El primer beso había sigo en la sombra de un adiós.
Pero este...fue distinto,
El cielo aún estaba oscuro cuando me acerqué a él. Corrí sin aliento, escapando de todo lo que no quería. Y cuando lo vi, de pie entre árboles y memoria, supe que el resto del mundo podía desaparecer.
No dijimos nada.
Simplemente lo abracé. Y cuando nuestros labios se buscaron por segunda vez, lo hicimos como quien finalmente se pertenece.
Ya no era una traición. Ya no era un error.
Era libertad.
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Pasamos esa noche en silencio, refugiados en nosotros. El amanecer nos encontró juntos, sin que nadie nos reclamara. Por primera vez, sin miedo.
Ese día, me llevó a un lugar especial. Un rincón del bosque donde el viento parecía cantar en otro idioma. Allí había una cabaña antigua, raíces trepando sus paredes, flores creciendo entre las piedras.
—Acá fue donde conociste a Elías —me dijo.
Asentí. Lo recordaba. Aquel día extraño en el que todo cambió. Elías con su sonrisa tranquila. Las sombras alrededor. Y él… viéndome desde más lejos, sin atreverse aún.
—Éste es mi lugar —dijo—. Mi refugio cuando el mundo arde.
Nos sentamos entre las hojas. El sol filtraba luz a través de las ramas, dibujando constelaciones sobre la tierra. Y fue allí donde él lo propuso.
—Quiero darte algo. Pero no un anillo —dijo, con una sonrisa suave—. Algo más antiguo. Más nuestro.
De su bolsillo sacó dos piedras pequeñas, negras como la noche y con vetas doradas que brillaban al sol.
—Estas piedras vienen de una cueva que ya no existe. Se dice que quien las une con fuego, une también su destino.
No entendía del todo, pero asentí. Él extendió la mano y entre los dos dibujamos un símbolo en la tierra. Uno que había visto en sueños. Uno que parecía respirar.
Luego colocó las piedras en el centro y susurró palabras en un idioma que jamás había escuchado.
El fuego brotó suave, sin consumir nada. Solo un resplandor cálido que envolvió las piedras hasta fundirlas. Cuando la luz se desvaneció, había un colgante.
Un pequeño corazón de tonos oscuros, como obsidiana viva, con un hilo de oro cruzándolo por el centro.
Él me lo puso al cuello.
Esto es para recordarnos. Para saber que, incluso cuando el mundo arda… todavía estamos acá.
—¿Y tiene nombre? —pregunté, apenas en un suspiro.
Él dudó.
Y luego me miró con una sinceridad que dolía.
—Caelum —dijo—. Ese es mi nombre.
Mi pecho se llenó de algo imposible de describir. Como si todo lo que era se hubiera detenido por un instante.
—Gracias… por confiarme eso.
Él bajó la mirada.
—Ya no hay tiempo para secretos.
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Esa tarde, vimos las estrellas.
Tendidos sobre la hierba, con los dedos entrelazados, dejamos que el cielo nos abrazara.
—Mi estrella —susurró él—. Desde la primera vez que te Vi te llamé así.
—Y yo… desde la primera vez que te vi, supe que iba a perderme en vos.
Nos besamos una vez más.
Y esa vez… no hubo temor.
Sólo deseo. Ternura. Memoria.
Nos encontramos por completo.
Y no sé si fue magia o destino, pero por un momento, sentí que el tiempo nos perdonaba.
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Narrador Externo.
A kilómetros de allí, en la mansión, la ceremonia se cancelaba en susurros y rumores.
—Ella se fue —decía una voz—. No dejó carta. Solo el vestido sobre la cama.
En otra habitación, el prometido de Elyra golpeaba la pared con rabia.
—La hechizaron —decía—. Esa no es ella. Ella no haría esto.
El hermano de Elyra lo observaba, pálido, tembloroso.
—¿Y si… si ya no podemos traerla de vuelta?
—¡Claro que podemos! —gritó él—. Con los métodos adecuados. Hay formas de romper maldiciones… y de recuperar a quien se ha desviado del camino.
—¿Estás diciendo…?
—Estoy diciendo que si no vuelve por amor… va a volver por la verdad.
Sus pasos lo llevaron a la biblioteca.
Allí, entre papeles y tinta seca, encontró un cuaderno escondido.
El diario de Elyra.
Lo abrió con manos furiosas.
Y empezó a leer.
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Fragmentos del Diario De Elyra.
> “No quiero ser una esposa silenciosa....No quiero ser una estatua en un salón....Quiero bailar bajo la lluvia....Quiero besar sin miedo.... quiero escribir mi nombre en el viento.... Y que alguien lo lea con el alma".<
•| Nota De Autora |•
Este capítulo fue una pausa entre heridas.
Un beso real.
Una promesa hecha corazón.
Pero en toda historia donde el amor florece… la sombra siempre encuentra un camino para alcanzarlo.
Gracias por creer que incluso lo imposible puede arder de verdad.
Y dolerá.
—Con fuego...destino y memoria,con cariño la autora.
Y pido perdón,por quien siguen esta hermosa historia...que está semana estuve con muchas cosas y llegar con un capítulo así de tarde...muchas gracias. 🤍