Evelyn se quedó inmóvil.
La voz que había salido de la oscuridad era idéntica a la de Elena.
Pero Elena estaba a su lado.
Su mano seguía entrelazada con la de Evelyn.
—No escuches a Elena...
La voz volvió a repetirse desde el interior de la puerta.
Evelyn miró a su hermana.
—¿Fuiste tú?
Elena negó rápidamente.
—No.
Lydia observó la puerta.
—No es ella.
—¿Cómo lo sabes?
Lydia señaló el corazón de cristal.
—Porque está utilizando su voz.
Seraphine sonrió.
—Muy bien, pequeña.
Evelyn sintió que el corazón comenzaba a latir.
Tum.
Tum.
La puerta negra se abrió un poco más.
Al otro lado había una oscuridad infinita.
Y entonces aparecieron tres figuras.
Una mujer.
Un hombre.
Y una niña.
Evelyn dejó escapar un sollozo.
—Mamá...
Su madre estaba allí.
Su padre también.
Y junto a ellos...
una pequeña niña de cabello oscuro.
Lydia cayó de rodillas.
—Ella...
Evelyn la miró.
—¿La conoces?
Lydia comenzó a llorar.
—Es mi madre.
Seraphine cerró los ojos.
—Por fin.
La niña levantó la cabeza.
Pero no miró a Lydia.
Miró directamente a Evelyn.
—Tú eres la que debe quedarse.
Evelyn retrocedió.
—¿Qué?
Su padre gritó desde la oscuridad:
—¡No le creas!
La voz de su madre se mezcló con la de él.
—¡Evelyn, corre!
La puerta comenzó a sacudirse.
Seraphine perdió la sonrisa.
—No pueden escucharlos.
—¿Por qué? —preguntó Adrián.
—Porque ellos ya no son completamente ellos mismos.
Evelyn miró a sus padres.
—¿Qué les hiciste?
Seraphine respondió:
—Nada.
Su mirada se dirigió hacia la niña.
—Ella lo hizo.
La pequeña levantó lentamente una mano.
Las sombras comenzaron a salir de la puerta.
Evelyn sintió que algo la agarraba del tobillo.
—¡Evelyn! —gritó Adrián.
Él la tomó de la cintura y tiró de ella.
Elena y Lydia también comenzaron a luchar contra las sombras.
—¡Tenemos que cerrar la puerta! —gritó Elena.
—¡No podemos! —respondió Evelyn—. ¡Mamá y papá están ahí!
Su padre la miró.
—Hija...
Evelyn corrió hacia él.
Pero cuando estuvo a punto de alcanzarlo, su rostro cambió.
Sus ojos se volvieron completamente negros.
Evelyn se detuvo.
—Papá...
La criatura sonrió con su rostro.
—Te encontré.
Evelyn retrocedió horrorizada.
Adrián la tomó de la mano.
—No es él.
La figura comenzó a transformarse.
Primero perdió el rostro.
Después el cuerpo.
Finalmente se convirtió en una sombra gigantesca.
Evelyn comprendió.
—Está usando sus recuerdos.
Lydia asintió.
—Eso es lo que hace.
—¿Quién?
Lydia miró a la niña.
—La cuarta.
La pequeña sonrió.
—Me llaman Nerissa.
Seraphine retrocedió.
—Nerissa...
La niña la miró.
—Tú también me temes.
Por primera vez, Seraphine parecía asustada.
—Tú debías estar muerta.
Nerissa sonrió.
—Las cosas muertas no desaparecen aquí.
Evelyn miró a sus hermanas.
—Entonces ella es la verdadera dueña de la puerta.
Nerissa asintió.
—Y ustedes son mis llaves.
El corazón de cristal salió flotando de las manos de Lydia.
Después se dividió en tres partes.
Una voló hacia Evelyn.
Otra hacia Elena.
La última hacia Lydia.
Las tres sintieron un dolor intenso.
—¡Ah! —gritaron al mismo tiempo.
Nerissa abrió los brazos.
—Cuando las tres almas se unan...
Las sombras comenzaron a rodearlas.
—...la puerta se abrirá completamente.
Evelyn apretó los dientes.
—¿Y qué hay detrás?
Nerissa sonrió.
—Todo lo que alguna vez perdieron.
La voz de su madre volvió a escucharse.
—Evelyn...
Esta vez sonaba diferente.
Débil.
Real.
—No la dejes entrar.
Evelyn miró hacia la oscuridad.
—Mamá...
Su madre apareció por un instante.
Y antes de desaparecer, dijo:
—Tu padre no murió aquella noche.
Evelyn sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué?
La puerta comenzó a cerrarse.
—¡Mamá!
Pero ya era demasiado tarde.
La oscuridad se tragó su figura.
Evelyn miró a Adrián, completamente pálida.
—Mi padre...
Adrián apretó su mano.
—¿Qué quiso decir?
Evelyn miró la puerta.
Y entonces escuchó la última frase de su madre:
—Él está vivo.
La puerta se cerró.
Y detrás de ellos...
Seraphine comenzó a reír.
—Ahora sí, Evelyn.
Evelyn se giró.
—¿Qué?
Seraphine señaló el piso.
Allí había aparecido una nueva inscripción:
“EL PADRE REGRESARÁ POR SU HIJA.”
Y, desde algún lugar de la mansión...
se escucharon tres golpes.
Toc.
Toc.
Toc.