La dama del espejo roto

Capitulo 3

El silencio que siguió a aquellas palabras fue aterrador.
Evelyn permaneció inmóvil frente al retrato.
—¿Qué significa eso? —preguntó.
Adrián no respondió inmediatamente. Su mirada seguía fija en la grieta que atravesaba el rostro de Eleanor.
—Tenemos que salir de aquí.
—No.
Evelyn se volvió hacia él.
—Quiero saber quién era esa mujer.
Adrián suspiró.
—Eleanor Blackwood fue la última dueña de esta mansión antes de que mi familia comenzara a protegerla.
—¿Protegerla de qué?
—De ella.
Un nuevo trueno hizo vibrar los ventanales.
Adrián se acercó al retrato y retiró una pequeña placa metálica escondida detrás del marco. Presionó un mecanismo y una parte de la pared se abrió con un chasquido.
Evelyn lo miró sorprendida.
—¿Hay un pasadizo?
—Hay muchos secretos en esta casa.
Entraron.
El estrecho túnel estaba cubierto de polvo y telarañas. Las paredes estaban llenas de símbolos antiguos y, cada pocos metros, aparecía el mismo dibujo: un espejo roto rodeado de rosas.
Después de caminar unos minutos llegaron a una pequeña habitación circular.
En el centro había una mesa.
Sobre ella descansaba un viejo diario.
Evelyn reconoció inmediatamente la letra.
Era la misma de la nota que había encontrado abajo.
Abrió la primera página.
"Si estás leyendo esto, significa que el espejo te ha elegido."
Evelyn sintió que el corazón se le detenía.
Continuó leyendo.
"La mujer que ves en el cristal se llama Eleanor. Murió hace más de cien años, pero su alma nunca abandonó la mansión."
Evelyn levantó la mirada.
—¿Está muerta?
—Sí —respondió Adrián—. Pero eso no significa que esté inofensiva.
Ella volvió al diario.
"Eleanor hizo un pacto para conservar su juventud y su belleza. El precio fue terrible: cada cien años necesita un nuevo cuerpo."
Evelyn dejó caer lentamente el diario.
—¿Un cuerpo?
Adrián asintió.
—Y ahora te ha elegido a ti.
De repente, un golpe estremeció la habitación.
Luego otro.
¡PUM!
La puerta del pasadizo comenzó a abrirse.
Evelyn retrocedió.
—Adrián...
Él tomó su mano.
—No hagas ruido.
La puerta terminó de abrirse.
No había nadie.
Solo oscuridad.
Entonces escucharon una voz al otro lado.
La voz de Evelyn.
—Adrián... ayúdame.
Evelyn palideció.
—Yo estoy aquí.
Adrián apretó su mano.
—Lo sé.
La voz volvió a escucharse.
Esta vez, más cerca.
—Adrián...
Una silueta apareció lentamente en el pasadizo.
Era una mujer con un vestido blanco antiguo.
Su rostro era idéntico al de Evelyn.
Pero sus ojos eran completamente negros.
Eleanor sonrió.
—Te he estado esperando.
Y las velas de la habitación se apagaron una por una.




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