La Corteza del Roble

Capítulo 24

Comprobé mi apariencia en el espejo por cuarta vez.

Estaba seguro de que me veía bien.

La corbata y el traje que Vivi había hecho para mí eran realmente hermosos. Me hacían lucir profesional y dedicado. Eso me gustaba. Sin embargo, no podía evitar estar nervioso.

Era imposible.

—¿Estás listo, cariño? —indagó mi abuela, observándome desde la puerta.

—Sí, lo estoy.

Me apresuré a recoger mi teléfono móvil de la mesita de noche. Seguidamente, fui hacia ella, quien sostenía un par de billetes en la mano.

—La ceremonia de graduación ha sido hermosa y estoy muy orgullosa de que hayas recibido una mención de honor por tu buen desempeño en Cálculo.

Me entregó el dinero, haciéndome sentir feliz.

—Trevor está abajo. También está listo.

—Gracias, abuela. Prometo que regresaremos sanos y salvos —dije.

Ella me apartó un mechón de la frente y habló:

—Por hoy, puedes quedarte hasta la hora que desees. Solo debes mantener tu teléfono encendido en todo momento. ¿Bien?

No podía creerlo. En todos los años que llevaba viviendo con ella, jamás me había dado aquel tipo de libertad.

—Sí, abuela.

Caminó conmigo hacia las escaleras, enganchando una mano en uno de mis brazos.

—Sabes, cariño, cuando llegaste a mi vida, no pensé que viviría lo suficiente para verte crecer y convertirte en un hombre.

La miré, incrédulo.

—Estoy feliz de estar contigo, Nico. Estoy feliz de que hayas nacido porque una parte de ti me recuerda que el primer amor que tuve en mi vida me dejó muchas maravillas. Entre ellas, un hijo y un nieto al que amo demasiado.

—Abuela...

Las palabras no me salían correctamente. No esperaba semejante confesión.

—Ya eres un adulto, mi vida. Estoy segura de que harás cosas increíbles mientras sigues creciendo. Tú naciste para ser un ganador. Lo supe desde que te sostuve entre mis brazos cuando apenas eras un bebé.

Me costó encontrar qué decirle. Un simpe gracias sonaría demasiado básico y no decir nada me parecía grosero.

—Has sido el mejor ejemplo que pude haber tenido. Te quiero y te agradezco por todo porque, sin ti, abuela, nunca habría llegado hasta donde estoy ahora. Tú formas parte de mi felicidad y te quiero muchísimo por eso, en serio.

—El honor ha sido todo mío —concluyó, palmeando dulcemente mi antebrazo.

Sin que los escalones se hicieran más largos, llegamos al primer piso. Trevor contemplaba las fotografías que nos habíamos tomado aquella mañana, durante la ceremonia de graduación. Todos estábamos muy emocionados, vestidos de negro y con nuestros birretes, sosteniendo los diplomas con orgullo mientras nos acompañaban nuestras familias.

Mi familia no era demasiado grande, solo había asistido la abuela. Pero no importaba. Una familia no necesitaba ser extensa para ser maravillosa.

El aliento se quedó atrapado en mi garganta, apabullado por el hermoso hombre que estaba allí, de pie frente a la entrada.

Vestía un traje azul muy oscuro. Era casi negro y combinaba a la perfección con sus cabellos. También llevaba zapatos elegantes. Nunca lo había visto con unos iguales. Incluso se había peinado hacia atrás, luciendo muy galante.

Era tan hermoso.

Y era mío.

—Trevor, cariño, ¿te gustaron las fotos? —preguntó la abuela, quien había pagado a un fotógrafo para que nos hiciera los retratos.

—Sí, Sheila. Son magníficas.

De repente, se quedó mirándome, embobado. Hasta resultó gracioso porque nunca lo había visto observarme de aquella manera.

—Tan guapo.

Su voz había sido apenas un susurro, pero la noche era silenciosa y el vecindario también.

Lo habíamos escuchado perfectamente. Tanto que la abuela dejó escapar una risita. Él se puso colorado como un tomate y sacudió la cabeza. Entonces, la abuela me dio un delicado empujoncito hacia él.

—Vamos fuera. Los acompañaré hasta la puerta —nos dijo.

Entrelacé mis dedos con los de Trevor y, mientras la abuela abría la puerta principal, me incliné para besarlo. Él abrió mucho los ojos y después sonrió, picaresco y jovial.

Nos encaminamos hacia fuera. Entonces, la abuela me extendió las llaves de su coche. La miré con incertidumbre. Ella hizo un movimiento con la cabeza.

—Úsalo mientras llega el tuyo.

La miré sin comprender.

—Tu padre te llamó esta mañana, ¿verdad? —continuó.

Asentí.

—Y te preguntó algo sobre un color.

—Sí. Me preguntó de qué color podía pintar su auto y le dije que gris porque...

Mis ojos se abrieron cuando las piezas encajaron.

—Te ha comprado un auto, pero no estará listo hasta dentro de una semana —me dijo la abuela—. Practica con el mío por ahora.



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En el texto hay: romance, drama, primer amor

Editado: 12.07.2026

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