La desaparición de Helena Sharp.

Último día (tarde). Segunda parte.

Nuestros ojos no daban crédito a lo que observábamos.

Seguimos en línea recta, no había pérdida. Llegamos a un anfiteatro subterráneo. Inmenso, tanto que casi la totalidad de la ciudad estaba reunida ahí, todos en gradas construidas a mano en una madera pálida. El techo era una especie de cilindro que se iba haciendo cada vez más estrecho, pero no por eso era menos robusto. Y, entre todas las paredes, aquellos ojos rocosos llenos de oscuridad.

Lo importante estaba debajo. Apenas era visible, pero lo podíamos ver. O, mejor dicho, las podíamos ver. Helena estaba tumbada en una especie de cama antinatural, construida en el mismo material en el que Laura, la hija del propio Beltcroft, fue llevada hasta ese mismo sitio. Ambas niñas estaban en una especie de sueño, uno en extremo pesado y profundo. Se veían, de igual forma, en paz.

Lo que me inquietó fue que todos observaban en silencio; todos ellos parecían estatuas. Ni un solo ruido, ni una respiración, ni una tos y, con aquellas máscaras, ni un pestañeo. En ese momento no me percaté, pero era como si estuviesen en un trance.

Ninguno dio abasto a lo que percibíamos. Yo me pregunté si todo aquello podía ser cierto o si solo estaba soñando. Una pesadilla parecía menos intimidadora porque, sin importar qué, un sueño sigue siendo eso. En cambio, lo que miraba detenidamente en esos momentos no lo era.

Catalina y yo fuimos los primeros en acercarnos un poco. Por suerte, una baranda en la parte alta nos cubría lo suficiente. En esos momentos no confiamos en los disfraces; a pesar de que algunos esperaban en la parte más alta de las gradas, el hecho de que nadie se moviera nos echaba hacia atrás con nuestros planes de infiltración. ¿Qué podíamos hacer?

Nos levantábamos, rápidos y sin demora. Fingimos, al igual que todos, ser uno de ellos. Nos quedamos quietos, con la mirada en la misma dirección que todos. Si era un trance, no nos iban a ver. Aunque en esos momentos no lo sabíamos. Fue una clase de apuesta arriesgada que funcionó de forma adecuada.

Sentí la mano de Jennifer sobre la mía. La apretó con fuerza mientras su mirada se clavaba abajo. Quizás era la única de todos los sectarios que en ese momento rompía la ilusión de uniformidad. Pero podía entender cuál era su incomodidad con la situación. Ver a su hija en peligro y no poder hacer nada debe ser desesperanzador.

De reojo, abajo, una figura sobresalió. Beltcroft iba acompañado de dos personas sin rostro. El sonido no se produjo, no hubo un aplauso o algo; todos guardaron la rectitud que los caracterizaba hasta el momento. Beltcroft saludó con su palma en alto y en una sola dirección. Desde la distancia no podía distinguir si disfrutaba todo aquello o si solo se trataba de una formalidad extra de su retorcido ritual. Uno de sus seguidores se acercó y le susurró algo. Asintió y luego se dirigió hacia el centro, justo en medio de ambas chicas.

El silencio siguió reinando. Por lo menos hasta que fue roto por el anfitrión de un espectáculo traumático.

—Hoy es el día… Hoy es el momento por el que llevamos trabajando tanto.

Ante cualquier público, el orador siempre es capaz de sacar un aplauso, un gesto o algo. Aquí todo siguió con el mismo silencio sepulcral. Lo único que pude sentir fue la impotencia de no poder hacer nada.

—Y lo que hemos logrado, se lo debemos a ambos —dijo Beltcroft, dando paso a quienes tenía detrás. Hernando y Bruce mostraron sus caras a un público pasivo. De no ser por la máscara que portaba en esos momentos, la rabia se hubiese visto a kilómetros de distancia; sin importar que mis deducciones fuesen correctas en esos momentos. Beltcroft volvió al frente.

» Hubo algunos contratiempos imprevistos en… la forma en que todo se llevó a cabo, pero al fin de cuentas, aquí estamos. Milenios, siglos, décadas, años, segundos; nada de eso significa algo para nosotros. Nuestra labor siempre se edificó como algo lento, como algo que debía construirse con mimo. Y por fin, hemos llegado hasta aquí. Y debemos darle las gracias a Blacksmith, pues sin él, no seríamos nada más que ignorantes en un mundo ajeno a las verdades que se ocultan a simple vista de todos. Blacksmith los trajo a todos ustedes aquí por un motivo, y es momento de que seamos testigos de aquello.

Todos dieron un aplauso al unísono. Uno solo que resonó como una maquinaria perfecta.

Bruce avanzó. Castillo hizo lo mismo. Cada uno se detuvo frente a una niña. Beltcroft dio unos pasos huecos y carentes de sentimiento. Se puso al centro, entre Helena y Laura.

—No… —dijo Jennifer a un lado mío. Su susurro resonó como un grito en mis oídos.

—Puedo hacer el tiro —dijo O’Brien.

—Nosotros también —añadieron ambos oficiales, ya con sus armas en mano.

—¿Y luego qué? —interrogó Catalina—. La mayoría de la ciudad está aquí… No podremos correr.

—Tenemos que hacer algo —dije yo.

—Tenemos que hacer algo, por favor —suplicó Jennifer.

Abajo, un sacerdote apareció portando una especie de daga ceremonial. Su hoja era plateada con adornos en gemas oscuras. No podía distinguir mucho más allá de aquello, salvo que era contenida en una especie de vitrina de un cristal pulido con varias flores marchitas de distintos colores por la parte alta. El arma se mostraba como si debiese ser protegida a toda costa. O como si no debiese salir de allí antes de tiempo.

Miré a Catalina. Ella parecía no saber qué decisión tomar. No la culpo, yo tampoco sabría qué hacer en su posición y en las circunstancias exactas. Delante teníamos todo por lo que trabajamos. Y al mismo tiempo no teníamos nada. Una bala podría resolver uno de los problemas. ¿Qué haríamos con los miles y miles restantes?

Pero…, ¿qué más podíamos hacer?

—Es la única opción —dije con tono sombrío. Saqué el arma que me habían dado y la oculté bajo la baranda. Debajo, aquel sacerdote le entregaba el contenedor de la daga.

—Si lo hacemos, vamos a morir —dijo Catalina. Belcroft se acercó al cristal. Por la parte de arriba abrió la caja.



#36 en Terror
#331 en Thriller
#151 en Misterio

En el texto hay: misterio, horror, terror

Editado: 31.12.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.