El 17 de junio de 1981, la reconocida empresaria Zafiro Smith daba a luz a su primera hija, a quien llamó Perla Smith. En la sala de partos de la Clinica Saint Peter, el reloj marcaba exactamente las 10:00 a. m.
Había un ambiente agitado; Zafiro, al ser primeriza, no sabía si llorar de dolor o reír de alegría. Mientras tanto, en el pasillo, su esposo William Smith caminaba de un lado a otro, visiblemente nervioso y ansioso por conocer a su hija.
De pronto, la puerta se abrió y salió el doctor Federich Mallone para informar al señor Smith que tanto su esposa como la pequeña se encontraban en perfecto estado. Tras felicitarlo, le indicó que ya podía pasar a verlas.
William sintió cómo se le iluminaban los ojos ante la noticia. Entró a la habitación, se acercó a la cama y, con infinita emoción, le dio un beso a su esposa. Al ver a su hija de tez blanca y mejillas sonrosadas, le corrieron lágrimas por el rostro al imaginar que una bebé tan hermosa era el fruto de tanto amor.
Se giró hacia Zafiro y le preguntó si finalmente le pondrían por nombre Perla; ella asintió con la cabeza. Poco después, el doctor Federich Mallone regresó para avisar a los esposos Smith que recibirían el alta en dos días, siempre y cuando la niña superara los chequeos médicos satisfactoriamente.
Mientras Marilyn Smile se alejaba por el pasillo empujando la pequeña cuna transparente, el silencio en la habitación del hospital se impregnó de una mezcla de alivio y una alegría casi tangible.
Los esposos Smith se quedaron tomados de la mano, procesando las palabras del Dr. Mallone.
Dos días. Cuarenta y ocho horas los separaban de cruzar la puerta de su hogar, ya no como un dúo, sino como una familia de tres.
—Zafiro rompió el silencio con un susurro, mientras sus ojos seguían fijos en la puerta por donde su hija acababa de salir: — "Perla Smith... suena a que siempre estuvo destinada a ser ella, ¿verdad?"
Él no respondió con palabras de inmediato. Simplemente le dio un apretón suave en la mano, dejando que el peso de la nueva realidad se asentara. La promesa de un chequeo perfecto era lo único que ahora ocupaba sus pensamientos, confiando en que esa pequeña "joya" era tan fuerte como el amor que la había creado.