La Deuda De Las Sombras

Lo que entendió sin que yo lo dijera

No volvió tarde..Eso fue lo primero que me inquietó.

La puerta se cerró con la misma calma de siempre, sin prisa, sin ruido innecesario. Lo sentí antes de verlo, como se siente un cambio en la presión del aire. Cuando apareció en el umbral del living, su expresión no era dura ni furiosa..Era precisa.

—Sentate —dijo.

No fue una orden alzada. Fue peor..Fue una certeza..Me senté sin discutir. No porque me dominara, sino porque entendí que algo ya había sido decidido sin mí. Dejó el saco sobre la silla, apoyó el teléfono en la mesa, pantalla hacia abajo. No lo encendió. No lo mostró.

—Hoy no te seguí —dijo—. No de la forma que pensás.

El corazón me dio un golpe seco.

—¿Entonces? —pregunté.

—Escuché —respondió—. Miré sin mirar. Hablé con gente que no sabe que está hablando.

No bajé la mirada.

—Alguien se te acercó —continuó— No directamente. No de forma torpe.

El silencio se tensó.

—No fue una amenaza —dijo—. Fue una propuesta.

No lo negué. Ese fue el momento exacto en que todo cambió.

—¿Qué te ofreció? —preguntó.

—Una salida —respondí.

La palabra quedó suspendida entre nosotros.

—¿Para quién? —preguntó.

—Para todos —dije—. O eso dijo.

Me observó largo rato, como si intentara reconstruirme desde adentro.

—No —dijo al fin—. Para vos.

No respondí.

—Eso es lo que todavía no querés decirme —continuó—. Porque si lo hicieras, sabrías que no podría aceptarlo.

—No sabés eso —repliqué.

—Te conozco —respondió—. Y sé cuándo callás para proteger… y cuándo callás para elegir.

El silencio se volvió denso.

—No me contaste porque no es un trato limpio —dijo—. Y porque sabés que, si lo escucho completo, voy a reaccionar.

—¿Cómo? —pregunté.

Se inclinó hacia mí apenas.

—Como el hombre que intenta salvarte incluso de tus propias decisiones.

La frase me atravesó.

—No te pedí que lo hicieras —dije.

—No —admitió—. Pero me colocaste en el lugar exacto donde no puedo no hacerlo.

Se levantó y caminó hasta la ventana. La ciudad seguía ahí, intacta, ajena.

—Él te dio algo que yo no podía darte —dijo—. Tiempo. Elección. Distancia.

—Eso no significa que lo acepte.

—Significa que lo estás considerando —respondió—. Y eso ya es suficiente para que todo cambie.

Me levanté despacio.

—No estoy negociando mi lealtad —dije—. Estoy intentando que nadie salga destruido.

Giró la cabeza apenas, lo justo para mirarme.

—Eso es una ilusión peligrosa —dijo—. Siempre hay alguien que paga.

—¿Y si esa vez soy yo? —pregunté.

Se giró por completo.

—No te lo voy a permitir.

—No podés decidir eso —repliqué—. Ese fue el acuerdo.

—Ese acuerdo se rompe en el momento en que alguien más entra a negociar con vos —respondió—. Porque ya no estamos hablando de riesgo compartido.

—¿Entonces de qué?

—De pérdida —dijo—. Y yo no sé amar sin luchar contra ella.

El silencio se cerró sobre nosotros.

—Decime algo —dijo al fin—. No todo. Solo esto.

Lo miré.

—¿Te pidió que te fueras?

No respondí de inmediato. Eso fue suficiente. No golpeó la mesa. No levantó la voz. No hizo nada que pudiera llamar violencia. Sonrió. Y esa sonrisa fue lo más oscuro de todo.

—No voy a preguntarte si vas a aceptar —dijo—. Porque esa no es la pregunta correcta.

—¿Cuál lo es? —susurré.

Se acercó hasta quedar frente a mí, sin tocarme.

—Cuánto estás dispuesta a ocultarme para hacerlo posible —respondió.

El aire se volvió espeso.

—No me mires así —dije—. No tomé ninguna decisión.

—Todavía —admitió—. Pero ya estás en el lugar donde las decisiones no se anuncian. Se ejecutan.

—No voy a irme sin decirte —dije.

—Eso no me tranquiliza —respondió— Porque lo que más me preocupa no es que te vayas…

Se inclinó un poco más, lo suficiente para que su voz fuera solo para mí.

—Es que te quedes… habiéndome mentido.

El silencio cayó definitivo. Supe entonces que él no sabía todo. Pero sabía lo suficiente como para que la confianza ya no fuera un terreno firme. Y también supe algo peor:

Que una parte de mí no estaba segura de querer que lo supiera todo. Porque, en ese punto, el amor ya no se medía en verdades sino en qué estaba dispuesta a perder para sostenerlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.