La dama y la luna roja

– Lo que florece en la sombra –

Antes del diario.

Antes del teatro.

Antes del primer roce de manos bajo la luna.

Hubo una mesa larga, una tarde templada y tres nombres que aún no sabían que estaban destinados a romperse.

El jardín de la casa Délacroix estaba perfumado de magnolias. Las madres reían entre copas de vino, los padres hablaban de alianzas políticas y apellidos. Las jóvenes caminaban por los senderos empedrados, con sombrillas de seda y modales que aún les quedaban algo grandes.

Elyra sonreía.

Tenía quince años, un vestido azul claro, y un cuaderno escondido bajo el chal. Su cabello brillaba con el sol, y su voz —siempre serena— decía más cuando callaba que cuando hablaba.

La otra niña, apenas un año menor, la miraba como se miran las estatuas: con fascinación… y con ganas de romperles un dedo.

—¿Querés sentarte conmigo? —le había dicho Elyra con dulzura, ese día.

Y desde entonces, fueron "amigas".

O eso creía Elyra.

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Él llegó esa misma tarde. Aún no era su prometido. Solo era el hijo de una familia noble, educado, elegante, algo tímido.

Pero la primera mirada no fue para la joven que jugaba a sonreír junto a las flores.

Fue para Elyra.

Y ella lo noto...pero no le dió importancia.

La que si lo noto todo fue la otra.

Esa mirada.

Esa forma en que el se inclino solo ante Elyra.

Ese primer interés que no se forzo,sino que simplemente fue.

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Pasaron semanas. Meses.

Los tres comenzaron a coincidir en paseos, clases de música, eventos sociales.

Él siempre encontraba una excusa para hablar con Elyra.... Y la otra... Se sentaba más cerca,reia más fuerte,se esforzaba en ser vista.

Pero Elyra no competía.

Por qué no sabía que había una competencia.

Y eso...fue lo que más dolió.

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Una tarde de lluvia, durante una clase de pintura, el profesor pidió que retrataran algo que amaran.

Elyra dibujo un lago. Su lago.

La otra dibujo una rosa. Con espinas.

Él se acercó para ver los trabajos y se detuvo largo rato ante el de Elyra.

—Es… triste. Pero hermoso —dijo.

Elyra solo sonrió, como quien agradece sin palabras.

La otra apretó el carboncillo hasta romperlo.

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Esa noche,en su diario,la amiga escribio:

>"Sos perfecta....Pero nadie es perfecta para siempre.

| Nota de la autora |•

Este capítulo no habla de amor.

Habla de cuando nace la envidia disfrazada de amistad.

De cómo una sombra empieza a florecer a los pies de la luz sin que nadie lo note.

No todas las traiciones son hechas por odio.

Algunas nacen del dolor de no haber sido elegida.

Gracias por mirar con el alma abierta incluso a quienes duelen.

–Con cicatrices suaves,La autora.




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