La dama del espejo roto

Capitulo 35

Evelyn sintió que el mundo se detenía.
—¿Yo la encerré? —preguntó.
Su padre asintió lentamente.
—Eras una niña, Lyra. Pero tu poder era diferente al de tus hermanas.
Elena miró a Evelyn, confundida.
—¿Qué poder?
Su padre señaló el corazón de cristal.
—Ella podía elegir.
Lydia, todavía bajo la influencia de Nerissa, soltó una carcajada.
—No la escuches.
Evelyn miró a su hermana.
—Lydia...
—¡No soy Lydia!
La voz que salió de su boca era profunda.
—Soy Nerissa.
Adrián levantó el medallón roto.
Una pequeña luz plateada volvió a encenderse.
Nerissa retrocedió.
—¡No!
El padre de Evelyn gritó:
—¡Ahora, Adrián!
Adrián lanzó el medallón hacia Lydia.
La luz la envolvió.
Lydia cayó al suelo.
—¡Lydia! —Evelyn corrió hacia ella.
Pero antes de llegar, el suelo se abrió.
Una corriente de sombras surgió desde las grietas y comenzó a arrastrar a Evelyn hacia la puerta de hierro.
—¡Evelyn! —gritó Adrián.
Él la sujetó por la cintura.
Elena tomó su mano.
Y Lydia, todavía inconsciente, fue sostenida por su padre.
Los cuatro quedaron unidos.
La puerta comenzó a abrirse.
CRAAAAACK.
Un aire helado atravesó el pasillo.
Del otro lado no había una habitación.
Había un bosque.
El mismo bosque que rodeaba la mansión.
Pero estaba completamente muerto.
Los árboles tenían rostros humanos tallados en sus troncos.
Evelyn reconoció uno.
—Mamá...
El rostro de Elena apareció en un árbol.
Sus ojos parecían llorar sangre.
—No entren —susurró.
El padre de Evelyn se quedó paralizado.
—Elena...
—¡Papá! —gritó Evelyn—. ¡Mamá está ahí!
—No.
Él negó desesperadamente.
—Eso no es tu madre.
La figura del árbol sonrió.
—¿Estás seguro?
La voz cambió.
Ya no era la de Elena.
Era la de Nerissa.
—Después de tantos años... todavía tienes miedo de mirarme.
El bosque comenzó a llenarse de susurros.
Cientos de voces.
Las almas atrapadas.
Evelyn escuchó nombres.
Personas que habían sido sacrificadas por su familia.
Personas que la llamaban.
—Lyra...
—Ayúdanos...
—No nos abandones otra vez...
Evelyn sintió lágrimas en los ojos.
—Yo no los abandoné.
Una voz respondió desde las sombras:
—Sí lo hiciste.
Evelyn se quedó inmóvil.
Una niña salió del bosque.
Era ella.
La pequeña Lyra.
Tenía unos siete años.
Llevaba un vestido blanco cubierto de sangre.
La niña miró a Evelyn.
—Tú me encerraste.
—¿Qué?
—Y después olvidaste.
La pequeña levantó una mano.
El corazón de cristal comenzó a flotar.
Sus tres fragmentos se separaron.
Uno entró en Elena.
Otro en Lydia.
El tercero entró en Evelyn.
Las tres gritaron.
Una luz blanca iluminó el bosque.
Y entonces Evelyn recordó.
La noche del incendio.
Su madre frente al espejo.
Su padre sosteniendo la llave.
Las tres niñas llorando.
Y Nerissa intentando salir del cristal.
Pero fue Evelyn quien tomó la llave.
Fue Evelyn quien abrió la puerta.
Fue Evelyn quien pronunció las palabras.
—Te elijo a ti.
Nerissa había quedado atrapada.
Pero había un precio.
La memoria de Evelyn fue borrada.
Su nombre cambió.
Su vida comenzó de nuevo.
La pequeña Lyra desapareció.
Evelyn cayó de rodillas.
—Yo la encerré...
Adrián se arrodilló junto a ella.
—Pero también puedes volver a encerrarla.
Evelyn levantó la mirada.
—¿Cómo?
Adrián señaló la puerta.
—Con la misma elección.
Nerissa apareció al otro lado del bosque.
Su cuerpo parecía hecho de humo.
—No puedes hacerlo.
Evelyn se puso de pie.
Tomó la mano de Elena.
Luego la de Lydia.
Las tres hermanas quedaron frente a la puerta.
Evelyn levantó el corazón de cristal.
—Esta vez no voy a elegir sola.
Nerissa gritó.
Las ramas del bosque comenzaron a moverse.
La mansión entera tembló.
Y detrás de las tres hermanas apareció una cuarta sombra.
Una mujer.
Con el rostro de Evelyn.
Pero sus ojos eran completamente negros.
—Entonces tendrán que elegirme a mí.
Evelyn abrió los ojos.
—¿Quién eres?
La mujer sonrió.
—La parte de ti que nunca pudiste encerrar.
Y apagó todas las luces.




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