Fuimos los últimos en ingresar; al revisar la planilla, conté ciento cincuenta y siete nombres. Entre ellos estaba el de Isolde. Me costó ubicarla, pero finalmente la encontré; llevaba una capucha que ocultaba su rostro, como si no quisiera ser vista. Decidí no acercarme ni hablarle; si ese era su deseo, respetarlo me pareció lo correcto. Tampoco mencioné nada a los demás.
—¡Hey, Isolde! —Shader la saludaba con la mano alzada—. ¡No imaginé que fueses a anotarte! —se acercó.
—También la noté, pero ¿Para qué saludarla? Es alguien insoportable.
—¿Dijo Isolde?
—¿Es en serio? ¿Viene a alistarse? Por favor…
—No estás en casa, así que no hagas ningún capricho. —la chica se reía,
—¿¡A quién crees que le dices caprichosa!? ¡Maldita infeliz! —se quitó la capucha—. ¿¡Quieres que te asesine!?
—¡Adelante, si crees que puedes!
—¡Suficiente! —Talyra lanzó una bola de fuego—. ¿¡Creen que esto es un juego!? ¡Compórtense! Malditos, me hicieron perder la calma. Armen un grupo y elijan una habitación, acomódense y regresen, ¿Entendido?
—Están pasando aquella puerta de la derecha. —comentó Kairon.
Sin que pasara un segundo, todos ya se estaban organizando en grupos. Como era de esperarse, los cuatro que destacaban se unieron de inmediato, aunque, por algún motivo, me observaban con cierta firmeza; tal vez les llamaba la atención mi cabello, siendo el único así entre todos.
Nadie se acercaba a Isolde; simplemente la rodeaban, pasando de largo sin dedicarle siquiera una mirada. Lo mismo ocurría con el orco. Se le acercó, pero, como era predecible, ella lo rechazó de inmediato, manteniendo su distancia con firmeza.
—Oye, orco. —expresó Calista. —únetenos.
—¿¡De verdad!? —se nos acercó corriendo—. ¡Muchas gracias!
—No me agradezcas. Lo hice por tu naturaleza explosiva, escuché por ahí que los orcos se vuelven más fuertes cuanto más se enojan, ¿Es eso cierto?
—Pues sí… —con timidez se rascaba la mejilla usando el dedo índice.
—No me jodas, pareces alguien súper pacífico. —expresó un poco molesta. —no me digas, ¿Nunca te enojas?
—Más que pacífico, soy amable. No me enojo muy fácil.
—¿Un orco amable? Ni en broma, ¿¡Entonces por qué te uniste!? ¡No tiene sentido!
—Sabes que no dan trabajo decente a los que no son humanos.
—Aunque respeto tu decisión, ella tiene razón. —añadió Shader. —en algún momento tendrás que dejar esa amabilidad, sé de lo que hablo.
—Nunca imaginé que habría orcos así.
Isolde se puso en frente de nosotros.
—Oigan… Lo pensé y me uniré a ustedes.
—Así que te arrastras a mis pies, ¿He?
Miró a un lado chisteando enojada.
—No le hagas caso, me alegra que aceptes. —añadió Shader.
—Lo bueno es que hayas superado el orgullo. —expresó el orco sonriendo.
—¿Cómo es tu nombre? —preguntó Shader luego de presentarnos.
—Throgar, me llamó Throgar. Lo eligió mi madre. —sonrió al mencionarla.
—Tú, niño hielo, ¿Cuál es tu nombre? —era el chico delgado acercándose junto con su grupo.
—¿Qué necesitan? —preguntó Shader—. ¿Para qué quieren saber su nombre?
—No te está hablando a ti. —añadió la rubia. —no eres de importancia.
—¿Importancia? ¿Por qué soy importante?
—No vengan aquí a hacerse los misteriosos o lo que se crean. Lárguense de aquí. —respondió Calista.
—¿Estás echándonos? —inquirió con molestia el chico—. ¿Quién te crees, elfa asquerosa? —levantó la mano con intención de golpearle.
Shader se postró delante con los brazos cruzados, pero no fue el único que reaccionó. Throgar postró su daga en el cuello del chico, manteniendo una mirada intensa.
—No importa, en otro momento será. —dirigió la mirada hacia los instructores.
—Supongo que ya es momento de elegir un cuarto. —comenté.
—No está bien que las mujeres debamos estar en el mismo cuarto que los hombres. —expresó Isolde.
—Tranquila, dudo que alguno de ellos intente algo. Sólo míralos.
—Eso ofende. —contesté.
La habitación era bastante espaciosa y con dos camas sobrantes. Isolde era la única de nosotros con maleta, así que salimos luego de elegir la cama; quedándome con la que estaba junto a la ventana. Nos llevaron directo al campo de entrenamiento, donde había varias armas.
—Veo en sus caras que ya quieren usarlas. —expresó Kairon. —lamento decirles que aún no las usarán. Por ahora aprenderán a pelear a mano limpia.
—¿De eso qué sirve? Podemos usar armas y magia. —en ese breve momento recibió un golpe en el estómago tan rápido que no alcancé a verlo—. ¿Pero qué…? —los ojos se le pusieron blancos hasta casi perder la consciencia.
—¿Alguien más creé que no sirve? —Talyra sujetaba al chico desde la espalda. —incluso un puño puede ser más rápido que un hechizo. Si no, pregúntenle a los que tienen magia de potenciación.
—Cada grupo peleará con un clon de mí. —comentó Zaira.
Luego de acomodarnos, aparecieron pequeños torbellinos, al lado de cada grupo, hasta tomar la apariencia de Zaira. Sin dejarnos tiempo de preparación, o calentamiento, sus clones actuaron; lo primero en ver fue el puño a menos de un centímetro de mi cara, y lo segundo que sucedió es estar en el suelo, con Shader en frente frenando el golpe con el brazo. Por la mirada se notaba que su fuerza no era suficiente, le ganaba espacio.
—No pueden usar magia, sólo su fuerza física.
—Cualquiera de los dos casos estoy jodido.
Isolde no dejó pasar la oportunidad de contraatacar, aunque el golpe fue acertado, ni se inmutó. El clon la miró, entendiéndose su intención. Pero antes de que hiciera su cometido, Shader actuó, logrando despejarse por un breve momento; llevándose consigo a Isolde desde el brazo.
Del resto, los únicos que no presentaban dificultad era el chico alto y su grupo; siendo así que el nivel al que se encontraban peleando superaba por mucho a todos. Los elfos, bien podían hacerles frente, no era lo mismo.