La dama del espejo roto

Capitulo 21

Cientos de manos surgieron del espejo.
Evelyn retrocedió, pero Elena permaneció inmóvil.
—No tengas miedo —susurró su hermana.
—¿Cómo puedes decir eso?
—Porque ya sé cómo termina.
Las manos comenzaron a arrastrarse por las paredes. Algunas pertenecían a hombres, otras a mujeres e incluso a niños. Todas intentaban alcanzar a las dos hermanas.
Isolde avanzó lentamente.
—Durante doscientos años esperé este momento.
Evelyn levantó la llave de plata.
—No voy a entregarte mi alma.
Isolde sonrió.
—No necesito que me la entregues.
Extendió la mano.
La llave salió disparada de los dedos de Evelyn.
—¡No!
Elena corrió detrás de ella, pero una sombra la sujetó por la cintura.
—¡Evelyn!
Evelyn tomó la mano de su hermana.
—¡No te sueltes!
Las sombras comenzaron a separarlas.
—¡Corre! —gritó Elena.
—¡No voy a abandonarte otra vez!
Evelyn tiró de ella con todas sus fuerzas.
Entonces escuchó un ruido.
CRACK.
El espejo original acababa de agrietarse.
Isolde se volvió hacia él.
—¿Quién lo hizo?
Evelyn miró detrás de ella.
Entre las sombras había una figura.
Adrián.
Había atravesado el espejo.
—Te dije que no vinieras —susurró Evelyn.
Adrián sonrió.
—Y yo te dije que no podía prometerlo.
Isolde levantó una mano.
Las sombras se lanzaron contra él.
Adrián sacó la medalla de plata que había utilizado para detener a Eleanor.
Una luz blanca explotó en el salón.
Las sombras retrocedieron.
—¡Ahora! —gritó Adrián.
Evelyn comprendió.
Corrió hacia el espejo original junto a Elena.
—¿Qué hacemos? —preguntó su hermana.
Evelyn miró la llave de plata.
—No tenemos que destruirlo.
—¿Entonces?
—Tenemos que devolver lo que robó.
Las dos colocaron las manos sobre el cristal.
Las almas atrapadas comenzaron a aparecer.
Una por una.
Evelyn sintió que sus recuerdos eran arrancados de su cuerpo.
Su primer día de escuela.
La voz de su madre.
El abrazo de su padre.
La primera vez que conoció a Adrián.
—¡No puedo más! —gritó.
Elena la sostuvo.
—¡Resiste!
Isolde gritó furiosa.
—¡No pueden quitarme lo que es mío!
—Nunca fue tuyo —respondió Evelyn.
El espejo comenzó a romperse.
Una grieta atravesó el rostro de Isolde.
—¡No!
La primera alma salió del cristal.
Después otra.
Y otra.
Hasta que cientos de luces comenzaron a elevarse hacia el techo.
Isolde lanzó un último grito.
El espejo explotó.
Todo quedó en silencio.
Evelyn cayó al suelo.
Elena se desplomó junto a ella.
Adrián corrió hacia ambas.
—¿Están bien?
Evelyn abrió los ojos.
—Creo que sí.
Miró a su hermana.
Elena también estaba consciente.
Por primera vez, las dos sonrieron.
Pero entonces Evelyn escuchó algo.
Un latido.
Tum...
Otro.
Tum...
Provenía del suelo.
Adrián miró hacia los restos del espejo.
Entre los fragmentos había un pequeño corazón de cristal.
Y dentro de él...
una sombra seguía moviéndose.
Isolde no había desaparecido.
Solo había encontrado un nuevo hogar.




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