La Desaparición de Perla Smith

Tras la pista del sospechoso

—Cada caso es único y requiere un enfoque específico —respondió el detective Christopher Gull con serenidad—. Descuide, tendré mucho cuidado. Además, cuento con una amplia red de contactos de primera línea. Comencemos: ¿cuál fue la fecha y el lugar del secuestro de su hija?

—Fue en la Clínica Saint Peter, el mismo día que mi esposa dio a luz: el 17 de junio de este año —explicó William.

​—Necesito saber a qué se dedican usted y su esposa.

—Mi esposa, Zafiro, es dueña de la línea aérea Lumxer, y yo soy propietario de Servinter, una empresa de servicios de encomiendas nacionales e internacionales.

—Bien —asintió Gull—. Voy a necesitar la lista completa de sus empleados, incluyendo a quienes trabajan aquí con ustedes. Por otro lado, deben ser francos: ¿tienen enemigos o han tenido problemas graves con alguien? Es vital que hagan memoria.

—Zafiro intervino con voz firme: —Sí. Sostuve una discusión bastante acalorada con una azafata que trabajaba en la aerolínea.

—¿Por qué la discusión? ¿Recuerda su nombre? —preguntó el detective.

—Luisa Jeins. La discusión se generó porque la sorprendí conversando con el señor Oliver Badrun, jefe del departamento de Finanzas. Ella le hacía insinuaciones para robar la empresa.

—¿Cuánto tiempo trabajó ella en la aerolínea?

—Alrededor de ocho años.

—¿Dónde puedo ubicarla?

—Ya no trabaja para mí; la despedí de inmediato hace cinco años y aunque tal vez en el departamento de Recursos Humanos le puedan suministrar la información que necesite —añadió Zafiro—. Conversaré con la señora Lusiana Blue, jefa del departamento, para que contribuya con todos los datos que usted solicite.

—Mañana iré a ambas empresas para retirar la información y empezar a armar este rompecabezas —sentenció Christopher Gull.

—Zafiro, inquieta, hizo una pausa antes de continuar:
—Hay otra cosa que no le hemos comentado.

—Dígame, señora Zafiro, ¿qué otro dato recordó?

—Mire esta nota que recibí ayer. Estábamos en la reunión en la casa de Anthony Macklaun; mientras estaba sentada a la mesa, un joven se acercó y me la entregó. No sé quién es; cuando volteé a buscarlo, ya había desaparecido; sé que Macklaun tiene cámaras de seguridad, por si le interesa.

—¡Claro! Ese es un dato importante. También pasaré por la Clínica Saint Peter, donde tuvo a su hija, a revisar las cámaras para ver si encuentro algún detalle. Debe saber, señora Smith, que si el secuestrador la citó y no se presentó, es porque este modus operandi lo usan muchas veces las personas cercanas a la familia. No se extrañe que la cite nuevamente y no se presente nadie; lo hacen con el fin de desestabilizar a la persona. Por mi experiencia, no me cabe duda de que la persona que le está haciendo esto es cercana a usted.

¿Quién estará interesado en hacernos esto? ¿Por qué? ¿Qué hice mal? —se lamentaba Zafiro Smith entre llantos inconsolables.

—Me marcho. Voy a empezar a armar este rompecabezas —dijo Christopher Gull—. Ante cualquier eventualidad, les agradezco que me informen de inmediato; cualquier detalle, por muy insignificante que sea, puede cambiar la historia de este caso.

​Dos meses más tarde...

Zafiro se encontraba en su habitación, ubicada en la planta alta de la casa. Desde ese ángulo podía ver, a una distancia no muy lejana, las montañas; cuando les pegaban los rayos del sol, lucían tan hermosas y radiantes que la vegetación brillaba por el rocío de la noche. Se quedó mirando un solo punto a lo lejos, pensando en su hija.

—Perla, a quien aún no habían encontrado, cumplía ese día ocho meses. "¿Cómo estará mi bebé? ¿La estarán cuidando bien? ¿Quién me la arrebató?", se preguntaba Zafiro entre sollozos.

De pronto, entró su esposo, William; al verla, la abrazó, le dio un beso en los labios y le pidió que no perdiera la esperanza, asegurándole que encontrarían a Perla.

—¿Cuántas veces más me van a citar en algún lugar para que al final nadie se presente? —exclamó Zafiro—. Ya lo han hecho tres veces... —dijo mientras rompía a llorar de nuevo.

De repente, alguien tocó a la puerta de la habitación. William abrió y se encontró con Olivia Carusso, quien, con tono urgente, le preguntó:
—Señor, ¿qué pasó? El detective Christopher Gull los está esperando en el estudio; necesita conversar con ustedes de inmediato.

William y Zafiro bajaron rápidamente, sorprendidos, pues no tenían prevista ninguna reunión con el detective.

—Buenos días, Gull —dijeron los señores Smith—. Para llegar a esta hora, las 8:00 a. m., debe haber pasado algo muy importante.

—Sí —respondió Christopher Gull—. Tengo dos pistas y quiero hacerles algunas preguntas.

—¿De quiénes se trata? —preguntó William.

—Una de ellas es la nieta de su anterior ama de llaves.

—¡No puede ser! —exclamó Zafiro—. Recuerdo que solo la vi un par de veces cuando era una niña; debía tener unos ocho o nueve años. ¿Por qué dice que ella es una de las pistas?

—Por el seguimiento que he estado realizando a cada uno de los empleados —explicó Gull—. Algunas personas las he descartado rápidamente, pero la señorita Kala Zavam, quien vende la boletería en la aerolínea, y la otra persona, me llamaron mucho la atención por algo que vi.

—Dígame, ¿qué le llamó la atención? —preguntó William Smith con impaciencia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.