Los tres golpes volvieron a escucharse.
Toc.
Toc.
Toc.
Evelyn permaneció inmóvil.
—Vienen del piso de arriba —susurró Adrián.
Elena tomó su mano.
—No vayas.
Pero Evelyn ya estaba mirando las escaleras.
—Mamá dijo que mi padre está vivo.
Lydia negó lentamente.
—Entonces no es una buena noticia.
Evelyn se giró hacia ella.
—¿Por qué?
—Porque si él sobrevivió aquella noche... alguien tuvo que mantenerlo con vida.
Un silencio pesado cayó sobre la mansión.
Adrián comprendió.
—El espejo.
Lydia asintió.
—Exactamente.
Subieron las escaleras.
Cada peldaño crujía bajo sus pies.
Las paredes estaban cubiertas de fotografías antiguas.
Evelyn se detuvo frente a una.
Era su familia.
Su madre.
Su padre.
Y tres niñas.
Evelyn se acercó.
—Esta fotografía no existía.
Elena observó la imagen.
—Yo tampoco la recuerdo.
Lydia tocó el cristal del marco.
—Porque alguien intentó borrarla.
En la fotografía, las tres niñas estaban frente a la mansión.
Pero había algo extraño.
La pequeña Lydia tenía una llave de plata en la mano.
Evelyn sintió un escalofrío.
—Mamá sabía que ella era la llave.
—Sí —respondió Lydia.
—Entonces ¿por qué la dejó aquí?
Lydia bajó la mirada.
—Porque no pudo salvarnos a todas.
Antes de que Evelyn pudiera responder...
Toc.
El sonido llegó desde una habitación al final del pasillo.
La puerta estaba entreabierta.
Adrián levantó el medallón roto.
—Quédate detrás de mí.
Entraron.
La habitación estaba completamente vacía.
Excepto por un espejo.
Uno pequeño.
Antiguo.
Y frente a él había una silla.
Sobre la silla estaba sentado un hombre.
Evelyn dejó escapar un grito.
—¡Papá!
El hombre levantó lentamente la cabeza.
Su rostro era exactamente como lo recordaba.
Los mismos ojos.
La misma cicatriz sobre la ceja.
La misma expresión cansada.
—Evelyn...
Ella corrió hacia él.
Adrián intentó detenerla.
—¡Espera!
Pero Evelyn ya estaba frente a su padre.
Lo abrazó.
Esta vez pudo sentirlo.
Era real.
Estaba caliente.
Respiraba.
—Papá...
Él la abrazó con fuerza.
—Perdóname.
Evelyn comenzó a llorar.
—Creí que habías muerto.
—Yo también.
Ella se separó.
—¿Qué significa eso?
Su padre miró hacia el espejo.
—Me mantuvieron aquí durante todos estos años.
Elena se acercó.
—¿Quién?
Su padre no respondió.
Lydia dio un paso adelante.
—Nerissa.
El rostro del hombre cambió.
—¿Cómo sabes ese nombre?
—Porque ella también me atrapó.
Su padre se levantó.
—Entonces debemos irnos.
Evelyn frunció el ceño.
—¿A dónde?
—Lejos de esta casa.
—No.
Su padre la miró.
—Evelyn...
—No pienso huir otra vez.
El hombre suspiró.
—Entonces escucha con atención.
Señaló el espejo.
—Nerissa no está dentro de la mansión.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Dónde está?
Su padre la miró directamente a los ojos.
—Está dentro de una de ustedes.
Las tres hermanas quedaron paralizadas.
Lydia comenzó a negar con la cabeza.
—No...
Elena retrocedió.
—Eso es imposible.
Su padre señaló a Evelyn.
—Desde que regresaste a esta casa, ella ha estado contigo.
Evelyn sintió que el corazón se le detenía.
—¿Conmigo?
—Sí.
Adrián la miró preocupado.
—¿Cómo podemos saber si es verdad?
Su padre respondió:
—Porque Nerissa no puede ocultarse cuando escucha su verdadero nombre.
Evelyn tragó saliva.
—¿Cuál es?
Su padre se acercó.
—El nombre que te dieron antes de llamarte Evelyn.
Ella frunció el ceño.
—Nunca tuve otro nombre.
Su padre palideció.
—Eso es lo que te hicieron creer.
El espejo comenzó a empañarse.
Una palabra apareció lentamente sobre el cristal.
LYRA.
Lydia soltó un grito.
—¡No!
Evelyn tocó el espejo.
—¿Qué significa?
Su padre cerró los ojos.
—Ese era tu verdadero nombre.
—¿Por qué me lo cambiaron?
—Porque Nerissa estaba buscando a Lyra.
Evelyn sintió un dolor repentino en la cabeza.
Recuerdos comenzaron a aparecer.
Una habitación.
Su madre sosteniéndola.
Tres niñas.
Y una voz susurrando:
—Lyra será la puerta.
Evelyn cayó de rodillas.
Adrián corrió hacia ella.
—¡Evelyn!
Ella levantó la mirada.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—No me llamo Evelyn...
Su padre se arrodilló frente a ella.
—Sí te llamas Evelyn.
Ella negó.
—Entonces ¿quién es Lyra?
El espejo se quebró.
Y una voz salió desde dentro de Evelyn.
Una voz que no era la suya.
—Yo soy Lyra.
Todos quedaron en silencio.
Evelyn levantó lentamente la cabeza.
Su reflejo sonreía.
Pero ella no.
Y detrás de su reflejo apareció una cuarta figura.
Nerissa.
—Por fin desperté.