La dama del espejo roto

Capitulo 22

El silencio que siguió a la destrucción del espejo fue peor que cualquier grito.
Evelyn permaneció inmóvil entre los fragmentos de cristal.
A su alrededor, cientos de sombras se desvanecían lentamente, elevándose hacia el techo como humo. Algunas susurraban nombres. Otras lloraban. Algunas simplemente desaparecían, como si después de tantos años hubieran olvidado cómo se sentía estar libres.
—¿Adrián?
No hubo respuesta.
Evelyn giró desesperadamente.
—¡Adrián!
Entonces lo vio.
Estaba arrodillado entre los restos del espejo, con una mano apoyada en el suelo. Respiraba con dificultad, pero estaba vivo.
Evelyn corrió hacia él.
—Pensé que te había perdido.
Adrián levantó la mirada y sonrió débilmente.
—Todavía no te librarás de mí.
Ella se arrodilló frente a él y lo abrazó con fuerza.
Por primera vez en mucho tiempo, Evelyn sintió que podía respirar.
Pero entonces escucharon un sonido.
Crack.
Ambos se separaron.
Entre los pedazos del espejo había algo que no estaba allí antes.
El pequeño corazón de cristal.
Seguía latiendo.
Una luz negra recorría sus venas transparentes.
Evelyn se quedó pálida.
—No...
Su hermana apareció detrás de ella.
—¿Qué es eso?
El corazón volvió a latir.
Tum.
Las paredes de la mansión temblaron.
Tum.
Las ventanas se cerraron de golpe.
Tum.
Todas las velas se apagaron.
Y una voz infantil resonó por el salón.
—Mamá...
Evelyn sintió que la sangre se le helaba.
—¿Escuchaste eso?
Adrián asintió.
La voz volvió a escucharse.
—Mamá... ¿por qué me dejaste?
Su hermana retrocedió.
—Esa voz...
Evelyn la miró.
—¿La conoces?
La joven negó con la cabeza, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—No sé quién es.
El corazón de cristal comenzó a elevarse.
Flotó sobre los fragmentos del espejo y proyectó una imagen en el aire.
Una mujer joven.
Cabello oscuro.
Vestido blanco.
Y en sus brazos sostenía a una niña.
Evelyn se acercó lentamente.
Reconoció a la mujer.
—Isolde...
Pero la niña...
La niña levantó la cabeza.
Tenía los mismos ojos que Evelyn.
—No puede ser —susurró Adrián.
La imagen cambió.
Isolde estaba frente al primer espejo, muchos años atrás. Lloraba mientras sostenía a la pequeña.
—Solo quería salvarte —decía—. Solo quería que vivieras.
La niña comenzó a desaparecer de sus brazos.
Isolde gritó.
Entonces apareció el espejo.
Y detrás de él, una figura oscura.
La voz de la criatura dijo:
—Dame una vida y te devolveré la suya.
Evelyn sintió un escalofrío.
—Ese fue el comienzo...
Adrián observó el corazón.
—No. Ese fue el comienzo de algo peor.
El cristal se iluminó.
La imagen de la niña desapareció.
Y una nueva frase apareció sobre el suelo, escrita con una sustancia negra:
EL CORAZÓN NO ERA DE ISOLDE.
Evelyn dejó de respirar.
—Entonces... ¿de quién era?
El corazón volvió a latir.
Tum.
Su hermana comenzó a llevarse una mano al pecho.
—Evelyn...
—¿Qué pasa?
—Me duele.
Ella se acercó rápidamente.
Su hermana cayó de rodillas.
Y en su pecho apareció una tenue luz blanca.
Exactamente igual a la del corazón de cristal.
Evelyn abrió los ojos.
—No...
Adrián entendió antes que ella.
—El corazón no estaba dentro del espejo.
Evelyn lo miró.
—¿Dónde estaba?
Adrián señaló a la joven.
—Siempre estuvo dentro de una de ustedes.
El corazón de cristal se partió en dos.
Una mitad brilló con luz blanca.
La otra se volvió completamente negra.
La mitad blanca voló hacia la hermana de Evelyn.
La negra se dirigió hacia Evelyn.
Ambas gritaron.
El suelo se abrió bajo sus pies.
Y desde las profundidades de la mansión surgió una voz mucho más antigua que la de Isolde:
—Por fin... mis dos hijas han regresado.
Evelyn miró a su hermana aterrorizada.
—¿Hijas?
Adrián levantó lentamente la cabeza.
Su rostro había perdido todo el color.
—Evelyn...
—¿Qué?
—Creo que acabamos de descubrir quién creó realmente el primer espejo.
Las paredes comenzaron a llenarse de grietas.
Y detrás de ellas apareció algo que llevaba más de doscientos años esperando.
Una enorme puerta de piedra.
Con dos nombres grabados en ella.
EVELYN BLACKWOOD
ELENA BLACKWOOD
La puerta comenzó a abrirse.
Y desde el otro lado...
alguien estaba respirando.




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