La desaparición de Helena Sharp.

Sexto día (tarde).

Nos detuvimos en una cafetería antes de salir de la ciudad. Dimos varias vueltas entre calles y su tráfico, una y otra vez, hasta que estuvimos seguros; incluso pasamos por mi oficina. O’Brien traía consigo un disfraz un tanto elaborado. No era lo mejor de lo mejor, y con todo, pasaba desapercibido. Así que era momento de recargar un poco de energía y luego comenzar el camino de vuelta.

El plan no era malo. El auto que usaba O’Brien era de Catalina, registrado al nombre de la madre en un estado apartado. ¿Qué hacía él con el auto de Catalina? Resultaba curioso; ella misma revisó, según sus palabras, varias de las marcas sobre sus propias tropas. La mayoría se encontraba comprometida, salvo por O’Brien y unos pocos. Me contó algo peor: las muestras enviadas se iban a retrasar. No necesité mucha deducción para entender la razón detrás de aquello. Y aquí entró O’Brien, quien fue enviado a un laboratorio de una ciudad alejada, pero mucho más avanzado, con el auto de Catalina en una misión sencilla: que las muestras estuvieran listas de inmediato. En papel, O’Brien fue a visitar a su madre enferma, quien vivía en la ciudad lejana. Fotos y videos fueron subidos a redes sociales. Algo rescatable de estas.

Y ahora lo que nos faltaba era volver a la ciudad, conmigo de incógnito.

Compramos cuatro cafés y varios snacks salados. Si había suerte, llegaríamos al anochecer. Y si había más suerte, nadie se daría cuenta de nuestra treta. Solo teníamos que alcanzar nuestra nueva guarida y ojear las pistas recién obtenidas del laboratorio.

Salimos del lugar tranquilos. Como si nada ocurriese. Nos sentamos y el motor comenzó a correr. El problema iba a ser soportar el calor incesante de un automóvil sin aire acondicionado, pero bajar las ventanillas no iba a ser una opción en ningún tramo del camino.

En poco tiempo ya estábamos fuera de la ciudad. La carretera era aburrida, y ni O’Brien ni yo queríamos decir una palabra. Catalina le había explicado con lujo de detalle a lo que nos íbamos a enfrentar. Lograba ver en su mirada y en la forma en que conducía su preocupación. No podía culparlo; era joven y un tanto obstinado, pero de buen corazón. En algunas ocasiones es una excelente combinación, pero en nuestro caso, no estaba tan seguro. ¿Un pueblo lleno de sectarios de quién sabe qué cosa? No era para todos, y la mejor forma de lograr una victoria era a través de la inteligencia.

Poco a poco, las nubes se formaron arriba de nosotros. El mar comenzó a formarse mientras a lo lejos veía la ciudad brillar junto a un sol que se escondía en el horizonte. Apreté mis puños.

Necesitábamos darnos prisa.

Mientras el automóvil se acercaba a la entrada de la ciudad, le envié un mensaje a Jennifer.



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En el texto hay: misterio, horror, terror

Editado: 31.12.2025

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