—Gracias por salvarme, Isolde.
—No te ilusiones. Cualquiera lo habría hecho, pero yo tengo conocimiento en esto. Tuviste suerte de que estoy contigo. —contesté seria.
—Claro. —sonrió.
Estábamos cansados, pero no podíamos irnos. La compuerta apareció y el pasillo se achicó, apareciendo una abertura en la derecha.
—No esperaba en que íbamos a esforzarnos de esa manera. —dijo Eryndor.
—Gracias a esto sé que debo aumentar más mi poder. —dijo Liora. —creí que era fuerte, pero veo que hay seres inimaginables.
—¿Cómo está Lie? —preguntó Shader mientras intentaba ponerse de pie—. ¿Pudiste curarlo?
—Preocúpate por ti ahora. Calista lo curó, está inconsciente.
—Cuando nos vayamos de aquí, no nos vuelvan a contactar. —dijo Eryndor.
—¿Y eso por qué? —preguntó Calista.
—Nos trajeron hasta aquí.
—¡Eso lo decidieron ustedes! —grité—. ¡Nosotros nunca se lo pedimos! Además, ustedes se la daban de ser super fuertes, ¿Me equivoco?
—Sin comentarios.
—Cuando te conviene.
—Da igual esa tontería. —contestó Liora. —ahora enfoquémonos en salir.
—Así es, no podemos quedarnos aquí por mucho tiempo. —dijo Throgar. —nos podrían multar o algo.
—¿De verdad eso es lo que te preocupa? —preguntó Liora. —no vuelvas a decir tonterías. Enfócate en servir para algo, hasta ahora no hiciste nada más que estorbar.
—Lo siento. Haré mi mejor esfuerzo.
Pasamos por esa abertura, era un cuarto con demasiadas monedas, pero no tanto como el vampiro. Sin dudarlo las tomamos, aunque sabíamos que nos iban a quitar gran parte. Antes de irnos tomé el arma del monstruo y lo oculté dentro de un golem.
—Sí que terminaron hechos mierda. —dijo el hombre riéndose. —bien, ¿Qué tienen para mí? Ustedes también tienen que enseñarme.
—Lo había olvidado. —dijo Shader. —estaba muy emocionado.
—Ay… El niño se ilusionó. —contestó con sarcasmo.
—Pedazo de imbécil. —dijo Liora susurrando.
—Acá está todo. —dije. Los golems dejaron caer las monedas encima de él.
—¿¡Qué mierda haces!?
—Ups, se cayeron. Los golems a veces parecen actuar solos.
—Cierra la boca. Ustedes denme sus monedas.
—Entramos juntos, pero actuamos separados. —dijo Caelir. —saca las cuentas separadas. Aquellas monedas son nuestras y las que están en el bolso también. Ellos no pudieron hacer nada, no consiguieron nada. Tendrás que descontar lo normal, no incluir lo de delincuentes.
—Pero ellos son los dueños, no puedo.
—Ya no más. —le entregó a Calista la cantidad de monedas que pagamos por la mazmorra. —ahora soy el dueño.
El hombre chisteó:
—Como sea. Hay al menos diez mil de plata, un millón de cobre y ciento sesenta mil de bronce. Les queda tres mil monedas de plata, trescientas mil de cobre y cuarenta y ocho mil de bronce.
—El setenta por ciento, ¿He? Qué avariciosos son los humanos. —dijo Throgar con una voz casi diferente, como más varonil.
—¿Throgar? —preguntó Shader—. ¿Qué te pasó en la voz?
Comenzó a toser tocándose la garganta.
—Lo siento. —contestó con su voz normal, aguda como siempre. —debe ser la pubertad, en los orcos actúa de esta forma.
—Pubertad o no, el orco tiene razón. —dijo Eryndor. —es bastante dinero lo que nos queda, pero aun así sigue siendo injusto, luego de casi morir.
—Eso es problema de ustedes. Ahora tomen el dinero y lárguense. Les recuerdo que les queda un día, pero dudo que quieran volver luego de casi morir.
—No les demos más vueltas, amigos. —dijo Shader. —vayámonos de aquí. Tenemos que descansar, además Lie salió más herido.
***
Frenamos en la plaza.
—Aquí nos despedimos. —dijo Caelir. —ojalá que les sirva la mitad de lo obtenido.
—Ahorraremos en todo. —dijo Shader. —no sé ellos, pero no será un problema para mí. Estoy acostumbrado a vivir con poco.
—Estoy segura de que Isolde y yo no lo estamos, pero bueno, no nos queda otra opción, o, ¿Sí?
—Extraño a mi padre… ¡Odio esto, maldición!
—Ya es momento de irnos, no podemos dejar que nos vean tanto tiempo con ustedes. —dijo Eryndor. —entiendan que no es personal.
—Les devuelvo las setenta monedas que nos dieron.
—No hace falta, es de ustedes. Yo les compré la mazmorra, ¿Lo olvidaste?
—¡Muchas gracias! —dijo Shader con una reverencia. —nos han ayudado mucho. Es una pena que no podamos estar juntos. Pero bueno, todo es mi culpa y tengo que vivir con esa responsabilidad, y la responsabilidad de proteger a mi familia. —nos miró.
—Nos vemos. Y suerte. —dijo Eryndor.
—Intenta no morir, hermosa. —dijo Caelir. —que un día nos casaremos.
—En tus sueños.
Ya fuera de nuestras vistas, nos dirigimos a la corte. Tuvimos que entrar por el mismo lugar y nos llevaron esposados hacia la oficina del juez; dejaron a Lie en el suelo como un costal.
—Oh, bienvenidos. Sólo han pasado dos días, no me digan que ya consiguieron las monedas restantes.
—Así es, lo hicimos. —contestó Shader. —aquí están. —se puso de pie y los guardias le apuntaron con sus espadas. —tranquilos, le entregaré las monedas.
—Dámelas a mí. —las tomó y se las entregó al juez.
Las puso en una balanza.
—Están todas. Bien, pero subió la tarifa. —con una sonrisa maliciosa añadió. —a cien más.
—¿Qué?
—Así es. Me duele, pero ocurrió de repente.
—En ese caso espere más tiempo, no tardaremos en conseguirlas. —dije.
—Les daré un día. Si en dos consiguieron las doscientas, entonces en un día conseguirán las cien.
—Maldito hijo de… —un guardia me golpeó.
—¡Más respeto con el magistrado Alren Voss!
—Pueden marcharse.
Cuando salimos fuimos a la sede de aventureros en busca de información sobre posadas de las más baratas. Allí nos dio varias opciones, pero incluso la que era una choza malograda lleno de pajar nos era cara; una moneda de plata por noche. Pero no teníamos otra opción. Se encontraba en un pueblo cerca de la capital, así que sin dudarlo fuimos allí.