La Corteza del Roble

Capítulo 19

Al día siguiente de la fatídica confrontación de Trevor con dos miembros de su familia, me desperté muy temprano. Hablé con la abuela sobre lo ocurrido porque lo consideraba necesario. Ella no dio opinión alguna sobre la madre ni el hermano de mi chico; solo me concedió permiso para que él se quedara en casa tanto tiempo como quisiera.

Quería decírselo pronto, pero estaba durmiendo, como siempre que tenía un conflicto muy grande. Dormía horas y horas, aunque, se había despertado varias veces para comprobar si estaba a su lado y, por ratos, no le había resultado nada fácil regresar a dormir.

Yo tampoco había pasado una buena noche, si debía ser honesto. Había amanecido con dolor por la tensión acumulada en la nuca; sin embargo, era natural, ya que había pasado toda la noche en la misma posición con el único propósito de no liberar a Trev de mi abrazo.

Mi prioridad era que él se sintiera seguro y amado.

Limpié varias gotitas de sudor de mi frente con una servilleta. El sol estaba bastante agresivo esa mañana, así que decidí salir de casa y recostarme contra la raíz del viejo roble del patio.

Sonreí al sentir lo rugosa y poderosa que era su corteza contra mi espalda. Había pocas hojas en el suelo y muchas en sus ramas. Siempre que contemplaba el gran árbol, me cautivaba sobremanera. Supuse que no se debía únicamente a que fuera alto e imponente, sino también a que había sido testigo de muchos acontecimientos.

Según tenía entendido, mi abuela y el abuelo lo sembraron cuando recién compraron la casa. Al parecer, se lo había regalado un amigo cercano al abuelo. Después de ser apenas un pequeño arbolito, creció gradualmente hasta convertirse en el enorme árbol que sobresalía y sobrepasaba el techo.

El roble había sido testigo del amor de mis abuelos desde su juventud hasta verlos envejecer juntos. Había visto crecer a mi padre y había sido el refugio y lugar de diversión de Trevor y mío.

Definitivamente, el árbol era parte de la familia.

Mi móvil vibró, consiguiendo que dejara de pensar en el árbol y su relevancia.

Me sorprendí mucho al ver un mensaje de Carla, quien me preguntaba por qué no había asistido a clase aquel día. Naturalmente, no era por gusto propio. Solo un acontecimiento de fuerza mayor me haría faltar al instituto. Le contesté que, de ser posible, asistiría a la última hora con una excusa firmada, mas no se lo aseguré.

Fue entonces cuando me pidió que nos viéramos en una cafetería del centro comercial esa misma tarde.

Muy a pesar de que no quería dejar solo a Trevor, tampoco tenía intención de dejar de lado a Carla. Puede que a veces se concentrara demasiado en sí misma y no viera a los demás; pese a ello, seguía siendo mi amiga y echaba en falta hablar con ella y su madre.

No recibí más mensajes de su parte.

La mañana se sentía bastante ligera, por lo que decidí ir por mi computadora portátil al estudio. Regresé con ella y me senté sobre el prado junto al roble. Comencé a investigar varias ideas de negocio. Leí documentos sobre emprendimiento y la manera más viable de administrar una empresa.

Tenía planes.

Quería obtener cosas y llevar una buena vida.

Necesitaba trabajar en ello incluso antes de comenzar la universidad. No podía quedarme de brazos cruzados. Además, estudiar e investigar sobre algo que me gustaba siempre disminuía mi tensión.

—Nico.

Alcé el rostro.

Trevor se acercaba rascándose la parte posterior de la cabeza y alborotando sus cabellos.

Tenía una expresión de pereza absoluta, símbolo innegable de que acababa de despertar. El pijama que llevaba consistía en un pantalón y una camiseta blanca básica que permitía apreciar la musculatura bajo la tela. Su bíceps se marcaba a medida que los dedos se movían entre sus cabellos. Tenía la boca levemente reseca y los ojos no estaban completamente abiertos.

Era un delito.

Un pecado.

Ni siquiera recién despierto, con lagañas en los ojos y el cabello revuelto, dejaba de verse precioso.

—Ey, pequeña lindura —le regalé una buena sonrisa para mejorar su despertar—. ¿Qué tal has dormido?

—¿En qué año estamos? —preguntó con diversión.

Llegó hasta mi lado y se sentó.

Me alivió no ver ojeras bajo sus ojos. Al menos era una señal de que había conseguido descansar.

—En el mismo en el que estábamos ayer —contesté.

Miró la computadora y habló:

—Siempre investigas cosas así —comentó con interés—. ¿Por qué lo haces?

—Porque tengo muchas ideas, pero necesito enfocarme. No todas son viables ni seguras —respondí, feliz de que se interesara por lo que me gustaba—. Tengo las ganas, pero me falta mucho conocimiento. Cuando veo a las personas hablar de cómo comenzaron, sé que no puedo comprar un edificio de la noche a la mañana. Necesito aprender a administrar, a gestionar los bienes y, entonces, podré darles estabilidad económica a nuestras vidas.

—¿Nuestras? —preguntó, sorprendido por la palabra.

—Claro que sí —espeté, seguro de ello—. Trabajaré por ambos si no quieres trabajar. Solo tendrás que preparar la comida para mí y cuidar de los gatos.



#588 en Novela romántica
#11 en Joven Adulto

En el texto hay: romance, drama, primer amor

Editado: 12.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.