—Su maná aumentó de golpe, ¿Cómo es eso posible? —cuestionó Calista.
—Eso ahora mismo no importa. —contesté mientras transformaba el bastón en la daga. —hay que acabar con él o nos acabará.
Sin necesidad de hablar, Shader y yo fuimos contra él sincronizándonos de forma natural usando la facción. Cada ataque que dábamos no llegaba a si quiera rosarlo. Aumentábamos nuestro poder cada segundo y en cada ataque, al llegar a nuestro límite fue cuando por fin pudimos atravesar esa barrera invisible y poder tocarlo; aunque sólo fue un rose, fue una demostración de una pequeña y posible oportunidad de victoria.
Shader aún no usaba su magia de potenciación. No sabía si lograría combinarlo, al nunca intentarlo, sin embargo, la situación lo ameritaba; y no sólo eso, también desprendió todo su maná para llevar al máximo su cuerpo: no le importaba saber que eso le estaba afectando, ya que de esa manera lograba hacerle más frente que antes con sus ataques combinados con todas sus armas y trucos. Me dejó atrás como si nada, obligándome estar al lado de los demás mirando cómo se mataba así mismo. Por más que todos lo sabíamos, no podíamos tomarnos el lujo de hacerle frenar si queríamos salir ilesos.
Un ataque de corta distancia por parte de Shader falló, un descuido pequeño y sutil, pero que lo llevó a ser contraatacado desde el estómago y mandado al techo, quedando incrustado en él.
Observaba con intensidad cada detalle de la situación, de mis compañeros al vampiro, del vampiro a Shader, Shader al grupo, y así en un bucle sin parar. Todo mientras mi respiración se agitaba con mi mente alterándose y sin saber qué hacer. Por consecuencia el miedo se mezclaba con la ira.
—¡Haz algo, Lie! —gritó Calista.
Levanté la mirada con enojo:
—Te mata…
No terminé de hablar, que el vampiro me estrelló contra el suelo tomándome desde la cabeza. Lo siguiente fue arrastrarme, lo que me dañaba todo el rostro: el dolor que sentía era tan desgarrador que me hacía provocar un grito incontrolable, si no fuera por la facción tendría la cara destrozada. Luego de frenar me golpeó contra el suelo varias veces y me dejó como una simple basura.
Mientras agonizaba miraba cómo caminaba despacio hacia los demás demostrando su superioridad. El no poder hacer nada hizo que me regresara el miedo que tanto me había costado quitarme; era como volver al comienzo de todo. Mi respiración comenzaba a romperse y el corazón latía con furor, incluso el cuerpo me temblaba. Pese a ello, al saber que iba a ser el fin de ellos si no hacía nada, me esforzaba en levantarme.
Ver que ya estaba a dos pasos de ellos, la adrenalina se me subía pese a lo que sentía. Ambas sensaciones se chocaban entre sí. Daba todo de mí para soportar el dolor de mi rostro y poder ponerme de pie. Estando ya en frente de ellos, Isolde se abalanzó invocando sus golems alrededor. Y antes de que el vampiro hiciese algo, ya estaba de pie. Le arrojé con toda mi fuerza el bastón para que se girara hacia mí; lográndolo.
—Ma… ¡Maldito! —junté las manos apuntándolo. Desprendí mi maná de forma inconsciente, resplandeciendo una energía imponente—. ¡Con la yema de mis dedos moldeo la escarcha, y que vuele como saeta contra mi enemigo! —por alguna razón, esta vez logré llevar el maná al límite y de mis ojos salía un aura dorada.
El ataque salió de tal manera que parecía una erupción de un volcán, pero uno de hielo; al igual que él, ellos tres no tuvieron oportunidad de escapar. Quería ir y acabarlo dando el último golpe, pero no podía moverme, ¿Cómo podía ser posible que esto estuviera pasando? Sentí la derrota en todo mi ser, haciendo que regresara la dificultad de respirar. Parecía que me pincharan algo en el pecho, así que llevé la mano a él con fuerza.
La congelación todavía se mantenía firme, pero sabía que tarde o temprano iba a deshacerse; más temprano que tarde. Al comienzo de la descongelación, de forma milagrosa, Shader apareció con un gran destello, que iluminó la sala por instante como un rayo de luz. Lo siguiente en ver fue a él en frente del vampiro con la daga incrustada en el corazón: segundos después terminó en el suelo, al mismo tiempo que el hechizo terminó. El cuerpo cayó en trozos.
—Qué alivio… —expresé.
—¡Chicos! —gritó Throgar apenas descongelarse.
—Ayuden a Shader… Él está peor que yo…
Calista usó la magia de sanación en él, curaba sus heridas, pero su poder era limitado para que pudiera hacer algo con su malgastado cuerpo y maná. Lo dejaron recostado e Isolde se quedó a su lado. Como yo no me excedí más allá de mis límites dos veces, al igual que él, podía al menos ponerme de pie luego de curar mis heridas. Throgar me entregó el bastón para poder ayudarme con él.
—¿Qué ha sido todo eso? —indagó Throgar. —creí que era de nivel bajo.
—Y lo es. —contestó Isolde. —nosotros todavía no somos tan fuertes. Tal vez aquellos nigromantes era una trampa para que nos confiemos, al final los nigromantes sin consciencia son simples heraldos de los vampiros. Seguro que ese grupito de la sede le hubieran ganado en menos de un segundo.
—¿Seguiremos con la mazmorra? Ellos dos están fuera de combate. —comentó Throgar.
—¿¡Estás loco!? —exclamó Calista. —si esos nigromantes eran unos peones, como ella dijo, entonces los demás monstruos son como él. —eso nos pasa por no investigar. —se mordió la uña.
La habitación se iluminó, enseñando la apariencia. Parecía el interior de una mansión. Había un par de cofres abiertos que rebalsaban de monedas de plata y cobre.
—Valió la pena… —sonreí con satisfacción. —esto nos salvó.
—Entonces nos vamos. —replicó Isolde levantando a Shader.