—Hija...
La voz volvió a escucharse desde las escaleras.
Evelyn dejó de respirar por un instante.
—Papá...
Adrián se acercó a ella.
—No vayas.
—Es mi padre.
—No —dijo Adrián con firmeza—. Lo que está ahí no es tu padre.
Una sombra apareció lentamente en lo alto de las escaleras.
Primero fueron los zapatos.
Después el pantalón oscuro.
Finalmente, el rostro.
Evelyn sintió que las lágrimas llenaban sus ojos.
Era él.
Su padre.
El mismo rostro que recordaba de su infancia.
—Evelyn —dijo él—. Ven conmigo.
Ella dio un paso.
Adrián la sujetó del brazo.
—¡No!
Evelyn se soltó.
—¡Suéltame!
—Tu padre murió hace diez años.
La figura sonrió.
—Y tú sabes que los muertos también pueden regresar.
Evelyn se quedó paralizada.
Isolde comenzó a reír desde el fragmento de espejo.
—Qué familia tan encantadora.
—Cállate —ordenó Adrián.
La figura descendió lentamente las escaleras.
—Hija, necesito hablar contigo.
—¿Eres realmente mi padre?
El hombre se detuvo.
—Por supuesto.
—Entonces dime algo que solo él pudiera saber.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Evelyn recordó una pequeña escena de su infancia.
—¿Cuál era el nombre de mi primer libro?
El hombre permaneció en silencio.
Evelyn sintió un escalofrío.
Su padre siempre recordaba aquel libro.
Era su regalo favorito.
—Tú no eres él.
La figura comenzó a deformarse.
Su piel se volvió gris y sus ojos se oscurecieron.
—Muy bien —susurró—. Has aprendido.
La criatura saltó desde las escaleras.
Adrián empujó a Evelyn hacia un lado.
La sombra chocó contra el suelo y lanzó un grito que hizo vibrar los ventanales.
Isolde comenzó a brillar dentro del cristal.
—¡Evelyn! —gritó—. ¡Usa la llave!
Evelyn sacó la llave de plata.
Pero esta vez no brilló.
—¡No funciona!
—Porque todavía no sabes qué debe abrir.
Evelyn miró a Isolde.
—¿Qué significa eso?
La criatura volvió a levantarse.
Adrián se colocó frente a Evelyn.
—¡Corre!
—No pienso dejarte.
—Evelyn...
—Ya perdí a mi madre. No voy a perderte a ti.
Adrián la miró sorprendido.
Durante un instante, ninguno dijo nada.
Entonces la llave comenzó a calentarse.
Una puerta apareció en la pared.
No tenía picaporte.
Solo una cerradura.
Evelyn comprendió.
Corrió hacia ella y colocó la llave.
Clic.
La puerta se abrió.
Del otro lado había una habitación completamente blanca.
En el centro había una cama.
Y sobre ella...
una mujer dormida.
Evelyn se quedó sin palabras.
La mujer tenía su mismo rostro.
Adrián palideció.
—No puede ser...
Evelyn se acercó lentamente.
La mujer abrió los ojos.
Y susurró:
—Llegaste demasiado tarde.
Evelyn retrocedió.
—¿Quién eres?
La mujer sonrió.
—Soy la verdadera Evelyn Blackwood.