La dama del espejo roto

Capitulo 28

La mano emergió un poco más de la grieta.
Después apareció un brazo.
Y luego una figura completa.
Evelyn retrocedió hasta chocar contra Adrián.
Aquello no era humano.
Era alto, demasiado delgado, con la piel pálida y agrietada. Su cabello negro caía sobre un rostro envejecido, pero sus ojos...
Sus ojos eran los mismos que Evelyn había visto dentro del primer espejo.
—¿Quién eres? —preguntó ella.
La criatura sonrió.
—El nombre que me dieron fue Azael.
Adrián apretó el medallón roto.
—Ese nombre también aparece en los registros de mi familia.
Azael lo miró.
—Tu familia me llamó de muchas formas. Demonio. Guardián. Dios.
—¿Cuál eres realmente? —preguntó Evelyn.
La criatura inclinó la cabeza.
—Ninguna.
Se acercó un paso.
—Soy aquello que queda cuando una persona tiene demasiado miedo de morir.
Evelyn sintió un escalofrío.
—Entonces tú creaste el espejo.
—No.
Azael sonrió.
—El espejo me creó a mí.
Silencio.
—Hace más de doscientos años —continuó—, una mujer encontró un fragmento de cristal en este bosque. Ese cristal podía guardar recuerdos. Almas. Deseos.
Evelyn miró los restos del corazón.
—¿Mara?
—No. La primera fue una mujer llamada Seraphine Blackwood.
Evelyn se quedó inmóvil.
—¿Blackwood?
Azael asintió.
—La primera de tu sangre.
Adrián frunció el ceño.
—Entonces todos estos años...
—Todos fueron intentos de regresar a Seraphine.
Evelyn sintió que todo encajaba.
Isolde.
Eleanor.
Mara.
Todas habían buscado algo dentro del espejo.
Pero todas habían estado siguiendo el mismo camino.
—¿Qué quería Seraphine? —preguntó Evelyn.
Azael respondió:
—No quería vivir eternamente.
La criatura miró hacia los restos del espejo.
—Quería recuperar a su hija.
Evelyn cerró los ojos.
Otra madre.
Otra hija.
Otra pérdida.
La misma historia repetida una y otra vez.
—¿Y qué pasó con su hija?
Azael sonrió.
—Murió.
—¿Y Seraphine?
—Se negó a aceptarlo.
Evelyn comprendió.
—Entonces creó el primer pacto.
—Sí.
—¿Y tú?
Azael señaló su propio pecho.
—Yo fui el precio.
Adrián dio un paso adelante.
—¿Qué significa eso?
—Seraphine necesitaba una conciencia que habitara el espejo. Alguien que conservara las almas mientras ella buscaba una forma de devolver a su hija.
Azael miró a Evelyn.
—Y yo fui elegido.
Evelyn sintió un vacío en el estómago.
—¿Eras humano?
La criatura bajó la mirada.
—Hace mucho tiempo.
Entonces una voz llegó desde las sombras.
—¡Evelyn!
Era su hermana.
Ella corrió hacia ellos.
—¡Tenemos que salir!
—¿Qué pasó? —preguntó Evelyn.
Elena señaló hacia el pasillo.
—La casa está cambiando otra vez.
Las paredes comenzaron a moverse.
Las puertas desaparecieron.
Los corredores se alargaron.
Y en cada pared apareció el mismo símbolo:
un corazón atravesado por una llave.
Azael sonrió.
—El pacto está despertando.
Evelyn levantó la llave de plata.
—No.
La apretó con fuerza.
—El pacto está muriendo.
Azael soltó una carcajada.
—¿Crees que romper un espejo puede destruir dos siglos de muerte?
Evelyn lo miró fijamente.
—No.
Levantó la llave.
—Pero quizá pueda destruirte a ti.
La sonrisa de Azael desapareció.
Adrián entendió inmediatamente.
—La llave...
—Es la llave del primer pacto —dijo Evelyn.
Azael retrocedió.
—No sabes usarla.
—Entonces enséñame.
Elena se colocó junto a su hermana.
—No estás sola.
Azael abrió los brazos.
Las sombras inundaron la habitación.
Adrián tomó la mano de Evelyn.
—Pase lo que pase, no la sueltes.
Evelyn asintió.
Introdujo la llave en la cerradura que había aparecido en el pecho de Azael.
Clic.
Todo quedó inmóvil.
Azael abrió los ojos.
—No...
Evelyn giró la llave.
Un grito desgarrador atravesó la mansión.
Y de repente, cientos de voces comenzaron a hablar desde las paredes.
Almas.
Todas las almas atrapadas durante generaciones.
Pero entre ellas había una voz que Evelyn reconoció perfectamente.
La voz de su madre.
—Evelyn, no gires la llave completamente.
Evelyn se quedó helada.
—¿Mamá?
La voz volvió a escucharse.
—Si la giras, Azael morirá... pero alguien tendrá que ocupar su lugar.
Evelyn miró a su hermana.
Luego a Adrián.
Y finalmente a la criatura frente a ella.
Azael sonrió débilmente.
Porque acababa de comprender algo que Evelyn todavía no:
la llave no destruía al guardián.
Elegía al siguiente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.