al no haber entablado demasiadas conversaciones con chicas, estuviera confundiendo la amabilidad con otra cosa.
O tal vez no era eso.
Quizá Melissa Bennett simplemente deslumbraba a todos con su presencia y Tadeo había sido impactado por el rayo de luz más potente que ella podía emitir, dejándolo como una polilla cerca de una bombilla.