La Dinastía (libro 12. Milyk et Vörkessel)

Cap. 44 La guardia

 

Dylan se había sentido muy mal al hablar con Alexander acerca de las disposiciones de Iziaslav, pero si bien percibió la molestia de su hijo, lo que no sabía era que su molestia no obedecía a lo que él pensaba.

Era cierto que Alex había puesto énfasis en la inmediatez con la que quería efectuar su boda, pero a diferencia de su padre, él parecía estar más claro en que por rápido que pudiese hacerse, su matrimonio era un asunto de estado y, a menos que se escapase con la chica, algo que no iba a hacer de ninguna manera, no había ninguna posibilidad de escapar a toda la parafernalia que acompañaba la boda de un príncipe.

De modo que la molestia que había percibido Dylan, obedecía a que estaba acostumbrado a que, cuando se iban a tomar decisiones importantes, él era convocado, así que aquel comportamiento de su abuelo le extrañaba mucho.

No obstante, la conversación con su padre no fue ni de lejos, tan incómoda o estresante como la sostenida con Vajda, aunque por otro asunto.

Alexander había hecho un enorme esfuerzo primero, por controlar sus vergonzosas hormonas, como había dicho Yvaylo con regocijo cuando lo escuchó hablando con Dylan, y por supuesto, solo él podía meterse en aquella conversación de forma tan inapropiada en opinión de Boris, pero más allá de eso, emitir opiniones que ni le habían pedido, ni tenía ningún derecho a dar.

  • Vamos Alex, nada te impide…
  • ¡Yvaylo Sesviatsky! – exclamó Dylan
  • Veamos Rybik, siendo honestos, no eres tú el más indicado para criticarlo o reñirlo por algo que, aparte de natural, tú mismo no pudiste evitar y él es la prueba

Cada centímetro de la piel de Dylan adquirió un escandaloso color púrpura, mientras que Boris quería apalear a Yvaylo, y en el caso de Alexander, lo que hizo fue ocuparse de tranquilizar a Dylan.

El asunto era que, de acuerdo o no con Yvaylo, él decidió tirar de todos los frenos antes de ir a hablar con Vajda, pues era consciente que, salvo asaltarla, no le había dicho en realidad nada, aunque evidentemente no era necesario. Con mucho esfuerzo, logró tener una conversación más o menos normal con ella, pero ella no se lo hizo fácil y casi todo se va por la borda, porque Alex estaba percibiendo el furioso latir del corazón de la chica, así como el loco correr de la sangre en sus venas, pues después de todo, Vajda también era una devrig y en su misma situación, así que lo que menos le interesaba, eran las explicaciones de por qué no iba a morir y todo lo que quería era silenciar los labios que le daban las mencionadas explicaciones, con los propios. Las cosas se complicaron aun más cuando Alexander se estaba despidiendo.

  • Espera – lo detuvo ella – Posiblemente no esté muy cuerda, pero creí entender que… bueno que me amas
  • Y así es, te amo con cada centímetro de mi ser y…

No pudo concluir, porque ella se lanzó en sus brazos colocándolo en una pésima posición, pero aquel individuo era en verdad terco, porque la sujetó apartándola.

  • Nidly, me gusta pensar que soy un caballero
  • ¿Y eso qué…?
  • Debo marcharme ahora

Y sin dejarla agregar nada más, desapareció a toda velocidad. Por todo lo anterior, ninguno de los dos había estado viviendo los mejores momentos, algo muy estúpido en opinión de Dennis.

Vajda era naturalmente amable y simpática, pero desde que había salido del Haigala, se había vuelto intratable, de manera que Casandra quería apalear a Alexander, y como ella era tan visceral como su progenitora, se fue derecha a buscarlo, tal vez no con la intención de apalearlo precisamente, pero sí con la de acomodarle las ideas al retrógrado aquel. No obstante, si bien encontrarlo no era el problema, pues Haidar le informó que los sizvitels estaban en Levzheir, y ella marchó hacia allá, era cierto que estaban, pues precisamente Alexander estaba escogiendo a la guardia para Vajda, y Dylan lo había acompañado, Casandra no podría ni acercarse, pues fue detenida por Yvaylo.

  • ¿A dónde crees que vas, Grieco?
  • No es asunto tuyo. ¡Suéltame!

El levramzyk al que Alex había encargado de avisarle si Yvaylo intentaba acercarse a Casandra, por un momento pensó que estaba en muchos problemas, pero cambió de parecer, pues después de todo, Alexander estaba allí, así que él no tendría que hacer nada.

  • Bien, yo te suelto y tú te vas por donde viniste
  • Tú no me das órdenes
  • ¿De veras? Creo que alguien se perdió del hecho de que yo soy un levjaner y tú solo una Elski

Los ojos de la chica se tornaron carmesí haciendo que Yvaylo se preparase a ser atacado, pero el posible ataque fue detenido por otro asunto mucho más inconveniente, y bien mirado, habría sido mejor lo primero.

  • Déjala en paz y quítale las manos de encima, Yvaylo

Yvaylo se giró casi con incredulidad hacia la voz, pues no eran muchos los que se habrían atrevido a meterse y menos a hablarle en aquel tono. Sin embargo, entendió con rapidez que aquel era uno de esos pocos que, siendo un primigenio, seguía tratándolo como si fuese un niño. Por ese mismo camino recordó lo que le había dicho Alexander con relación a alguien que estaba interesado en Casandra, y conociendo como conocía a Kireg, que era quien le hablaba, hizo rápidas, aunque equivocadas cuentas.

  • Suéltala, rybik – insistió Kireg
  • No soy un rybik, ciertamente no el tuyo, y a ésta no vas a llevártela a la cama




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