La Dame Rouge

CAPÍTULO XI

El amanecer apenas comenzaba a iluminar las torres de Valdoren cuando el castillo despertó.

El patio principal bullía de actividad. Escuderos ajustaban monturas, herreros daban los últimos golpes sobre hojas de acero y los sirvientes cruzaban de un lado a otro cargando provisiones. Los ladridos de los perros de caza se mezclaban con el relinchar de los caballos, creando un bullicio que podía escucharse incluso desde las habitaciones más alejadas.

Azalea observaba todo desde una galería de piedra.

Vestía un sencillo vestido color marfil y una capa gris que ocultaba gran parte de su cabello cobrizo. Maeve le había insistido varias veces en que mantuviera la cabeza baja y evitara llamar la atención.

Después de lo ocurrido en la ciudad, era lo más sensato.

Pero Azalea nunca había destacado por hacer lo sensato.

—Todavía estamos a tiempo de regresar —murmuró Maeve, apareciendo a su lado.

Azalea sonrió sin apartar la vista del patio.

—Sabes que no voy a hacerlo.

Maeve suspiró.

—Lo sé. Pero tenía que intentarlo.

Las dos permanecieron unos segundos observando los preparativos.

Desde allí podía verse al recién coronado rey organizando la partida.

Bastian von Falkenberg montaba un enorme caballo negro de brillante pelaje. Vestía un jubón oscuro reforzado con cuero, botas altas y una capa corta sujetada con el halcón de plata de los Falkenberg. La corona no estaba sobre su cabeza; en el bosque sería un cazador más.

Aunque nadie podía olvidar quién era.

A su alrededor, nobles y comandantes aguardaban sus órdenes.

Todo el mundo parecía girar a su alrededor.

Azalea frunció ligeramente el ceño.

—Ni siquiera parece disfrutarlo.

Maeve siguió su mirada.

—No creo que disfrute demasiadas cosas.

Antes de que Azalea pudiera responder, un cuerno resonó en todo el castillo.

La cacería comenzaba.

Una hora después...

El bosque de Elaris los recibió con un silencio extraño.

No era un silencio vacío.

Era uno lleno de vida.

Las hojas caían lentamente desde las copas de los robles centenarios mientras los primeros rayos del sol atravesaban las ramas formando haces dorados sobre el suelo cubierto de musgo.

El aire olía a tierra húmeda y corteza antigua.

Azalea sintió que el pecho se le aflojaba.

Sin darse cuenta había sonreído.

Aquel lugar seguía respirando igual que en sus recuerdos.

Casi podía imaginar a Lyra corriendo entre los árboles mientras intentaba alcanzarla.

Podía escuchar las risas de las mujeres del clan.

El sonido del río.

Las historias alrededor del fuego.

Durante unos segundos olvidó que habían pasado cien años.

Maeve la observó de reojo.

—¿Qué ocurre?

Azalea tardó un momento en responder.

—Nada...

Miró alrededor con nostalgia.

—Solo siento que este bosque... es diferente al resto.

Maeve siguió observando los árboles.

—También yo.

Continuaron avanzando ocultándose entre los arbustos, siempre a suficiente distancia para no ser vistas por el grupo real.

Los jinetes se internaban cada vez más en Elaris.

Pero algo no estaba bien.

Los perros de caza caminaban con las orejas bajas.

Ninguno ladraba.

Los caballos avanzaban inquietos, resoplando cada pocos metros.

Incluso las aves parecían haber abandonado el bosque.

Maeve también lo notó.

—¿Escuchas eso?

Azalea inclinó la cabeza.

—¿El qué?

—Exactamente eso.

Nada.

No había pájaros.

Ni insectos.

Ni el murmullo habitual del bosque.

Solo el viento.

Azalea sintió un leve escalofrío.

No recordaba que Elaris pudiera quedarse completamente en silencio.

Delante de ellas, el grupo real también comenzaba a inquietarse.

—Es extraño... —murmuró uno de los nobles.

—Los perros no han encontrado ninguna presa.

Otro acarició nervioso la empuñadura de su espada.

—Jamás los había visto comportarse así.



#649 en Fantasía
#3238 en Novela romántica

En el texto hay: romace, brujas, romace fantasia

Editado: 11.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.