Evelyn no podía apartar la mirada de la figura que había aparecido detrás de Eleanor.
—Mamá...
Elena la observó con una mezcla de tristeza y orgullo.
—Hija, no tenemos mucho tiempo.
Eleanor retrocedió.
—Tú no deberías estar aquí.
—Tampoco tú —respondió Elena.
El espejo comenzó a temblar.
Las grietas se extendieron por toda la superficie como raíces negras.
Evelyn apretó la llave de plata.
—¿Cómo puedo destruirla?
Elena señaló el corazón del espejo.
—No tienes que destruir a Eleanor.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Entonces qué debo hacer?
—Liberarla.
Eleanor soltó una carcajada amarga.
—¡No la escuches! Si me libera, desapareceré.
—Ese es precisamente el objetivo —dijo Elena.
Evelyn miró a Eleanor.
Por primera vez, pudo ver miedo en sus ojos.
—¿Por qué hiciste todo esto?
Eleanor permaneció callada.
Finalmente respondió:
—Porque tenía miedo de morir.
Su voz ya no sonaba amenazante.
Sonaba cansada.
—Cuando era joven, perdí a la persona que amaba. Después descubrí que podía conservar mi vida si entregaba otra. Al principio pensé que sería solo una vez...
Miró sus manos.
—Pero cada vez necesitaba otra vida.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Cuántas personas?
Eleanor no contestó.
El silencio fue suficiente.
Evelyn levantó la llave.
—Esto termina esta noche.
Eleanor negó con la cabeza.
—Si rompes el pacto, tú morirás conmigo.
—Entonces moriré sabiendo que fui libre.
Elena sonrió.
—Esa es mi hija.
De pronto, una fuerza invisible lanzó a Evelyn contra la pared.
La llave cayó al suelo.
Eleanor corrió hacia ella.
—¡No!
Adrián apareció atravesando el espejo.
—¡Evelyn!
Se lanzó sobre la llave y la recogió.
Eleanor lo atacó.
Una sombra oscura envolvió a Adrián y lo levantó del suelo.
—Tú hiciste tu elección hace diecisiete años —susurró Eleanor—. Ahora pagarás por ella.
Evelyn se levantó.
—¡Suéltalo!
Eleanor se volvió.
—Dame la llave.
—No.
Evelyn levantó la llave.
La pequeña pieza de plata comenzó a brillar intensamente.
Entonces recordó las palabras de su madre.
"No tienes que destruirla. Tienes que liberarla."
Evelyn comprendió.
No debía atacar a Eleanor.
Debía romper el pacto.
Corrió hacia el espejo y clavó la llave en una pequeña cerradura que apareció entre las grietas.
CLIC.
Todo quedó en silencio.
Eleanor gritó.
Una luz blanca llenó la habitación.
El espejo comenzó a romperse.
Uno.
Dos.
Tres fragmentos cayeron al suelo.
Eleanor comenzó a desvanecerse.
Pero antes de desaparecer, miró a Evelyn.
—No sabes lo que acabas de liberar.
El espejo explotó.
Evelyn cayó al suelo.
Cuando abrió los ojos, estaba de nuevo en la mansión.
Adrián estaba a su lado.
—¿Terminó? —preguntó ella.
Él miró los fragmentos del espejo.
—No.
Evelyn se incorporó.
—¿Por qué?
Adrián señaló el suelo.
Entre los pedazos de cristal había uno que permanecía intacto.
Y dentro de él no estaba Eleanor.
Era otra mujer.
Una mujer que Evelyn jamás había visto.
La desconocida abrió lentamente los ojos.
Y sonrió.
—Gracias por liberarme.