—Espero que hayan descansado bien. —expresó Kairon. —lo que sigue ahora es un enfrentamiento individual. Lo haremos al azar, así no hay quejas.
—Como lo supuse. —sonrió.
Talyra lanzó al cielo una flama, la cual se dividió en dos, dirigiéndose a Shader y al hombre grandulón. Lo miré con preocupación, en aquel hombre se le notaba que era demasiado fuerte. En Shader se le notaba la tensión con la mirada. Hasta yo podía entender que había una gran diferencia de poder.
—Con los participantes elegidos, damos comienzo al combate. —señaló Kairon. —Oiran, Shader, acérquense. Será sin magia, pueden empezar en el momento que quieran.
—Ten cuidado.
—Tranquilo, amigo. Todo estará bien. —contestó caminando.
El individuo llamado Oiran no dejó pasar ni un segundo para iniciar su ataque con un gran impulso que resonó en las paredes y suelo, dándole apenas un poco de tiempo para que pudiera reaccionar y cubrirse el rostro con los brazos, ya que esa era la impresión que daba, pero en la llegada cambió de trayectoria, optando por un golpe en el estómago.
—¿Cómo es que pude ver eso?
—Es gracias a mí. Estoy ayudándote para que puedas ver con fluidez y no perderte nada.
—¿Por qué se movió así? ¿Está usando magia de potenciación como Shader?
—No es eso. Es su maná, tiene un maná fuerte, si tú lo entrenas podrás moverte y tener esa fuerza. O incluso superarlo.
—Increíble.
El rostro demostraba que fue algo masivo. Por la fuerza debía ir hacia arriba, sin embargo, le cambió el trayecto a línea recta con un golpe en la cara. Al tiempo que se mantenía en el aire, y se alejaba, Oiran salió detrás de él, al llegar lo estrelló contra el suelo.
—Eres una pequeña basura.
—No… Me importa lo que digas. —contestó jadeando aún en el suelo. —yo… —se ponía de pie con lentitud. —no me voy… A rendir. —terminó de pararse—. ¡Seré un aventurero sin importar el costo!
Se propulsó con todo su poder, no obstante, fue acabado en un parpadeo, quedando en el suelo.
Con lágrimas y rabia añadió:
—Me rindo…
—¡Shader! —fui para levantarlo—. ¿Te encuentras bien? —lo llevaba apoyándolo en mí.
—Yo lo llevo. —afirmó Throgar.
—Está bien.
—¿Ese tipo es un monstruo? —cuestionó Isolde. —es demasiado fuerte.
—¿Por qué no se hizo aventurero desde antes? —indagó Calista. —está a una escala superior.
—Siguiente combate. Calista y Thalir, al frente. —era la chica morena.
—Maldición, no podré hacer nada. Nunca entrené.
Ambas se pusieron en el campo, mirándose fijamente. Dio comienzo la batalla y Thalir se aproximó antes de que Calista pudiera mover un dedo, acabando con ella con una patada en la cabeza. Había quedado inconsciente.
—Qué debilucha. —comentó Isolde—. ¿Cómo es que no pudo hacer nada?
—Eso es porque ella pertenece al linaje de la magia, dentro de mi raza. —contestó Caelir detrás de Isolde.
—¿¡Qué mierda!? —Isolde se giró para golpearle en la cara, pero fue detenida por Eryndor y Liora. —suéltenme. —quitaron sus manos.
—No vuelvas a intentarlo. —señaló Liora con una mirada intensa.
—Para la próxima que no vuelva a ponerse detrás, porque no cooperaré. —sus miradas se enfrentaban.
Throgar se ofreció a llevar a Calista al cuarto por no poder recuperarse. Los próximos en pelear fui yo junto con el chico delgado; su nombre era Celdran. Quedé atónito. Daba la impresión de que el destino jugaba en contra de mí.
—No puede ser… —expresó Shader. Enfocó la mirada hacia los tres heraldos—. ¿¡Cómo pueden hacer que pelee contra él!? ¡Es obvio que es injusto!
—Cariño… Nosotros no elegimos las peleas, es al azar. —contestó Zaira. —y no podemos interferir, porque si lo hacemos con uno, todos querrán hacer lo mismo. Eso arruinaría la dinámica.
—¿Sólo por eso?
—No importa. —expresé. —déjalo así. Por más que uno les ruegue de rodillas y en lágrimas, no les importará en absoluto. —enfrentaba miradas serias con los heraldos.
Nos situamos en las posiciones para el enfrentamiento.
—Así que nos toca pelear, ¿Será el destino?
—Adelante, derrótame de una vez por todas. Me da lo mismo. Todos sabemos que no haré nada contra ti.
—¿¡Es en serio!? Un bendecido por el espíritu del hielo… ¡Eres un desperdicio! ¡Yo soy un mejor recipiente y te eligió a ti! ¡Te acabaré en un instante por ser una basura insignificante!
—¿Es por eso por lo que me odia? Si supieras que no soy ningún bendecido, ¡No soy de este maldito mundo! No tengo nada especial.
Celdran se colocó en frente para antes de que pudiera percatarme. Arrasó conmigo como si fuera una mosca, haciéndome estrellar contra la pared. El impacto de ambos golpes fue extremadamente fuerte que me dejaron sin aire y al instante perdí el conocimiento.
—¿¡Eso es todo lo que tienes!? —dijo el desgraciado de Celdran con mucha ira—. ¡Vamos, pelea de una vez, elegido del espíritu!
Celdran fue con todo contra él, parecía no importarle que ya estuviera desmayado, así que dejé atrás las reglas y activé mi habilidad por más que sabía que no iba a hacer gran cosa; pero antes de que hiciera algo, los tres heraldos lo detuvieron.
—Se acabó, niño. —dijo Zaira—. ¿No ves que está inconsciente?
—Era obvio que iba a pasar esto. —dijo Kairon.
De repente un maná oscuro se desprendió de Lie, se podía sentir un instinto de asesino en él; enseguida Talyra se puso delante, apoyando la mano en su cabeza y desapareció esa sensación.
—¿Qué fue eso?
—¡Esto se acabó, vayan a descansar! —gritó Talyra.
—¿Qué fue lo de hace rato? —preguntó Throgar. —su maná fue siniestro por un momento.
—Tal vez tenga que ver con el espíritu de hielo. —contestó Eryndor.
Me desperté exaltado en una cama, era del cuarto que habíamos elegido. Por algún motivo estaban también los elfos.
—¿Ustedes qué hacen aquí?
—¡Ah, es que son los únicos que parecen agradables! —contestó Caelir sonriendo.