La decisión que cambió mi destino

Libro 1: Hemos llegado a la capital: El inicio de algo nuevo: Parte 1

El sol de la mañana se colaba tímido entre las cortinas, rozando mis párpados y despertándome con una luz suave que me hacía sentir más cansado que renovado. Me senté al borde de la cama, con las manos sobre la cabeza, dejando que el silencio llenara la habitación. No pensaba en nada, solo sentía el peso de la quietud y la distancia que me separaba de los demás.

Cuando finalmente bajé, los encontré ya comiendo. La zorra estaba entre ellos, moviéndose con naturalidad, como si yo fuera invisible. Me senté a un costado, observando en silencio, un extraño vacío entre la calidez del grupo y la mía propia.

Me senté sin hablarles con la vista agacha.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Shader. —te ves extraño.

—Estoy bien. Sólo estoy… Algo cansado.

—Aquí tienes. —expresó la mesera. —esta comida te levantará el ánimo. —guiñó un ojo.

—Gracias.

—Tenemos que ir dentro de una hora a la sede. —comentó Shader. —hay que apurarnos.

—Es por eso que no los esperaré si se atrasan.

—No sucederá. Con mí habilidad llegaré en menos de diez minutos.

—No se puede usar ningún tipo de magia aquí. —comentó Elran. —está prohibido.

—Así es, muchacho. —replicó Arvel. —por más inofensivo que sea, tendrás graves problemas. Y déjame decirte que en la guardia hay personas demasiadas fuertes.

—No tenía idea que la capital fuera así de estricta, ¿Siempre fue así?

—Desde que hubo un grave conflicto entre ciudadanos, llevando un desastre extremo. Sucedió mucho antes de que yo naciera.

—¿Se supo quiénes fueron?

—Nunca lo revelaron. Se dice que fueron personas de relevancia, pero yo qué sé, dicen muchas cosas.

—Eso ya no importa, es el pasado. —expresó Elran. —es momento de que vayan a la sede. Es mejor llegar temprano por si acaso.

—Pero no terminé de comer. —contesté.

—¡Entonces apresúrate! ¡Recuerda lo que les dije!

—¿Y qué esperas? Vete ahora si no quieres retrasarte. —contestó Elran.

—Buena idea. Me iré ahora mismo.

—¡Yo también! —comí todo muy rápido, y comencé a ahogarme.

—¡Amigo! —me daba de beber él mismo. —¡No te mueras! ¡Bebe!

—Ya estoy bien.

—Idiota, ¿Cómo puedes ser tan salvaje? Todos los humanos son iguales. Si ya terminaste, apresúrate.

—Vamos, amigo. Hoy será el día en que nuestra vida cambiará.

—Nos vemos dentro de unos días. —expresó Elran.

—Suerte. —Arvel levantó la mano con una jarra de cerveza.

Al llegar a la sede, nos encontramos con un grupo numeroso de personas, la mayoría de nuestra edad. Algunos pertenecían a otras especies, pero pocos llamaban la atención: dos elfos altos y elegantes, una elfa que destacaba por su porte, y por supuesto, Calista. También había un joven orco, que según Calista era un adolescente; aunque en comparación con nosotros, su cuerpo ya era imponente.

Entre los humanos que llamaban la atención estaba una chica rubia de ojos escarlata, que parecía irradiar confianza; una morena de cabello plateado, serena, pero con una presencia intensa; un chico delgado de pelo largo y negro, cubierto por una capa llamativa que parecía moverse con vida propia; y un hombre corpulento, de piel pálida y larga barba, cuya sola presencia imponía respeto.

—¿La zorra está en ese bolsillo?

—Sí, parece estar durmiendo.

—No creí ver a otros de mi raza. Y tienen la marca de alianza, lo que me recuerda que debo hacerme una. Espero que no me digan nada al respecto.

—Dile la verdad, llegaste ayer. Puedes hacértelo más tarde. —contestó Shader.

—¿Más tarde, cuándo? Estaremos días aquí encerrado.

—Claro… Quizás ellos te lo hagan, son parte del reino, ¿No?

—Espero.

—¿Soy yo o todos me están mirando? —pregunté.

—No me sorprende, tienes el cabello blanco como la nieve. En las historias dicen que es la reencarnación del espíritu de la nieve.

—Creí que los que tenían el pelo así era por estar bendecidos por el espíritu del hielo.

—Sí, pero el de él es más intenso y demasiado blanco. No estoy diciendo que él sea la reencarnación, sería imposible que fuera así. Tal vez está más bendecido que otras personas y ya. No me sorprende que esté acompañado por un espíritu de compañía siendo ese el caso.

—¿Y los ojos? —pregunté.

—Son simples ojos, dorados, pero ojos sin más.

Una oleada de energía surgió de repente, obligándome a agacharme con fuerza sin poder controlarlo. Frente a mí había tres figuras: dos mujeres y un hombre. No fui el único afectado; todos los presentes parecían sentir la misma presión, excepto por el chico delgado de pelo largo, que permanecía firme, sin mostrar ningún signo de preocupación.

—Qué poder… —comentó el hombre grande. —por algo son los tres heraldos.

—Los tres heraldos. Creí que era un invento de los humanos. —expresó la elfa. —pero con ese maná no me sorprende que sea cierto. Es magnífico.

—Liora, no te vayas a exaltar en público.

—Caelir, dile a Eryndor que no moleste, ¿Sí? No haré nada.

Tenía la mirada en nosotros.

—¿He? —miró a la elfa llamada Liora—. ¿Dijiste algo?

—Calista, ¿Los conoces? —expresé. —es que el de pelo negro no deja de mirarte. Los escuché hablar un poco, creo que se llama Caelir.

—Nunca los había visto. Aunque… Ese Caelir me parece familiar, no sé por qué.

—Tal vez lo cruzaste en tu reino. —comentó Shader.

—Quizás.

—Bienvenidos a todos. Veo que han venido muchos, más de lo esperado. —expresó el hombre. —mi nombre es Kairon, el de la izquierda es Zaira y ella es Talyra.

—Ya basta de tanta modestia. —expresó Zaira con voz relajada, como si estuviera exhalando. —vamos a entrenarlos hasta el desmayo. No queremos que sean débiles, por lo que si no pueden con esto, entonces se marcharán de inmediato.

—Durante el entrenamiento iremos evaluándolos. —comentó Talyra. —queremos que salgan de aquí con sus mejores versiones.

—Hoy se encuentra calmada. —expresó un chico—. ¿Se sentirá mal?



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En el texto hay: reencarnación, fantasa y magia

Editado: 23.02.2026

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