La Culpa

LA CULPA

        

“Las abuelas decían que antes de irte a dormir debes limpiar la mesa y lavar los platos. Explicaban que no era bueno dejar restos de comida en el plato porque los "espíritus hambrientos o carniceros” venían para alimentarse de los restos durante la madrugada.

Mi abuela siempre lo creyó, porque lo había aprendido de su madre y esta de la suya. Según ella, no significa que los espíritus puedan comer la comida, pero muchos de ellos, al sentir hambre, creen que todavía pueden actuar como los vivos y se acercan a las migajas. Es por eso que escuchamos ruidos extraños en la cocina. 

La leyenda también asegura que no debemos dejar platos, cubiertos y vasos sucios en la mesa, porque esto puede ser una “invitación” para los espíritus carniceros.

El peligro real está cuando se dan cuenta de que no pueden alimentarse con comida y descubren que pueden alimentarse del alma de quien está más cerca...

¿Quién escucha que se mueven los trastes en la noche?”

Si, claro, como si esas cosas ocurrieran. Salgo de Facebook y me pongo a cargar el celular, antes de dormir tengo la maldita costumbre de leer todo lo que publican en las redes sociales y justo me encuentro con la misma historia que me contaba mi abuela cuando era pequeña, o eso creo.

Desde que vivo sola dejo los platos sucios sobre la mesada de la cocina y nunca escuché nada. Bueno, los he escuchado, pero cuando fui a ver de donde provenían armada con un zapato, el mugroso gato del vecino estaba allí. Al verme, se quedó mirándome tan fijamente que se me erizó la piel. Fue muy extraño, porque yo también lo quedé mirando por un rato hasta que él se fue. Al otro día coloqué tejidos en las ventanas, ahora ni siquiera entran los mosquitos. Siempre tuve la sensación de estar en un lugar muy desolado y extraño.

Pongo la alarma del despertador, mañana iré temprano al asilo a visitar a mi abuela, voy cada sábado desde que la internaron; se volvió una rutina desde… No lo recuerdo. Sin embargo, sé que cada vez que voy me cuenta aquellas historias, rememorando donde fue protagonista. Me encanta que haga eso, ya que yo no tengo ninguno, solo la tengo a ella. Pero últimamente tiene la mirada triste y perdida. Lo único que repite es el vago recuerdo que tiene sobre su hermana recién nacida; aquella que murió con tan solo dos meses de vida. Cada vez que lo menciona, lo detalla tan bien como si hubiera pasado ayer y no hace más de 75 años.

Suena la alarma interrumpiendo mi descanso, me levanto y me dirijo al baño. Luego de bañarme, vestirme y arreglarme, tomo el celular, las llaves del auto; aseguro las ventanas visualizando el vaho que hay en el ambiente y percibiendo los nubarrones que se asoman desde este. Saco de la heladera la torta que hoy le llevaré a mi abuela para desayunar y la guardo en una bolsa. Siempre desayunamos juntas. 

Al llegar al asilo, saludo a las enfermeras que me ignoran ya que están sumergidas en sus trabajos y me dirijo donde ella siempre me espera. Este lugar siempre me pareció solitario, las flores de diferentes colores inundan el césped y el edificio se asemeja a un mausoleo gigante. Escucho los murmullos y el llanto de algunos mientras me acerco y la veo sentada en una de las sillas en ese rincón del jardín de invierno junto al ventanal como cada sábado, alejada de los otros residentes que también están siendo visitados por sus familiares. Lleva puesto un vestido rosa pastel con un collar de perlas y unos pendientes que le hacen juego. Ella siempre fue una mujer hermosa y muy coqueta. Sobre la mesa, como siempre, está todo preparado para desayunar, pero lo que llama mi atención es una caja de metal ovalada, mediana, amarillenta, parecida a un costurero. Una flores descoloridas que se pierden por el óxido de la chapa la decoran. Nunca antes la había visto. 

— Abuela, ¿Cómo estás? — dejo la torta sobre la mesa y le doy un abrazo fuerte.

— Hola Cielo. Acá me ves, esperando tu llegada — responde — Hoy necesito contarte mi  secreto, no me juzgues hasta que no termine de narrarlo, por favor — Acaricia la lata mientras sus ojos se cristalizan. Una sombra apaga la luz mañanera que entraba por el ventanal y contemplo como el cielo se oscureció. Se aproxima una gran tormenta.

— Jamás te juzgaría, sin embargo, antes de que comiences, déjame servir el café con leche y cortar la torta que traje para acompañarlo — le digo tratando de obviar las lágrimas que quieren escapar de sus ojos. 

Sirvo el desayuno mientras le cuento lo que hice en la semana, cosas triviales. Observo que no prueba bocado y que sigue con la mano sobre la lata. Por el rabillo del ojo denoto a través del vidrio las primeras gotas que caen empapando las flores.

— Cielo — me interrumpe —, necesito contarte sino me ahogaré — Afirmo. Lo que quiere decirme me está poniendo nerviosa.

—¿Te acuerdas que te estuve contando sobre mi hermanita? — asiento — Bueno, esto es sobre ella... Te conté que murió cuando tenía apenas dos meses pero nunca te dije cómo…— observo como su mirada se pierde en sus recuerdos.

Se queda en silencio por un rato perdida en sus pensamientos. Prometí que no la iba a interrumpir, así que espero que ella continúe.

— Ese día, mamá estaba organizando unos papeles para ir al registro civil, todavía mis padres no la habían anotado. Yo estaba en el corral dándole de comer a las gallinas mientras veía como los pollitos seguían a su mamá y se escondían entre sus plumas buscando calor. Para ese entonces, tenía seis años y era tan inocente — se quita las primeras lágrimas con el dorso de la mano y continúa —. Terminé con mi tarea y entré a la casa, fui a lavarme las manos, pero antes pasé por la habitación de mis padres donde ella se encontraba dormida sobre la gran cama, parecía un ángel, tan pequeña y bonita. Me acerqué a darle un beso y percibí que estaba fría, así que la tapé con la mantilla rosada que mi abuela le había tejido, pero el calor no se hacía presente; por lo tanto, me subí sobre ella para abrigarla. No sé cuánto tiempo estuve, solo recuerdo que mi madre me gritó tan fuerte que dí un respingo donde estaba, aplastando más a mi hermana...— el ladrido incesante del perro lazarillo de uno de los residentes me sobresalta interrumpiendo el relato. 



#1342 en Terror
#1559 en Paranormal
#519 en Mística

En el texto hay: misterio, espectros, secretos

Editado: 28.10.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.