Cada vez que alguien mencionaba la boda, sentía que el aire se volvía más denso. Las flores, el vestido, la iglesia, los invitados... Todo estaba en marcha. Todo menos yo.
Mi madre hablaba de detalles con una emoción que dolía. Mi padre repetía discursos de orgullo que no sentía. Y mi prometido… sonreía como si todo fuera perfecto.
Yo solo quería huir.
Por eso, cada mañana desde hace unos días, me escapaba al único lugar donde podía respirar: el lago.
Clara me lo había mostrado de niña. Un sitio escondido, donde el agua se mantenía quieta incluso cuando el viento gritaba. Allí podía escribir, pensar… y no fingir.
Me sentaba bajo el mismo árbol, con mi cuaderno en el regazo, los pies descalzos en la hierba húmeda.
Era un ritual secreto. Una costumbre invisible que me mantenía a salvo de mí misma.
Escribía con la sensación de que esas palabras no eran solo para mí… sino para alguien que aún no había nacido, pero que sabría entenderme.
Como si mi alma quisiera dejar huellas en el tiempo, por si alguna vez alguien necesitaba encontrarlas.
Y entonces, como si también fuera parte del paisaje… él empezó a aparecer.
Primero lo sentí. Después lo ví.
No hablaba. Solo se quedaba a pocos pasos, mirándome con esos ojos de noche profunda. No se acercaba. No interrumpía. Solo estaba.
Y con los días,esa presencia se volvió mi oxígeno.
Al cuarto amanecer,me acerque yo.
No hablamos mucho. No hacía falta.
Nos sentábamos cerca, sin tocarnos, compartiendo el silencio. Él observaba el agua. Yo escribía fragmentos que no sabía a quién pertenecían: ¿eran míos o de una versión de mí que vivió en otro tiempo?
Una mañana, al mirarlo, me pregunté cómo sería tocarle la mano. Solo eso. Un roce. Una certeza.
No lo hice... Pero quise.
•••••••••• |~| |~| |~| ••••••••••
Esa misma tarde, mi prometido vino a buscarme con una flor blanca en la mano. Dijo que pensaba en mí. Que me había extrañado.
—Vamos a caminar —propuso—. Como cuando éramos niños.
Acepte. Por costumbre. Por cobardía. Por no discutir.
Caminamos por el sendero del jardín. Me hablaba de la boda, del futuro, de los hijos que tendríamos, de las casas que visitaríamos. Yo solo asentía.
Y entonces,sin aviso....me beso.
Su boca era tibia.su gesto,ensayado,su manos...correctas.
Y sin embargo...
Nada en mi temblo...
No suspiré. No cerré los ojos como antes. No sentí la corriente dulce que se siente cuando el alma reconoce algo.
Solo pensé: “Estos no son los labios que mi cuerpo quiere recordar.”
Y supe que no era suya....ni ahora...ni nunca.
•••••••••• |~| |~| |~| ••••••••••
Esa noche, ya en mi habitación, me quité los pendientes, deshice mi peinado, y me miré al espejo.
Tenía la piel fría. Los ojos húmedos. Y un vacío que ni el mejor vestido podía cubrir.
Suspiré,y fue entonces que lo note.
Un sobre oscuro. Sobre el tocador. Sin sello visible.
Lo tomé con manos temblorosas. Lo abrí.
Dentro, una hoja breve. Pocas líneas. Pero suficientes para desarmarme.
>"Está vez,no hay marcarás....si venis bailamos...y si no venis...igual voy a esperarte"<
—Tu Sombra.
Y el corazón me dió un vuelvo.
Porqué aunque no firmaba con su nombre,yo sabía que era el.
Y esa noche....todo cambio.
•| Nota de Autora |•
Hay decisiones que no se toman en voz alta.... Se sienten.
Este capítulo es ese punto exacto donde Elyra empieza a escucharse de verdad. No al mundo, no a su familia, no a lo que se espera de ella… sino a esa voz interna que llevaba tiempo susurrando en silencio.
El lago no es solo un lugar.
Es un refugio.
Es el espacio donde Elyra puede existir sin máscaras, sin promesas impuestas, sin miedo a lo que debería ser.
Y el...
No llega para cambiar su destino,sino para mostrarle que puede elegirlo.
A veces,el amor no comienza con un beso. Empieza cuando entendemos que hay algo que ya no podemos seguir fingiendo.
Gracias por acompañar a Elyra en este momento tan frágil y tan poderoso a la vez.
—Con cariño...la autor 🤍