Las campanas continuaban sonando en algún lugar del bosque.
Una.
Dos.
Tres.
Cada campanada parecía hacer vibrar los cimientos de la mansión.
Evelyn sostuvo la llave de plata entre sus dedos.
—¿Quiénes son los tres? —preguntó.
Adrián permaneció en silencio.
Eleanor fue quien respondió.
—Tú, yo... y él.
Señaló a Adrián.
—Uno de nosotros tendrá que morir antes del amanecer.
Evelyn miró a ambos.
—¿Y quién decidió eso?
—La casa —respondió Eleanor.
—La casa no puede decidir quién vive.
Eleanor sonrió.
—Esta casa ha estado alimentándose de secretos durante más de un siglo. Sabe cosas que los vivos han olvidado.
Un ruido llegó desde el piso inferior.
CRAAAC.
Las paredes comenzaron a abrirse.
De las grietas brotaron pequeñas ramas de rosas negras.
Evelyn retrocedió.
—Tenemos que salir.
Adrián negó con la cabeza.
—No podemos.
—¿Por qué?
—La mansión no nos dejará escapar hasta que termine la elección.
Evelyn apretó la llave.
—Entonces encontraremos otra manera.
Corrió hacia las escaleras.
Adrián la siguió.
Pero cuando Evelyn llegó al vestíbulo, se detuvo.
El gran espejo estaba allí.
Ya no estaba cubierto.
Su superficie parecía un lago oscuro.
Y en su interior aparecían imágenes.
Primero vio a su madre.
Después se vio a sí misma de niña.
Finalmente apareció Adrián.
Pero había algo diferente.
En aquella memoria, Adrián sostenía un cuchillo.
Evelyn se acercó al espejo.
—Esto no puede ser...
La escena cambió.
Su madre estaba arrodillada frente al espejo.
—¡Por favor! ¡Déjala en paz!
Adrián estaba detrás de ella.
Eleanor apareció en el cristal.
—Entrégamela.
—Nunca.
Entonces Adrián levantó el cuchillo.
Evelyn se llevó una mano a la boca.
—Él la mató...
Adrián llegó detrás de ella.
—No.
—¡Te vi!
—Viste una parte de la verdad.
Evelyn se giró.
—¿Qué parte falta?
Adrián respiró profundamente.
—El cuchillo no estaba destinado a tu madre.
Se arremangó lentamente.
Una cicatriz atravesaba su pecho.
—Era para mí.
Evelyn quedó desconcertada.
—¿Qué?
—Tu madre me pidió que te sacara de la casa. Pero Eleanor nos encontró.
Adrián cerró los ojos.
—Para salvarte, tuve que hacer un pacto.
—¿Con Eleanor?
—Sí.
Eleanor apareció detrás de ellos.
—Y ahora ese pacto ha llegado a su fin.
El espejo comenzó a brillar.
La llave de plata se calentó en la mano de Evelyn.
Entonces una voz profunda resonó por toda la mansión:
—La elección comienza.
Las puertas se cerraron.
Eleanor levantó la mano.
Adrián cayó de rodillas.
Evelyn corrió hacia él.
—¡Adrián!
Una sombra negra comenzó a salir de su cuerpo.
Eleanor sonrió.
—Si quieres salvarlo...
Señaló el espejo.
—...tendrás que entrar.
Evelyn miró el cristal.
Dentro del espejo había un mundo idéntico a la mansión.
Pero completamente cubierto de sangre y rosas negras.
Eleanor extendió la mano.
—Ven, Evelyn.
—¿Y si entro?
—Descubrirás quién eres realmente.
Evelyn respiró profundamente.
Miró a Adrián.
Luego al espejo.
Y dio un paso hacia el cristal.
El espejo la recibió.
Y desapareció.