Su esposo, William Smith, se acercó para consolarla; la envolvió en un abrazo y le dio un beso, asegurándole que pronto encontrarían a la pequeña. De regreso a casa, el jefe Fleury les advirtió que no acudieran a sitios desolados ni actuaran por cuenta propia, pues cualquier sorpresa podría no ser alentadora; quedaba claro que los tenían vigilados. ¿Cómo supo el secuestrador que ellos estarían en la reunión?
Una vez que los oficiales salieron de la casa, William Smith le dijo a su esposa:
—Mi amor, vamos a contratar los servicios de un detective privado con experiencia en secuestros y desapariciones —dijo William.
—Sí, por favor, William, hagámoslo. Aunque las autoridades locales están investigando, los avances son lentos y mi desesperación aumenta cada día —respondió ella.
—Entonces déjame hacer una llamada a Anthony Macklaun; sé que él conoce a alguien, ya que en una oportunidad tuve que solicitar sus servicios y, afortunadamente, pudieron resolver el caso.
William marcó el número y, tras unos segundos, contestó la otra parte:
—¡Hola, Macklaun! ¿Cómo estás?
—¡Bien, William! ¿Qué tal? ¿Cómo se encuentra tu esposa? —respondió la voz al otro lado del teléfono.
Ahorita está un poco desconsolada —respondió William con un suspiro.
—Te entiendo. ¿En qué puedo ayudarte?
—Te llamo para que me des los datos de esa agencia de detectives privados.
—Dame un momento, te los facilito. El detective se llama Christopher Gull y trabaja para la Agencia de Detectives Privados Intelligence. Dile que llamas de mi parte; te lo recomiendo, es meticuloso, discreto y tiene una red de contactos muy sólida. Te garantizo que hará todo lo posible por encontrar a tu hija.
—¡Bien, Macklaun! Gracias por tu interés. Solo espero que esta persona encuentre a mi hija; te estaré eternamente agradecido.
William colgó el teléfono y llamó en voz alta a Zafiro para comunicarle que ya tenía el contacto de la agencia. Ella se acercó rápidamente y, con voz entrecortada, exclamó:
—¡Ojalá esto nos lleve a tenerla de vuelta!
—Una pista más y podremos encontrar a nuestra hija —dijo Zafiro entre lágrimas—. Llama de inmediato para ver si puede venir hoy mismo a casa.
William, con manos temblorosas, marcó el número de la agencia.
Rin, rin...
—¡Buenas tardes! Agencia de Detectives Privados Intelligence a la orden; habla Hannigan Morgan.
—Buenas tardes, señorita Morgan —respondió William, tratando de mantener la calma—. Desearía comunicarme con el detective Christopher Gull.
—En este momento se encuentra en una reunión —explicó ella—. Puede llamarlo dentro de una hora o, si prefiere, déjeme su número de teléfono y le devolveremos la llamada tan pronto como termine.
—Sí, por favor. Tome nota.
Tres horas más tarde, el teléfono sonó. William Smith contestó de inmediato y, tras presentarse, entabló una conversación con el detective Christopher Gull. Acordaron que este pasaría por la casa a las 19:00, pues necesitaba terminar unos asuntos pendientes antes de ocuparse del caso.
Esa tarde, William le informó a Zafiro la hora en que llegaría el detective. Ella lo esperaba con ansiedad, aferrada a la corazonada de que, finalmente, encontrarían a su hija.
Olivia Carusso, al notar su angustia, se acercó con delicadeza: —Señora Zafiro, ¿desea que le traiga un té para que se relaje? También podría prepararle un baño de agua tibia; le vendría bien descansar un rato para recuperar fuerzas antes de que llegue el detective.
Sí, lo necesito; estoy demasiado tensa —respondió Zafiro.
Poco después, sonó el timbre y Olivia Carusso, el ama de llaves, se dirigió a la puerta.
—Buenas noches. Soy el detective Christopher Gull; tengo una cita con el señor William Smith —anunció el visitante.
—Pase adelante, por favor. Lo acompañaré al despacho; ahí lo esperan los señores Smith —respondió Olivia.
Al entrar al despacho, el detective estrechó la mano de ambos y, tras una breve cortesía, le invitaron a tomar asiento.
—Me lo han recomendado como uno de los mejores en su área —comenzó diciendo William Smith con tono serio—. Le pido la máxima discreción en este caso. Se trata de nuestra bebé recién nacida; llevamos ya seis meses sin ella y considero que debe tomar medidas para garantizar su seguridad —advirtió William.