La Desaparición de Perla Smith

La nota misteriosa

Han transcurrido seis meses sin tener noticias de mi hija Perla. Formulándose algunas preguntas, Zafiro Smith piensa: «¿Cómo estará? ¿Quién la estará cuidando? ¿Por qué con mi hija?». Y comienza a sollozar, parada en la ventana de la habitación de su hija, con la mirada perdida a lo lejos en búsqueda de alguna respuesta.

​Era alrededor de las 4:00 p. m. y estaba llegando mi esposo a casa. Sorprendida, bajé apresurada las escaleras; tal vez tendría alguna noticia, ya que no era usual que llegara tan temprano. Me dio un beso cálido en los labios y un abrazo en el que pude percibir cómo se sentía; me sonrió y me dijo que había llegado temprano porque estábamos invitados a una reunión con motivo de la apertura de una sucursal en la casa de Anthony Macklaun; él es el presidente de la empresa Aeroparts, que se encarga de distribuir repuestos para aeronaves.

No quería ir, no estaba de ánimo, pero mi esposo me convenció. Teníamos demasiado tiempo sin salir, ni compartir juntos o con algunos amigos y amistades.

Me arreglé: me puse un vestido color rosa pastel, un poco ceñido al cuerpo, que me llegaba por encima de la rodilla, combinado con unas sandalias de tacón alto transparentes y suela plateada; también llevaba una cartera pequeña. Me dejé el cabello suelto, me llegaba por la mitad de la espalda, con un maquillaje muy suave en tonos pasteles y zarcillos largos con pedrería que, cuando les pegaban los rayos de luz, daban destellos brillantes.

—Zafiro Smith, de 42 años, es una mujer de tez blanca, nariz perfilada, ojos grises, labios carnosos, cabello castaño semiulado, contextura delgada pero definida y una estatura de 1,80 metros.

—Mi esposo, William Smith, es un hombre de tez blanca, nariz perfilada, ojos color miel, labios finos, de contextura normal y estatura de 1,80 metros. Llevaba un traje color negro con una camisa blanca, corbata negra y zapatos negros. Se peinó colocando su cabello hacia atrás con gelatina; parecía un galán de cine (risas).

Ambos listos, nos fuimos a la celebración. En veinticinco minutos llegamos a casa de Anthony Macklaun. Justo al lado de su casa había un estacionamiento con capacidad para unos cien vehículos; en la entrada estaban los aparcacoches, que eran cinco jóvenes vestidos con uniforme: pantalón azul marino, camisa de manga larga blanca, un chaleco azul más claro y zapatos negros.

Nos bajamos y entregamos las llaves. Eran las 7:00 p. m. Entramos a la casa y nos recibieron las personas encargadas del protocolo, quienes nos llevaron a una mesa que ya se encontraba reservada para nosotros.

Estaba ubicada en la parte trasera de la casa, donde había un amplio jardín con muchas mesas. Había tantos grupos de personas que mi mirada se perdía en cada escenario; brindaban y reían a carcajadas. Mi esposo se levantó de la mesa y, en cuanto se dio la vuelta, un hombre muy bien vestido que no pasaba desapercibido me entregó una carta. Me causó tanta curiosidad que no esperé a que mi esposo regresara; la abrí y tenía un mensaje:

«TENGO A TU HIJA. MAÑANA ME ESPERAS EN EL PARQUE CERCA DE TU CASA A LAS 2:00 P. M., EN LA PARTE NORTE, DONDE HAY UNOS BANCOS HACIA LA DERECHA. SOLO TE QUIERO VER A TI».

Me puse nerviosa; no sabía si llorar o reír con tan solo pensar que vería de nuevo a mi hija. Me extrañó que no solicitara dinero o algo a cambio. Comenzaron a formularse varias interrogantes en mi mente: «¿Qué será? ¿Qué estará pasando por la cabeza de esta persona? ¿Será verdad o mentira la cita? ¿Por qué hace esto? ¿Qué pretende?.

Al regresar mi esposo, me encuentra un poco descontrolada y me pregunta:

—¿Qué sucede, Zafiro? Te siento tensa, extraña... y tú no estabas así. Me acabo de levantar de la mesa.

Ella responde: —Lee esta nota que me acaba de entregar un hombre que salió de la nada. Cuando volteé para intentar buscarlo, ya había desaparecido.

—Zafiro, vamos a comunicarle esto de inmediato al jefe de seguridad, Jorge Fleury. —William realiza una llamada

—. ¿Fleury? Mi esposa y yo estamos en una reunión en casa de un amigo y a ella le entregaron hace unos minutos una nota. Nos vamos a casa, nos encontramos allá.

Se levantan de la mesa y se dirigen a donde está Anthony Macklaun. Le indicaron que se marcharían porque Zafiro se sentía indispuesta; no querían que nadie se diera cuenta de lo que estaba sucediendo.

Salimos de la fiesta, nos dirigimos al aparcadero para que nos entregaran el vehículo: un Mercedes Benz del año, color gris plata, regalo de cumpleaños que había recibido de parte de mi esposa, Zafiro. Llegamos a casa a la espera del jefe de seguridad, Jorge Fleury.

​En la oficina, los agentes estaban bastante atareados por el robo a un banco en pleno centro de la ciudad. Mientras tanto, Fleury permanecía sentado en su escritorio, pensando: "Es increíble, la desaparición de la bebé Perla Smith es un misterio. ¿Cómo es posible que nos hayamos esforzado tanto buscando alguna pista y aún no tengamos ninguna respuesta? Pareciera que se la hubiese tragado la tierra".

​—¡Bueno, veremos qué dice la nota! —exclamó.

​—Agente Marlon Bridge, vamos a casa de los Smith; recibieron una nota. Debemos estar atentos ante cualquier eventualidad que se presente. También irán con Nosotros, dos agentes más de nuestro equipo.

​—Ok, jefe Fleury, descuide. Estaré atento y le informaré de inmediato al equipo con el que estamos llevando el caso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.