La oscuridad cayó sobre la mansión.
No era una oscuridad normal.
Evelyn no podía ver sus propias manos. Ni a Adrián. Ni a sus hermanas.
Solo podía escuchar respiraciones.
—¿Elena? —susurró.
—Estoy aquí.
—¡Lydia!
—Aquí...
Evelyn cerró los ojos.
Entonces escuchó una voz detrás de ella.
—Qué bonito.
Se giró.
Una silueta apareció lentamente entre la oscuridad.
Era idéntica a ella.
Mismo rostro.
Mismos ojos.
Mismo cabello.
Pero vestía un largo vestido negro y llevaba una corona de pequeñas espinas.
—¿Quién eres? —preguntó Evelyn.
La mujer sonrió.
—Ya te lo dije.
Dio un paso hacia ella.
—Soy la parte de ti que nunca pudiste encerrar.
Adrián apareció entre ambas.
—No te acerques.
La mujer lo miró con curiosidad.
—Adrián Ashcroft...
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Porque tú también estuviste allí.
Adrián palideció.
Evelyn lo miró.
—¿Qué quiere decir?
Él guardó silencio.
—Adrián.
—No quería que lo supieras así.
La mujer comenzó a caminar alrededor de ellos.
—Su familia estuvo allí la noche del incendio.
El padre de Evelyn bajó la mirada.
—Basta.
—¿Por qué? —preguntó la mujer—. ¿Todavía quieres proteger tus secretos?
Evelyn sintió que la rabia crecía dentro de ella.
—Quiero respuestas.
La mujer se detuvo frente a ella.
—Entonces recuerda.
Le tocó la frente.
Evelyn cayó al suelo.
Y volvió a ser una niña.
Tenía siete años.
Estaba frente al espejo.
Su madre lloraba.
—Lyra, mírame.
La pequeña Evelyn levantó la cabeza.
—Mamá, tengo miedo.
Elena la abrazó.
—No debes tener miedo de Nerissa.
—Ella dice que es mi amiga.
Su madre cerró los ojos.
—Nerissa no tiene amigas.
Detrás de ellas, el espejo comenzó a oscurecerse.
Una mujer apareció dentro.
—Lyra...
La niña se acercó.
—¿Sí?
—Puedo darte lo que más deseas.
—¿Qué?
—Nunca volver a perder a tu familia.
La pequeña Evelyn miró a sus hermanas.
—¿Puedo salvarlas?
Nerissa sonrió.
—Sí.
Su madre gritó:
—¡NO LA ESCUCHES!
Pero ya era demasiado tarde.
La pequeña Lyra tomó la llave plateada.
—Entonces te elijo.
El espejo se rompió.
Nerissa quedó atrapada.
Pero algo salió del cristal.
Una sombra.
Una copia de Lyra.
La misma niña.
La misma alma.
La parte que había hecho el pacto.
Evelyn despertó gritando.
Adrián estaba junto a ella.
—¡Evelyn!
Ella lo apartó.
—Tú lo sabías.
—¿Qué?
—Tú estabas allí.
Adrián no respondió.
Evelyn se levantó.
—¡Tú estabas allí aquella noche!
—Sí.
Su voz apenas fue un susurro.
—Mi padre me llevó.
El padre de Evelyn cerró los ojos.
—Los Ashcroft ayudaron a tu familia a encerrar a Nerissa.
Adrián miró a Evelyn.
—Pero no sabíamos que una parte de ti había quedado atrapada con ella.
La otra Evelyn apareció nuevamente.
—Ahora sí lo saben.
Elena dio un paso adelante.
—¿Qué quieres?
La mujer la miró.
—Lo mismo que ella.
Señaló a Evelyn.
—Ser libre.
Lydia palideció.
—Entonces... ¿no es Nerissa?
—No.
La mujer sonrió.
—Nerissa está detrás de la puerta.
Evelyn miró hacia el corredor.
La puerta de hierro estaba abierta.
Desde su interior surgió un sonido.
Toc...
Todos se quedaron inmóviles.
Toc...
Otra vez.
Toc...
Alguien estaba llamando desde el otro lado.
La otra Evelyn se acercó al oído de Evelyn.
—Y ahora que sabes quién eres...
Susurró:
—ella sabe que puede volver.
La puerta comenzó a abrirse lentamente.
Y una voz conocida llenó el pasillo:
—Lyra... hija mía.
Evelyn sintió que la sangre se le helaba.
Era la voz de su madre.
Pero su madre llevaba años muerta.