La Dinastía (libro 12. Milyk et Vörkessel)

Cap. 32 La sesión

 

Como ya se dijo, la mente es la cuna del pensamiento, de los recuerdos, las imágenes o el conocimiento, y la de Henri se hallaba en un estado muy alterado, porque si bien, y entre otras cosas, valoramos mucho el conocimiento, éste puede resultar, en ocasiones, pernicioso como lo estaba siendo en el de Henri, ya que el conocimiento de la situación y la convicción a la que lo había llevado el mismo, de haber cometido un acto de traición al poner sus ojos en Sofía, era lo que lo había conducido a aquel estado de desinterés en luchar por una vida de la que había perdido el derecho y que, en cualquier caso, no merecería ser vivida sin Sofía.

Los veldekys habían prestado escasa atención a al estado visible de Henri, concentrándose en la sintomatología interna, pero si bien Haliq ya sabía más o menos cómo estaba, Aleksèi y Haris se alarmaron mucho al notar lo ralentizados que estaban tanto el ritmo cardíaco como el respiratorio, pero notarían con rapidez, y después de intentar estabilizarlo, que no había un motivo para que estuviese en aquellas condiciones, pero como no podían ponerse a discutirlo, ni levantarse para intentar efectuar otras comprobaciones, se quedaron únicamente con la angustia.

Derek había ordenado que le consiguiesen otra camisa a Henri, pues si bien no era él, el individuo más formal, parecía no soportar ver a su amigo que sí lo era, con aquella prenda en tan mal estado, y aunque lo que le trajeron no era algo que Henri usaría de ninguna manera, ya que se trataba de una remera negra sin mangas, el mismo Henri y para evitar mayores contratiempos, detuvo a Derek que ya estaba a punto de comenzar a insultar al levramzyk.

  • Déjalo Phillipe, la usaré

Aquello pareció sentar aún peor a Derek, porque aquella actitud de abatida derrota, hizo crecer su ira en contra de todos los que estaban haciéndole aquello.

Cuando Mirsad había dado lectura al acta de apertura, había agregado y explicado la presencia de aquellos que no formaban parte del Adestrarshy como eran los casos de algunos de los levjaners a los que Dylan había convocado, así como la de Sergei y Henry. De modo que después de la dramática entrada de Henri, Iziaslav le hizo un gesto a Sergei quien se puso de pie para exponer el orden del día.

  • El presente Adestrarshy ha sido convocado por orden de nuestro sozdatel’ con el propósito de resolver la situación de Henri D’Albret, quien está incurso en el delito de secuestro

Como ya todos sabían que aquel era el motivo que, aunque no lo era, habían decidido sería el que figuraría en actas, si bien Sofía y Lucía tenían pésima expresión, la de Derek era de franca ira, pero, además, encontraba todo aquel circo de una estupidez descomunal y por primera vez en todos los años que llevaba conociendo a Lucien, en verdad quiso apretar su cuello. Afortunadamente para todos, Armand estaba haciendo su mejor esfuerzo, pero si bien lograría que la furia de Derek no se manifestase en forma física, lo que no pudo hacer fue que guardase silencio.

  • Y es lo más estúpido que podrías haber dicho, Sergei – y luego miró a sus parientes – Al menos podrían tener la decencia de llamar a las cosas por su nombre, y decir que esto no es más que la expresión de sus prejuicios

Los covetniks y como de costumbre, tuvieron serias dificultades para sujetar sus pensamientos, porque si bien siempre habían encontrado mal la irreverencia de aquel individuo, si ya era malo pensar en presencia de Iyul como ya había quedado demostrado en el pasado, hacerlo en un salón donde más de la mitad de los miembros de la familia eran Saint-Claire, era simplemente suicida. Mientras que los demás se tensaron al escucharlo y clavaron sus ojos en el soberano. Sin embargo, aquel individuo en verdad, y dijera lo que dijera, había alcanzado un enorme control.

  • Como el príncipe que eres de nuestra raza, estás en tu derecho a expresar tus opiniones, Phillipe, pero ahora, continuemos con lo que nos ha traído hoy aquí – dijo con admirable calma y luego miró a Dylan, pues estaba al tanto que sería él quien expondría la situación – Rybik

Dylan se puso de pie, pero si bien Iziaslav y como era lo normal, había sido informado de aquello, los demás no, y a quien peor le sentaría sería a Lucien quien tenía una expresión que estaba a mitad de camino entre la ira y la incredulidad.

  • Lo primero a esclarecer, es el delito por el que se acusa a Henri D’Albret, mismo que no es tal y…
  • ¡Secuestró a tu nieta! – lo interrumpió Lucien, aunque Dylan no le prestó atención ni se detuvo
  • … para lo que solicitó la presencia de Andro Czersk y que escuchemos su testimonio

Aunque aquellos que no pertenecían al Adestrarshy, estaban de pie a un lado y podían haber ido a llamar a Andro, aquella era una función de los covetniks, de manera que nadie, a excepción de Mirsad, se movió, y un momento después entraba el levjaner.

  • Señor Czersk – comenzó Dylan – El día de la desaparición de la sizviteliani Sofía, se encontraba usted cumpliendo con su función ¿no es así?
  • Ak sarì
  • ¿Puede narrarnos los hechos?
  • El día en cuestión, los veldekys Shahim y Kolvayevsky fueron a ver a D’Albret
  • ¿Había alguien más en esa habitación?
  • Ak sarì, la sizviteliani se encontraba allí, como todos los días anteriores y desde que D’Albret fue hospitalizado
  • Y en su opinión ¿Estaba allí por voluntad propia?
  • Ak sarì
  • Continúe, por favor ¿Qué sucedió después?
  • Los veldekys le anunciaron a D’Albret que estaba de alta y podía marcharse. Aleksèi le preguntó si tenía alguna pregunta, pero asumo que D’Albret no la tenía, pues no escuché nada. Después de eso los veldekys abandonaron la habitación, pero unos segundos después, la sizviteliani salió arrastrando a D’Albret, de modo que tuve que darme mucha prisa en seguirlos hasta el Castillo de Labrit, propiedad de D’Albret en Gascuña
  • Dijo que había visto a la sizviteliani arrastrando a Henri ¿Está absolutamente seguro de eso?
  • Ak sarì
  • De modo que fue ella y no él, quien los condujo hasta Gascuña
  • Así es
  • ¿Alguno de los dos le dio alguna orden específica?
  • No. Ni específica ni de ninguna clase, sarì
  • ¿Qué sucedió a continuación, señor Czersk?
  • No lo sé, sarì, porque yo me quedé en la entrada cuando ellos ingresaron al castillo
  • ¡Esto es una pérdida de tiempo, porque ese infeliz dirá cualquier cosa que ella le haya ordenado!
  • Lucien – dijo Iziaslav en tono neutro, pero su mirada era amenazante




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