La Corteza del Roble

Capítulo 23

Separé los párpados y apenas conseguí enfocar el techo a causa de la penumbra de mi habitación. Todavía era de noche. Solo al girar la cabeza hacia la mesa de noche descubrí que faltaban veinte minutos para que oficialmente fuese mi cumpleaños.

Deseaba volver a dormirme. Sin embargo, después de rodar tres veces sobre el colchón, no conseguí hacerlo. Conciliar el sueño era una misión de alta exigencia cuando lo único en lo que pensaba era en Trevor.

No quería hacerlo.

Pensar en él revolvía mis emociones. Lo añoraba demasiado para mi propia salud. Incluso tenía la sensación de estar perdiendo peso. Si bien no era algo anómalo, el tan conocido mal de amores me estaba pasando factura.

Apreté la almohada. Extrañamente, todavía olía un poco a Trevor. Era poco probable. Quizá solo era mi cerebro engañándome, pero olía bien.

Tan a él.

Suspiré.

De pronto, escuché pisadas en las escaleras. Me pareció extraño, dado que la abuela no solía subir a menos que fuese para asear alguna de las habitaciones. La mía estaba hecha un revoltijo porque no me apetecía ordenar nada desde que Trevor se marchó. Había distintas cosas regadas por el piso y, era un milagro que mi abuela no hubiese entrado con la aspiradora para ocuparse de todo.

Quizá, sabía que necesitaba algo de tiempo y le agradecí por eso.

Me senté, pensando en un posible ladrón. En nuestro vecindario era poco probable, pero nunca se estaba completamente seguro. Me deslicé hasta quedar sentado al borde del colchón.

Mi corazón se aceleró porque temí estar imaginando cosas. Solo me faltaba volverme loco y conectar con el más allá. Mi corazón abandonó su ritmo normal en el instante en que la puerta de mi habitación fue empujada y rechinó.

Entonces lo vi.

Vestía un gorro para el frío y unas zapatillas rojas que nunca había visto. Su pantalón era azul y llevaba una cazadora café.

Me miraba expectante.

No sabía si era una alucinación o si de verdad estaba en mi habitación, como si no hubiese ocurrido nada. Me sonrió, más bien tímido, y se aproximó.

—Ey, ¿por qué me miras así? —preguntó bajito.

—¿Bromeas?

Me exalté al escuchar su voz y comprobar que no era una alucinación. Y, si lo era, joder, era una muy real.

—Te largaste y vuelves así.

Sacudí las manos, mi pecho subió y bajó, creo que mis ojos se pusieron saltones y gesticulé muy exagerado.

—Te dejé una nota y le dije al novio de tu abuela que le dijera que volvería dentro de un tiempo.

Me observó con la mirada baja, más bien confundido por mi arranque, así como yo estaba aturdido intentando procesar lo que me decía.

—Sé que dejar el recado con un extraño es feo, pero Rita estaba atormentando mi celular con mensajes aquella madrugada y no quería despertarlos.

—Espera, ¿qué novio? ¿Qué demonios estás diciendo? ¿No me habías dejado?

Su rostro reflejó extrañeza y, de pronto, palideció y boqueó.

—¿Por qué demonios iba yo a dejarte? —indagó, alzando la voz—. Solo estuve fuera de la ciudad. Fui a buscar a mi padre.

Pestañeaba sin dar crédito a lo que estaba escuchando.

¿Era todo un malentendido?

¿Acaso ese tipo de cosas no solo pasaban en las películas?

¿También ocurrían en la vida real?

—Además, te dejé el número del hotel y te escribí que volvería, pero no me llamaste.

—Claro que no —gruñí, pasando las palmas de las manos sobre mi rostro y tirando de mi cabello—. En la nota decía que te estabas marchando y que me amabas.

—No es verdad. Y eran dos notas —explicó—. No me cupo todo en un solo pedacito de papel.

Mis dedos se cerraron en mi cabello con más fuerza y tiré de él con más ganas, cabreado, hasta el punto que mi garganta se apretaba y el estómago me ardía.

—¿Tienes idea de la mierda que ha sido esto? He pensado durante todos estos días que me dejaste porque no me amabas y vienes a decirme que solo fuiste a ver a tu padre.

Me puse de pie e intenté pasar junto a él.

Fracasé.

Me atrapó por un codo.

—Nico, espera. Lo siento, pero ¿cómo iba a dejarte? Te dije que te amo. —La oscuridad confusa en sus ojos me dolió y me confundió más.

—Entonces, ¿por qué demonios no me dijiste que te marchabas a ver a tu padre? Además, ¿cómo lo encontraste? Pensé que no tenían contacto. Fue una mierda total, Trevor. Me estaba ahogando en mi maldita miseria porque pensé que te había perdido.

Escupí rápido hasta quedarme sin aire, sus ojos se aguaron. Al enterarse de aquello, se lanzó contra mí.

—Perdón, perdón —repitió la palabra muchas veces—. Intenté decírtelo esa noche, pero me acobardé. Sabía que querrías venir conmigo, así que preferí arreglarlo todo por mi cuenta. Sabes que lo de papá no es fácil para mí. No quería llevarte a una posible desilusión. No quería que me vieras así.



#588 en Novela romántica
#11 en Joven Adulto

En el texto hay: romance, drama, primer amor

Editado: 12.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.