La dama del espejo roto

Capitulo 18

Evelyn no podía apartar la mirada del último fragmento de espejo.
"Una hermana ha escapado. La otra todavía me pertenece."
—¿Qué significa eso? —preguntó.
Adrián se acercó y observó las palabras.
—Significa que esto todavía no ha terminado.
Evelyn apretó la rosa blanca entre sus dedos.
—Mi hermana está viva.
—Probablemente.
—Entonces tenemos que encontrarla.
Un ruido llegó desde el piso superior.
Toc... toc... toc...
Evelyn levantó la cabeza.
—¿Otra vez?
Adrián asintió.
—Es el reloj.
—Pero dijiste que solo teníamos hasta el amanecer.
—Exactamente.
Comenzaron a subir las escaleras.
La mansión estaba cambiando.
Los cuadros habían desaparecido y las paredes estaban cubiertas de enredaderas negras. El aire se había vuelto helado.
Al llegar al tercer piso, Evelyn encontró una puerta entreabierta.
Sobre ella había una inscripción:
"Aquí comenzó todo."
Entró.
La habitación estaba llena de cajas antiguas.
En el centro había una cuna.
Evelyn se acercó lentamente.
Dentro encontró un pequeño medallón.
Lo abrió.
Había una fotografía de dos bebés.
Una llevaba una pequeña cinta blanca.
La otra, una cinta negra.
En la parte posterior estaba escrito:
Evelyn y Elena.
Evelyn dejó escapar un suspiro.
—Su nombre era Elena...
Adrián se quedó mirando la fotografía.
—¿Tu hermana?
Evelyn asintió.
—Mi madre la llamó como ella misma.
De repente, una voz surgió detrás de ellos.
—Porque esperaba que algún día regresara.
Evelyn se giró.
Su madre estaba allí.
Pero esta vez no era un recuerdo.
Era un espíritu.
—Mamá...
Elena se acercó.
—Tu hermana no escapó de la mansión.
—Entonces, ¿dónde está?
Elena miró el espejo roto.
—Dentro de ti.
Evelyn palideció.
—¿Qué?
—Cuando ella intentó recuperar tu vida, no tomó tu cuerpo.
Elena señaló el pecho de Evelyn.
—Tomó una parte de tu alma.
Evelyn sintió un dolor repentino en el pecho.
Cayó de rodillas.
Una voz femenina comenzó a susurrar dentro de su cabeza.
—Evelyn...
Era su hermana.
—No me dejes sola otra vez.
Evelyn cerró los ojos.
—No lo haré.
Adrián se arrodilló junto a ella.
—¿Qué escuchas?
Evelyn abrió los ojos.
—Está dentro de mí.
Elena negó lentamente.
—No por mucho tiempo.
—¿Cómo la saco?
Su madre miró hacia la ventana.
El cielo comenzaba a aclararse.
—Cuando salga el sol, la maldición cambiará de dueño.
Evelyn sintió miedo.
—¿De quién será?
Elena la miró con tristeza.
—De aquel que rompió el espejo.
Evelyn comprendió.
Miró sus manos.
—Yo lo rompí.
Adrián la tomó del brazo.
—Tenemos que irnos.
Pero Elena negó con la cabeza.
—Ya es demasiado tarde.
El primer rayo de sol entró por la ventana.
El último fragmento del espejo comenzó a brillar.
Y dentro del cristal apareció el rostro de Elena, la hermana de Evelyn.
Sonreía.
—Ahora sí, hermanita. Es nuestro turno.




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