La Dame Rouge

CAPÍTULO VI

El amanecer apenas comenzaba a teñir el cielo cuando unos golpes suaves resonaron en la puerta de la habitación.

Azalea abrió los ojos de inmediato.

Durante un instante no recordó dónde estaba. Después llegaron los recuerdos uno tras otro: la casa de Maeve, Valdoren, la estatua de Alaric, el príncipe heredero…

Soltó un suspiro y se incorporó.

—¿Azalea? —la voz de Maeve sonó desde el otro lado de la puerta—. Ya es hora.

Azalea abrió.

Maeve ya estaba completamente preparada. Llevaba un vestido sencillo de trabajo y el cabello recogido con una trenza baja. En una mano sostenía una cesta de mimbre; en la otra, un pequeño manojo de llaves.

—¿Ha pasado algo? —preguntó Azalea.

—No exactamente.

Maeve sonrió apenas.

—Pero hoy será un día muy largo en el castillo.

Azalea recordó las campanas del día anterior.

La coronación.

Todo Valdoren parecía contener la respiración a la espera de ese momento.

—No quería dejarte sola en la casa —continuó Maeve mientras comenzaba a caminar hacia la salida—. Habrá demasiada gente en las calles y regresaré muy tarde.

Azalea asintió.

No le desagradaba la idea de acompañarla.

En realidad, la casa le parecía demasiado silenciosa cuando Maeve no estaba.

Salieron al exterior.

El aire era frío y el rocío cubría la hierba detrás del castillo. Desde allí podían verse las enormes murallas elevándose hacia el cielo mientras las primeras luces del alba iluminaban las torres.

Caminaron bordeando la parte trasera del castillo hasta llegar a una pequeña puerta de servicio.

Dos guardias custodiaban la entrada.

Uno de ellos saludó a Maeve con un gesto de cabeza.

—Llegas temprano.

—Hoy todos llegamos temprano.

El hombre soltó una breve risa.

—Eso parece.

Sus ojos se posaron sobre Azalea.

—¿Ella?

Maeve respondió antes de que Azalea pudiera hacerlo.

—Mi prima. Viene del norte y se quedará conmigo unos días mientras encuentra trabajo.

El guardia observó a Azalea durante unos segundos.

Ella sostuvo la mirada sin decir una palabra.

Finalmente el hombre abrió la puerta.

—Adelante.

Maeve agradeció con un gesto y ambas cruzaron el umbral.

El interior del castillo ya estaba completamente despierto.

Los sirvientes atravesaban los pasillos cargando flores, telas, bandejas de plata y candelabros. Otros limpiaban los enormes ventanales mientras varios cocineros discutían desde la cocina principal.

Todo era movimiento. Todo era preparación.

Azalea observaba fascinada.

Jamás había imaginado un lugar así.

En su tiempo los castillos eran imponentes, sí, pero aquel parecía otra cosa.

Más grande.

Más refinado.

Más… vivo.

Maeve comenzó a repartir instrucciones mientras caminaban.

—No te separes demasiado de mí. Hoy habrá nobles de todo el reino. Si alguien pregunta quién eres, responde exactamente lo mismo que dije hace un momento.

Azalea asintió.

—Tu prima.

—Exactamente.

Continuaron avanzando.

Subieron una escalera estrecha reservada para el servicio y atravesaron varios corredores hasta llegar al ala donde trabajaba Maeve.

Era mucho más tranquila que el resto del castillo.

Allí se almacenaban sábanas limpias, utensilios de limpieza, cajas con velas y enormes armarios repletos de manteles.

Maeve dejó la cesta sobre una mesa.

—Quédate aquí unos minutos.

Tengo que entregar unas llaves.

No tardaré.

Azalea asintió.

Pero apenas Maeve desapareció por el pasillo, la curiosidad comenzó a hacer su trabajo.

El castillo parecía interminable y cada puerta invitaba a descubrir qué escondía detrás.

Sin darse cuenta…

Comenzó a caminar.

Azalea avanzó despacio, procurando memorizar el camino.

El castillo era un laberinto de corredores iluminados por enormes ventanales.

A lo lejos se escuchaban voces.

Sirvientes corriendo de un lado a otro.

Guardias cambiando de turno.



#649 en Fantasía
#3238 en Novela romántica

En el texto hay: romace, brujas, romace fantasia

Editado: 11.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.