La decisión que cambió mi destino

Libro 1: La vida de los delincuentes: La injusticia del reino: Parte 2

—Eso no te incumbe. —contestó Calista.

—Tienes razón, no me incumbe. Pero dentro de aquí no puedo tolerarlo. Sin mencionar que tú, Isolde, tiraste el té. —miré a un lado molesta. —Liora, ¿Puedes llamar a la empleada?

—¿Cómo es que tienen tanto dinero? —preguntó Throgar.

—Sí, ¿Cómo es eso? —añadí.

—Oh, eso es porque yo soy…

—Caelir, no digas nada más. Recuerda nuestro perfil. —dijo Eryndor.

—Cierto… Lo siento, amigos, sólo disfruten de este momento.

—Ya es tarde, es mejor ir a dormir. —dijo Calista. —mañana hay que volver.

—Los ayudaré, quiero un poco de acción.

—Es mejor que no… —contestó Liora.

—Liora, lo mismo que le dije a Eryndor, yo soy el que manda aquí. Ustedes actúan como mis guardias y consejeros.

—Claro.

—¡Entonces mañana nos divertiremos! —miraba a Calista de reojo.

Por la mañana me encontraba de pie en la ventana mirando con antelación a la capital. No se me hacía posible pensar que seres tan despiadados estuvieran viviendo en un lugar tan hermoso como lo era la capital. Luego de vestirme me dirigí con el resto, que al parecer estaban listos para regresar a la mazmorra; Shader se encontraba con ellos, se le veía en buen estado.

Calista se me acercó mirándome con ternura y se acomodó el cabello.

—¿Estás mejor? Terminé de curarte las heridas mientras dormías. —su voz era más aguda de lo normal.

—Estoy bien gracias a ti. —sonreí tomándole la mano. La quitó de inmediato y se giró con rapidez hacia los demás. —creí que… No importa.

—Amigo, estamos de nuevo.

—Sí, lo estamos.

—Me enteré de que nos quitaron todo.

—No te preocupes por eso, Eryndor dijo que las recompensas de misiones sí nos las quedamos toda. —contestó Calista.

—Son tan bondadosos que eso nos lo dejan, ¿He? Pero qué mierda.

—Sé que es toda una porquería. Hay que ver el lado positivo siempre y estar con la frente en alto. —me tomó el hombro. —sé fuerte, amigo.

—Si ya están listos, vayamos a la mazmorra. Eryndor y Liora nos acompañarán. Son bastantes fuertes.

***

—¿Ellos quiénes son?

—Unos amigos. No son delincuentes, nos acompañarán.

—Como sea, pueden entrar. Con que traigan más tesoros, mejor para mí.

—Sí es desagradable. —comentó Liora. —no mentían.

—¿Perdón? ¿Quién te crees para hablarme de esa manera, Elfa repugnante?

—¿Es el único insulto que se te ocurre?

El hombre la miró con molestia.

—Entren de una vez.

Al entrar, no nos encontramos con ningún nigromante. Caelir, con su magia de fuego, creó una llama grande que flotaba en frente de nosotros. Iluminaba gran parte de la habitación. No había rastros del pasillo, y de inmediato recordé que había aparecido mientras tocaba la pared. Caelir tenía curiosidad de ver si se había regenerado el vampiro para enfrentarse a él.

—Esa cosa es muy fuerte, ¿Estás seguro de que podrás con él? —cuestionó Shader.

—Tranquilo. Soy más fuerte de lo que demostré en la sede.

Nos pusimos a buscar esa abertura, aunque por mi lado, lo hacía con desconfianza. No la encontramos, en su lugar bajamos por los escalones que estaban en frente: el cuarto era espacioso, pero no grande, en él había zombis; que apenas se percataron de nuestra presencia se vinieron contra nosotros. Cubrían casi todo el espacio y eran demasiados rápidos.

No nos dejaron tiempo de planear algo, fue todo espontáneo, ¿Podíamos hacer algo? Throgar de nuevo colocándose en frente de Calista. Shader e Isolde juntaron espaldas, los elfos hicieron lo mismo: quedándome solo como siempre. Los ataques eran brutales y veloces, podíamos apenas mantener el ritmo; Calista usaba su magia de agua por no saber usar bien su espada doble. Los tres elfos eran los únicos que no sudaban. Calista no lograba hacer mucho, por lo que Throgar se esforzaba demasiado en protegerla, era por esa razón que estaban en aprietos.

Ahora, por alguna razón me preocupaba el bienestar de Calista, siendo así que fui con ella a toda potencia esquivando a los zombis por estar a punto de ser atacada, debido a que Throgar no alcanzaba a hacer algo.

—¿Estás bien? —pregunté tocándole la mejilla. Se quedó mirándome en silencio, hasta que se apartó. Noté a Caelir mirándonos.

No me aparté de ella en ningún momento durante el combate sin dejarle hacer algo, no quería que saliera herida. Luego de terminar con ellos, quedamos exhaustos: Throgar más que todos; había dado todo de sí, es por eso que decidimos descansar un rato. Por suerte teníamos a disposición bastante agua y comida. Nos tomamos pocos minutos por no querer perder mucho tiempo; antes revisamos la ropa de los zombis en busca de objetos de valor, algunos tenían monedas de cobre y bronce, pero no más que eso.

—Ya vieron lo que es pelear en una mazmorra de nivel ocho, el número sólo lo hace parecer fácil, ¿Verdad? —comentó Caelir. —sé que eres un amigo, Lie, pero parece que este nivel es mucho para ti, en comparación de mí, ¿No crees, Calista?

—Derrotó a lo que pareció ser un jefe oculto. Todavía le falta recuperarse, así que no lo subestimes.

—¿En serio?

—Shader hizo el mayor trabajo. —contesté rascándome la nariz.

—Eso dicen, pero si él no lo hubiera congelado, yo no lo habría hecho. A todo esto, ¿Por dónde hay que seguir?

—Hay una abertura al frente y lo que parece ser dos pasillos casi juntos. —comentó Eryndor. —dividámonos en esos dos pasillos primero y reagrupémonos cuando sepamos a dónde llevan.

—Buena idea.

Nos dirigimos al de la derecha. Era un poco largo, y al toparnos con el final nos reencontramos con los elfos. Y a nuestra izquierda había un cuarto cerrado. En él había un cofre con monedas de plata, por debajo una compuerta con cerradura. Revisamos el cofre en busca de la llave, no había nada. A Eryndor se le ocurrió que podía ser algún tipo de hechizo, así que cerró el cofre y lo abrió de nuevo: allí estaba, la llave, aunque las monedas no estaban más.



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En el texto hay: reencarnación, fantasa y magia

Editado: 23.02.2026

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