La Corteza del Roble

Capítulo 25

—Ya voy llegando —le dije a la abuela.

Pagué el taxi, bajé del vehículo y arrastré mi maleta. Colgué la llamada, saqué el llavero y abrí la puerta. La casa no había cambiado demasiado en los dos años transcurridos desde que nos mudamos. En realidad, solo se habían añadido unos cuantos cuadros y nuevas fotografías de la abuela con su novio, Arnold.

Cuando conocí al hombre, lo puse a prueba. Para mi fortuna, la superó. Era un jubilado de la fuerza pública y llamaba a mi abuela «su cereza de amor».

Un tanto inquietante, pero tranquilizador.

Ella lo merecía.

Al continuar por el pasillo, encontré a Diamante y Mango echados en la misma silla. Parecían inmortales, aunque el primero había estado enfermo hacía poco. Según la abuela, solo habían sido parásitos, pero eso no le impedía llevarlo cada semana al veterinario para comprobar su estado de salud.

Dejé la maleta y recorrí el pasillo en dirección a la cocina, de donde provenía toda la actividad.

Me detuve a contemplar dos fotografías colgadas en la pared. La primera era del día de nuestra graduación del instituto.

Sí. Mi abuela la había enmarcado, así como había enmarcado mi diploma y los honores. También había mandado a enmarcar el diploma de Trevor y, el documento con la beca deportiva que había obtenido gracias a su buen rendimiento en el equipo.

Gracias a los contactos de la abuela y a un viejo conocido de Georgia, fue posible conseguir que la beca de Trevor funcionara en la universidad a la que yo deseaba asistir. Por esa razón, ambos terminamos en el mismo campus universitario, aunque en diferentes áreas y carreras.

Lo más importante era que vivíamos juntos.

Pagábamos un pequeño apartamento de una habitación y teníamos una planta.

Era nuestra segunda planta. La primera, en realidad, había muerto, pero nadie debía saberlo.

En la cocina encontré a la abuela y a su novio. Estaban terminando de preparar la cena y recibí una cálida bienvenida por parte de ambos. Después de todo, hasta el hombre se había convertido en parte de mi familia. Y la abuela, obviamente, era mi familia entera.

Las cosas con mis padres no cambiaron demasiado después de que se enteraron de mi sexualidad. En realidad, solo me dijeron que no contrajera una enfermedad de transmisión sexual y que no fuese promiscuo.

Por lo demás, se lo tomaron bastante bien. A su manera, se preocupaban por mí. Al menos, eso me gustaba pensar.

La madre de Trevor... Bueno, tuvo varios problemas legales. Su adorado hijo también tuvo varios problemas con la ley y, para ser exactos, terminó en la cárcel por intentar malversar los fondos de un hombre importante.

De la mujer no supimos demasiado. Lo cierto era que, después de vender la casa, no volvió.

—¿Dónde está Trev? —le pregunté a mi abuela.

—En el patio trasero.

Tan pronto como recibí la respuesta, me dirigí hacia allí.

—La cena estará lista dentro de poco. Los llamaré —añadió.

—Está bien —canturreé.

Continué hasta el patio y, apenas abrí la puerta, lo divisé. Estaba sentado en la rama más baja del roble. Todavía temía a las alturas. Apenas tuve tiempo de admirar su cabello negro y el hermoso perfil que me ofrecía. Se veía encantador mientras revisaba su móvil.

Me llevé las manos a los bolsillos y esperé. No pasó más de un segundo antes de que girara el rostro. Su agraciada sonrisa me recibió.

Todavía me aceleraba el corazón.

Caminé hacia él y entonces saltó de la rama. Abrió los brazos y fui a su encuentro para apretujarlo entre los míos.

—Te extrañé —manifestó.

No pude evitar la risita que escapó de mí.

—No nos vemos desde ayer —le recordé.

—No importa. Te extrañé.

Besé su cabeza. Sus cabellos me hicieron cosquillas en la nariz.

—Yo también —admití.

—¿Regaste a Null?

Me reí porque había bautizado así a nuestra planta.

—Sí, lo hice. No creo que se seque antes del próximo fin de semana.

—Ya perdimos una. No quiero perder otra.

Evité reírme por lo serio que sonaba al hablar del tema.

Se apartó y pude ver la manilla que llevaba en la muñeca. Era de su departamento.

Fisioterapeuta y quiropraxia.

Fue la decisión profesional que tomó.

Tenía la idea de trabajar con deportistas y niños lesionados. Al parecer, había descubierto qué quería hacer cuando vio a su hermano menor con el cabestrillo y sufriendo por el dolor. Sin duda fue una de las cosas positivas que nos quedaron de esa época. También su hermanito, quien adoraba a Trevor.

La relación con su padre había mejorado muchísimo porque el hombre lo quería de verdad. Tanto que lo ayudaba con cualquier cosa que necesitara en la universidad. Nos visitaba de vez en cuando y nos llevaba provisiones y dinero.



#588 en Novela romántica
#11 en Joven Adulto

En el texto hay: romance, drama, primer amor

Editado: 12.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.