—¿Así que el juez que les dio el veredicto, les hace eso?
—Sí, es un maldito bastardo. —expresé con ira. Apreté con fuerza el bastón y tomó la forma de la daga.
—Eso es ilegal, es una al mes, y son cinco monedas de plata.
—¿Qué acabas… De decir…? —lo miré con un asombro frío, mezclado con enojo.
—¿Cinco monedas de plata? —indagó Calista—. ¿Es una broma?
Desde Shader rebozaba su maná sin control, mientras observaba el suelo con ojos que no eran propio de él. Al estar a su lado, podía escuchar su respiración agitada.
—Típico de humanos. —por casualidad escuché a Throgar susurrar con una voz grave y fría.
—¡Haré que mi hermano se lo haga pagar!
—¿Por qué esas reacciones? ¿Están pagando más que eso?
—¡Sí! ¡Nos hizo pagar mil monedas y luego doscientos más, encima ahora quiere más de doscientos! —grité poniéndome de pie. —¡Mataré a ese hijo de puta!
—Si fuera tú no lo haría. —contestó el señor.
—¿¡Que no lo haga!? ¿¡Quién mierda te crees para decir eso!?
—¡Lie! —Shader se puso en frente de mí. —no te desquites con él, no tiene la culpa de nada. Si quieres sacarte el enojo, hazlo conmigo. Golpéame.
—¿Qué?
—Ya escuchaste, golpéame. Todo esto es culpa mía. Ustedes pueden hacerlo también. Pueden hacerlo las veces que quieran.
—¿Golpearte? Deja de decir estupideces, idiota. No te golpearemos. —me senté. —ya siéntate. No quise gritarle, señor.
—Lo sé, descuida, ¿Tienen hambre? Debajo del asiento hay un cajón con comida, si quieren, pueden agarrar.
—Estamos bien, gracias. —contestó Shader.
—Como gusten.
Ninguno nos opusimos a la opinión de Shader, parecía que respetaban los límites. Me había sorprendido más Isolde, no creí que fuese a aceptarlo, quizás hasta ella comprendía ciertas situaciones.
Durante el viaje nos manteníamos en silencio, no sabía por qué, pero de esa manera nos manteníamos en paz, o eso era para mí: ellos sólo miraban al horizonte, como si sus alrededores ya no importaran. Parecía extraño verlos así, podía decirse que me ponía feliz que estuvieran en un momento de tranquilidad.
Con el tiempo mi cuerpo se relajaba, el viaje se hacía cómodo y tranquilo, haciendo que de a poco me quedara dormido.
Shader me despertó con esa energía de siempre. Habíamos llegado a la mansión del hermano de Isolde, Eldric. Un nombre adecuado para un estatus como el suyo. El hombre insistía en recibir una paga, sin embargo, Shader le dio dinero a la fuerza, poniéndoselo en su bolsillo.
No le dijimos nada, era lo mínimo que se merecía después de traernos sin busca de algo a cambio. Una vez que se marchó, ingresamos por la puerta de reja, llegando, luego de unos pasos, a unos guardias que nos frenaron. Nos quedamos a mitad del camino.
—Señorita Isolde, ¿Qué hace aquí?
—¿¡Qué hago!? ¡Es mi hogar también! Puedo venir las veces que quiera.
—Lo lamento, pero eso no es posible. El señor Eldric es el nuevo dueño, y usted no tiene permiso de ingresar a una propiedad privada sin su permiso, lo lamento.
—¿¡Estás hablando en serio!? ¡No eres nadie para decirme si puedo, o no, entrar a mi casa!
—Ya le dije que…
—¿Pero qué tenemos aquí? —Eldric apareció por detrás sin que nos diéramos cuenta. —hermanita, ¿Qué haces aquí? ¿Sabes que es ilegal entrar a una propiedad privada?
Por un momento me pareció que Throgar y Eldric cruzaran miradas como si se conocieran.
—Hermano… —la voz fue sutil y algo temblorosa, como si ella estuviera muy por debajo de Eldric.
—Lo sentimos. —expresó Shader. —no queremos molestarlo, pero necesitamos tu ayuda.
—¿Mi ayuda? ¿Qué les hace pensar que yo les ayudaré?
—¡Haremos todo lo que pidas! ¡Sin importar lo que sea!
—¿Hablas en serio? No sé si estoy interesado, no creo que ustedes sean capaces de hacer lo que quiero.
Shader se postró de rodillas en clemencia.
—¡Por favor! ¡Te lo suplico! El juez nos está quitando más dinero de lo que podemos dar… Debemos ahorrar mucho dinero para comprarnos mejor equipamiento y reabastecer la ropa por las peleas. Y si sigue sacando dinero como lo está haciendo… Estaremos acabados.
Ver esa escena me llenó de impotencia, era difícil dejar que se humillara de esa manera.
—¿Y qué pretendes que yo haga? ¿Les de dinero todos los días? ¿Qué gano con eso?
—No le pido eso… Sé que tiene mucho poder político, tal vez podría hablar con el juez para que dejara de hacer eso. Hace poco nos enteramos de que nos está quitando más de lo normal.
—¿Cómo se lla…?
—Alren Voss. —contesté interrumpiendo, no soportaba la ansiedad. Su mirada fue frívola por un instante. —ese es el nombre del bastardo que tiene sus días contados.
—Alren Voss, ¿He? Pueden entrar.
—¡Muchas gracias! —gritó Shader.
—Se lo agradezco. —expresó Calista agachando la cabeza. —no tiene idea de cuánto nos está ayudando. Cualquier cosa que nos pida, prometo que se lo daremos.
—Eso… Lo podemos charlar dentro.