La dama y la luna roja

• Bajo Máscaras y silencios Rotos•

Pasaron varios días desde aquella tarde del té. Días en los que ella sonreía por costumbre, asistía a compromisos por deber y escribía en su diario para no enloquecer. Todo en ella seguía intacto por fuera, pero por dentro… algo se había quebrado.

Cuando llegó la invitación al baile de máscaras organizado por una de las familias más importantes de la ciudad, no pudo evitar una punzada en el pecho. Su madre habló del evento con entusiasmo, sin notar que su hija ya no compartía aquella ilusión. Iban a asistir, por supuesto. Era tradición. Y su prometido también estaría allí.

La noche llegó con el murmullo del terciopelo y el perfume caro. Su vestido era granate, de mangas caídas, con un delicado bordado dorado que recordaba a constelaciones. El antifaz cubría parte de su rostro, pero sus ojos —esos ojos que ya no brillaban igual— lo decían todo.

El salón estaba iluminado por cientos de lámparas suspendidas. Las máscaras ocultaban rostros, pero no intenciones.

Ella caminó entre la multitud con la elegancia que había aprendido desde niña, ignorando miradas, saludos y cumplidos que le sonaban vacíos.

Y entonces lo vio.

Él estaba allí, de pie junto a una columna, vestido completamente de negro. Su máscara también era oscura, con detalles sutiles en rojo. Parecía una sombra más entre los invitados y, aun así, ella lo sintió antes de verlo. Como si algo en su interior hubiera girado hacia él.

Sus miradas se cruzaron.

Fue solo un segundo. Pero basto.

Sintió un tirón en el pecho. Un reconocimiento que no podía explicar. Como si ese desconocido supiera algo de ella que ni siquiera ella misma recordaba.

El camino hacia ella con una calma peligrosa. Se inclino levemente.

-¿Me concedes está danza? —Pregunto con voz grave. Envolvente.

Ella dudo. Por un instante,pensó que que debía decir que no. Que era no era apropiado. Que ya estaba comprometida.

Pero sus labios, temblando apenas dijieron:

Si.

Bailaron en silencio. No hablaron. No lo necesitaban. Sus cuerpos se movían como si ya se conocieran,como si en otro tiempo hubieran danzado bajo otra luna.

Cuando la música termino,el la soltó con una reverencia

—Hasta Pronto. —Dijo,y desapareció entre la multitud antes que pudiera siquiera preguntarle su nombre.

Ella salió al jardín.

Necesitaba aire. Su corazón latía como si hubiera corrido.

Y allí la encontró su prometido.

—¿Que hacías bailando con ese hombre?— espeto con los dientes apretados.

Ella no respondió.

-¿Acaso Ya no te importa lo que piensen?—

—No hables de apariencias—dijo ella con voz baja,firme.

—No soy yo la que debería preocuparse por eso.

El se tenso,Pero ella ya estaba de regreso dentro de la mansión.

Esa noche,lloro en silencio en su habitación.

Lloro por lo que había perdido,por lo que nunca fue,por lo que no entendía...y por aquel desconocido de ojos oscuros.

Mientras dormía,el la observaba desde la ventana.

No entro.

Solo la miro como si cuidarla desde lejos fuera lo único que podía hacer.

• Fragmento del diario de Elyra •

Hay miradas que no deberían doler.

Pero duelen.

Porque te muestran todo lo que podrías haber sido.

Todo lo que podrías haber amado... Si hubieras sido libre.

Nota de la autora.

En este capítulo, las máscaras comenzaron a caer… y no hablo solo del baile.

A veces,lo más desgarrador no es la traición en si,sino el momento exacto en que decidimos callar. Guardar el grito. sostener la copa y sonreír,aunque por dentro se derrumba todo.

Ella lo hizo. Y en ese silenció nació algo nuevo.

rácias por acompañarme en esta historia tejida con secretos,miradas y heridas elegantes..lo que late entre ellos apenas comienza a despertar.

Nos leemos en el próximo capítulo.




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