Dejé la llave en el mesón. No me interesó pagar, después de todo, dudo mucho que les importara; y yo no quería tampoco regalarles nada.
Abrí la puerta y me adentré hacia un campo de batalla silencioso. A lo lejos, muchas personas andaban de un lado para el otro, haciendo su vida cotidiana. Extraño era una palabra sencilla, pero así se percibía todo por las calles. En ese momento no sabía con toda exactitud cuántas personas eran parte del complot que envolvía todo, y no podía imaginarlo más allá de la experiencia de la noche anterior, pero no podía importarme.
Llegué hasta la terminal de buses. Llegué hasta la misma ventanilla. La misma joven fue la que me atendió. Me entregó un billete de color rosado con un destino fijo. Solo ida. Nada más. Cuando me di la vuelta, ella soltó unas palabras tan verdaderas como falsas.
—Espero que vuelva pronto.
Una amenaza disfrazada de algo más. Al mismo tiempo, no sabía si ella era parte del todo, pero no me importó. No me di la vuelta y seguí caminando.
Me senté en una banca un tanto solitaria. Uno pensaría que una terminal de buses debería ser un sitio concurrido; y así lo era. Muchas personas iban y volvían, compraban en las taquillas y comercios pequeños, entraban en los baños del lugar y se subían a los autobuses para emprender su viaje. Pero poco a poco, todos ellos fueron desapareciendo. Poco a poco, solo quedaba yo. Y poco a poco, solo quedó un autobús delante de mí. O bueno… si podía llamarse así, era un trozo de metal con ruedas: las ventanas estaban rotas y en muchas partes los remaches faltaban. Incluso quieto en su espacio, con su motor asemejándose a pulmones llenos de humo, parecía querer caerse a pedazos.
Suspiré. No voy a negar que aquella muestra de poder no me asustó, todo lo contrario, pero mi decisión estaba tomada.
Un hombre con un traje lustroso y de semblante molesto descendió por los escalones. Detrás de él, una ayudante con un uniforme igual de aburrido lo siguió. Ambos caminaron hasta un pequeño kiosco de oferta poco interesante: chucherías y revistas baratas eran todo lo que había, la mayoría de ellas incluso viejas. Cuando los dos llegaron hasta la ventanilla, el hombre que atendía, este de aspecto senil, de arrugas con unos pocos pelos y de una mirada perdida, se giró hacia mí; luego los dos otros también se giraron hacia mí. Vi de reojo, como si nos los viera, pero estaba al pendiente. Sí, no parecían alegres conmigo. Durante un momento temí por mi vida. Lo reconozco, fui poco inteligente, pues no pensé en las posibilidades de hacerme desaparecer cuando tracé mi plan. Pero durante la noche destrocé en silencio la cama de madera de mi habitación. Con algo de ingenio, tallé una especie de estaca. Fue lo único que se me ocurrió en ese momento, pero era un arma letal; y si ellos estaban planeando atentar contra mí, lo justo era que yo también lo hiciera.
El intercomunicador hizo el llamado en un sonido distorsionado e irritante. La voz al otro lado clamó por mi nombre y una ciudad. La verdad, me lo esperaba, no podía ser de otra forma. Me levanté con mi maleta aferrada a mi palma y avancé hasta el autobús. El conductor me miró divertido a lo lejos. Subí los escalones y me busqué un buen espacio, justo detrás del conductor. Su cara no ocultó el asombro y la molestia; eso me alegró un poco la mañana. Su compañera se sentó en un espacio designado para ella, y el motor volvió a rugir con sus entrañas enfermas y deterioradas por el óxido y la poca mantención.
Durante el trayecto hacia mi ciudad volteé para ver el borde costero. El agua se veía oscurecida por las nubes oscuras. Seguía siendo relajador, en especial porque mis conductores no decían nada. De todas formas, contemple buscando algo en que pensar durante las pocas horas que duraría el trayecto.
Vi una línea un tanto alejada. Era una especie de arrecife. No lo recordaba, lo leí en un panfleto de la ciudad. Creo que se llamaba el Arrecife del Pirata Muerto. Historia curiosa, si me lo preguntan. Durante los años donde los bucaneros surcaban los mares, una isla cercana era usada como centro de comercio. Bueno, en general la zona lo era, incluso algunas inmediaciones de la ciudad, empero de que en aquellos tiempos eran campamentos sin mucha complejidad. Lo curioso, y volviendo al nombre, es que el arrecife era solo visible en ciertas épocas de mareas bajas, pero no por ello no sobresalía lo suficiente por debajo de las mareas. La mayoría de los barcos que pasaban sobre las rocas eran destrozados, y si tenían mala suerte, chocaban de frente durante las noches. La cantidad de corsarios muertos no fue contabilizada de ninguna forma, y en la casi absoluta mayoría de los casos ni siquiera datada. La excepción a la regla mencionada fue un tal Henry P. (sí, compartíamos nombre), quien, dada su alta recompensa y peligrosidad, fue dado de baja en algún periodo entre 1690 y 1700. Posterior a eso, cerca de la isla casi anexa al arrecife, se construyó un faro que fue destruido luego de una marejada antinaturalmente alta.
Después de aquello, mi mente se fue a blanco. Me concentré en quienes tenía delante. Por suerte, el camino, aunque aburrido, no se desvió un solo centímetro. En poco tiempo vi el cartel que daba la bienvenida a mi ciudad, al lugar donde comenzó todo. Recorrimos las calles aburridas y cuadradas, llenas de gente de cara poco amigable, pero que eran mucho más confiables que las dos personas sentadas en las dos butacas de cuero desgastado y desgarrado. Llegamos a una estación de buses, aunque esta se encontraba sucia y gris. Las personas iban y volvían.
Bajé de mi autobús. La voz detrás de mí dijo algo. No le di mucha importancia, no me interesaba. Avance entre las baldosas descoloridas, observando cada instancia a mi alrededor. Nadie me seguía, pocos me observaban. Nadie parecía notar mi presencia con intención. Sonreír en mis interiores y bajé unas escaleras mecánicas.
Cuando salí al estacionamiento encendí un cigarrillo. No suelo fumar, y es una costumbre que no me gusta demasiado; pero para disminuir los nervios es algo que me viene bien. Por lo menos ya no me sentía en peligro. Pero eso iba a cambiar.
Editado: 31.12.2025