La decisión que cambió mi destino

Libro 1: Hemos llegado a la capital: Un despertar: Parte 2

Al alzar la espada salió un aura dorada, sintiéndose un poder inmenso saliendo de ella, que se mezclaba con el suyo.

El resto comenzó a obtener sus respectivas armas, otros un escudo. El único que faltaba en tener era yo; por lo que recibí burla de todos, entre ellos estaba Isolde. Me enfurecí de una forma que nunca lo había hecho, y luego de cerrar los ojos por un momento, miré a todos de forma amenazante con la mano aún extendida.

Un cofre viejo y largo, casi escondido, comenzó a agitarse de forma brusca hasta que de él salió un bastón de madera, pero con una carga de energía intensa.

—¿Un bastón? ¡Qué patético! —expresó Celdran riendo.

—¿Patético? Se siente una gran energía en él. —repliqué.

—¿De qué hablas? —preguntó Calista confusa. —no se siente nada.

—Yo te creo, amigo. Puede ser que solamente tú lo sientas.

¿De verdad sólo yo lo siento? —noté que los heraldos me miraban, o miraban el bastón, de forma seria—. ¿Ellos también lo sienten? ¿Qué es este bastón?

Lo siguiente fue practicar con ellos, haciéndonos golpear simples muñecos de pajas; los que tenían escudos como Shader, tuvieron que tomar un arma cualquiera sin nada especial. A la mitad de la semana tuvimos que enfrentarnos con las copias de Zaira; la intensión era desbloquear la habilidad del arma, todos, menos yo, lo hicieron. Me sentía molesto por eso, aunque me lo esperaba, así que no le di importancia de más.

Al llegar el último día nos hicieron ir al área principal, donde siempre había aventureros.

Tuvimos que acercarnos a la recepcionista formando una fila. Nos entregaron un anillo de cobre, en él había un círculo con una espada en vertical en el centro, detrás de la espada había una estrella de cuatro puntos, y la hoja tenía una llama rodeándola.

—¿Por qué nos dan esto ahora? —preguntó alguien.

—Es porque ya terminó el entrenamiento, la última fase es ir a la sede del atributo que ustedes elijan. —contestó Talyra. —sanador, asesino, espadachín, arquero y tanque. Ustedes elijan y les daremos la ubicación si no saben dónde están. Les daremos su tiempo.

—Sigo pensando que ser asesino como Elran es lo mejor. —expresó Shader.

—Sanadora. —comentó Calista. —como ya había dicho, me manejo bien con mi magia.

—Obviamente que espadachín. —expresó Isolde.

—Supongo que asesino. Vi el poder que le otorga a Elran y me parece bueno si quiero sobrevivir aquí.

—Creí que elegirías espadachín. —comentó Shader.

—Lo sé, pero me parece mejor el asesino. Obtienes ataques rápidos.

—Yo elegiré tanque, ¿Tienen pensado armar un grupo entre ustedes?

—No lo pensé, podríamos. —contestó Shader—. ¿Quieres unirte si lo hacemos?

—Eso me gustaría.

—Yo no me uniré a nada. —contestó Isolde. —iré por mi cuenta.

—Ya quisiera verte, estarás jodida. —expresó Calista.

—¿¡Quieres comprobarlo!? ¡Tú fuiste derrotada de un solo golpe!

—Pues eso es porque yo me especializo en la magia, no en combate cuerpo a cuerpo. Eso es todo.

—Bien, ¿Ya eligieron? —expresó Zaira.

Ya habían tomado una decisión, así que apenas nos indicaron las ubicaciones fuimos de inmediato; estaba cerca del castillo del rey. Dentro de la sede tuvimos que esperar en la sala principal. Apareció una mujer con una ropa bastante provocativa a ponernos la marca de asesino; una daga curva cruzada en una media luna.

—¿Eso es todo? —pregunté.

—No, ahora deben entrar ahí.

Ella ingresó con nosotros, y la completa oscuridad apareció de inmediato, desapareciendo en ella. No podíamos ver nada, salvo entre nosotros. La atmósfera era tensa y pesada.

—Aquí aprenderán a ser verdaderos asesinos. —se escuchó por todas partes.

—Pero no vemos nada, ¿Cómo se supone que…? —algo lo tumbó con fuerza—. ¿¡Qué…!? ¡Me está sangrando la cara!

—¿¡Qué está pasando!?

Recibíamos ataques por doquier. Era como si hubiera seres invisibles: intentábamos acertar al menos un golpe, pero nos resultaba imposible. Shader se quedó quieto de repente, con los ojos cerrados, como si se le hubiera ocurrido algo. Lanzó un golpe con su daga y se oyó un chillido; había acertado.

—¡Eso es! ¡Si él pudo, nosotros también!

—¡Sí! ¡A seguir intentándolo!

—¿Son idiotas o qué? Es obvio que la clave es el silencio. Pedazos de infelices.

—Ay… Lie. No digas eso, sólo les cuesta entenderlo. Mejor explícaselo.

Como digas. Oigan…

—Escuchen y dejen de gritar. ¿Cómo podrán pelear si no escuchan a los enemigos? —expresó Shader. —debemos agudizar nuestros oídos.

—Tiene sentido lo que dice el niño. Hagamos silencio.

Cerraron la boca y entramos en un silencio absoluto. Cada vez que escuchaba unos pasos atacaba, pero no acertaba ninguno; era yo quien recibía los golpes. Por otro lado, Shader ya lo había conseguido: me alegraba por él, aunque también lo envidiaba por hacerlo tan rápido.

De a poco el resto también lo logró y comenzaron a burlarse de mí por tardar.

—No les hagas caso, amigo. Cierra los ojos y siente el entorno. Yo sé que puedes.

Me aferré al bastón, lo apoyé firme y cerré los ojos, dejando la mente en blanco; concentré mi respiración. Las cosas me atacaban, pero no les di importancia por más dolorosos que eran; seguí concentrado hasta que, por fin, pude oír una pisada delante de mí y di el golpe: acerté. Los siguientes ataques también fueron certeros.

—Bien hecho. Aprendieron a usar sus otros sentidos. Ahora deberán aprender a activar la marca.

—Pero, ¿Cómo lo hacemos?

—Eso depende de ustedes, asesinos. Esta vez la dificultad aumentará.

Uno fue atacado de manera brutal, tan rápido que ni siquiera alcanzó a defenderse. Un corte seco le abrió el brazo de arriba a abajo, y la sangre salió a presión, salpicando el suelo y manchando a los que estaban cerca. El grito que lanzó se apagó enseguida cuando otro ataque invisible lo atravesó de lado a lado.



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En el texto hay: reencarnación, fantasa y magia

Editado: 23.02.2026

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