La dama del espejo roto

Capitulo 30

Evelyn no podía respirar.
La mujer seguía parada en las escaleras.
Tenía su rostro.
Sus ojos.
Su misma sonrisa.
Pero había algo profundamente equivocado en ella.
—¿Quién eres? —preguntó Evelyn.
La mujer descendió otro escalón.
—Sabes quién soy.
Evelyn negó con la cabeza.
—No.
La mujer levantó el corazón de cristal.
—Soy lo que quedó de ti cuando el espejo te tomó por primera vez.
Elena palideció.
—Eso no puede ser.
La mujer sonrió.
—Pregúntale a tu hermana.
Evelyn miró a Elena.
Su hermana estaba llorando.
—Yo la recuerdo...
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Qué recuerdas?
Elena se llevó una mano a la cabeza.
—Cuando éramos niñas... antes de que nos separaran... había una tercera niña.
Adrián frunció el ceño.
—¿Una tercera?
—Sí.
Elena cerró los ojos.
—Jugábamos juntas frente al espejo.
Evelyn sintió que una imagen aparecía en su mente.
Tres niñas.
Tres pares de ojos.
Tres manos unidas.
Pero solo dos habían salido de la mansión.
—¿Dónde está la tercera? —preguntó Adrián.
La mujer respondió:
—Aquí.
Se señaló el pecho.
—Siempre estuvo aquí.
Evelyn dio un paso atrás.
—No.
—Cuando tu madre intentó destruir el pacto, no pudo salvar a las tres.
La mujer levantó el corazón.
—Así que me dejó dentro.
Evelyn comenzó a recordar.
Una habitación.
Su madre llorando.
Tres bebés.
Un espejo.
Y una voz diciendo:
“Una debe quedarse.”
—Tú eres la hermana que quedó atrapada —susurró Evelyn.
La mujer sonrió.
—Por fin.
Elena se acercó.
—¿Cuál es tu nombre?
La mujer bajó la mirada.
—Mi madre me llamó Lydia.
Evelyn sintió que algo se rompía dentro de ella.
—¿Por qué nunca nos dijeron que existías?
Lydia respondió:
—Porque después de que me encerraron, borraron todos los recuerdos de mí.
—¿Y el corazón?
—Es lo único que quedó de mi alma.
Lydia bajó las escaleras.
Adrián se colocó frente a Evelyn.
—No te acerques.
Lydia lo miró.
—Tú también formas parte de esto, Ashcroft.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Lydia levantó el corazón.
Dentro apareció una imagen.
Un niño.
Era Adrián.
Estaba frente a la mansión.
Y junto a él...
estaba su padre.
—Tu familia hizo un último pacto —dijo Lydia.
Adrián palideció.
—Mi padre murió cuando yo era niño.
—Pero antes de morir, entregó algo.
El corazón mostró otra imagen.
El padre de Adrián colocando una pequeña caja frente al espejo.
Dentro había una fotografía.
La fotografía de Evelyn.
Adrián quedó inmóvil.
—No...
Evelyn lo miró.
—¿Qué es eso?
—No lo sabía.
Lydia sonrió.
—Tu padre sabía que Evelyn regresaría algún día.
Evelyn sintió una punzada de traición.
—¿Y tú lo sabías?
Adrián la miró desesperadamente.
—No. Te lo juro.
Lydia levantó el corazón.
—Él no te está mintiendo.
Evelyn respiró aliviada.
Pero Lydia continuó:
—Porque ni siquiera él conoce toda la verdad.
El corazón comenzó a latir.
Tum.
Las luces de la mansión se apagaron.
Tum.
Las paredes volvieron a llenarse de grietas.
Tum.
Una puerta apareció detrás de Lydia.
Sobre ella había una inscripción:
“TRES NACIERON. DOS FUERON LIBERADAS. UNA DEBE REGRESAR.”
Evelyn miró a Lydia.
—¿Qué quieres de mí?
Lydia extendió la mano.
—No quiero tu vida.
—Entonces, ¿qué?
—Quiero lo que me pertenece.
Evelyn miró el corazón.
—¿Mi alma?
Lydia negó lentamente.
—Tu recuerdo.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Qué?
—Devuélveme todos los recuerdos que te quitaron de mí.
Elena se acercó.
—¿Y después?
Lydia sonrió.
—Después, por fin podré recordar quién era.
El corazón se abrió.
Una luz salió disparada hacia Evelyn.
Y en un instante...
recordó algo que jamás había sabido.
Una noche.
Tres niñas.
Su madre.
Un espejo.
Y una promesa.
Evelyn escuchó su propia voz infantil:
—Lydia, algún día volveremos por ti.
La imagen terminó.
Evelyn abrió los ojos.
Lydia estaba llorando.
—Lo prometiste —susurró.
Evelyn miró a su hermana.
Después a Adrián.
Y finalmente a Lydia.
—Sí.
Tomó su mano.
—Y esta vez voy a cumplir mi promesa.
Pero en el instante en que sus manos se tocaron...
el corazón de cristal se hizo completamente negro.
Lydia gritó.
Y desde el interior de la mansión surgió una voz desconocida:
—Gracias por reunirlas.
Evelyn se quedó paralizada.
—¿Quién eres?
La voz respondió:
—La cuarta.
Y todas las puertas de la mansión se cerraron al mismo tiempo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.