La Dinastía (libro 12. Milyk et Vörkessel)

Cap. 52 Emociones diversas

 

Quienes acompañaban a la familia real el día del solsticio, eran solo devrigs de mucha confianza, miembros del Arkel, o aquellos a los que el soberano quisiese invitar, como eran los casos de Vajda, Ilian y Amaranta, aunque esas invitaciones obedecían a que aquellas tres chicas contraerían matrimonio en breve con tres individuos sumamente importantes de su sociedad.

A pesar de que allí, y entre aquellas personas, ninguno de los presentes corría ningún peligro, Henri se mantenía alerta, porque, aunque ya había asistido en muchas otras ocasiones como miembro del Arkel, con el súbito cambio que había dado su situación, estaba seguro que las cosas iban a cambiar mucho y no se equivocaba.

En quienes antes lo veían con desconfianza, ahora percibió una franca hostilidad, y en el caso de algunos miembros del Arkel, lo que percibió fue desaprobación. De manera que pensó con desánimo, que habría preferido no tener que asistir ese día, pero menos aún a la gala de la noche siguiente donde estarían muchos devrigs que sí eran un peligro. No era por él que Henri estaba preocupado, sino por Sofía y por Derek, pero lo estaba incluso más por aquellos imbéciles que decidiesen hacer ostentación de esa condición, porque él sabía quizá mejor que nadie, que no había un solo Saint-Claire, por tranquilo que fuese, que tolerase ni de forma mínima, cualquier cosa que percibiese como maltrato hacía sí o hacia los suyos.

  • Creo que no disfrutas de la celebración, D’Albret – escuchó y gimió para sus adentros
  • Sarì – dijo girándose, pero antes de que pudiese negar o cualquier otra cosa, ya Iziaslav estaba hablando
  • Yo no tengo tu habilidad, pero en este momento nadie la necesitaría, porque es obvio tu malestar y estoy seguro de cuál es la razón – dijo colocando una mano sobre su hombro – Supongo que tú, al igual que todos los que lo rodeamos, habrás escuchado al Rybik decir que no podemos caerle bien a todo el mundo y es cierto, pero en casos como el nuestro, eso puede, y de hecho casi siempre es así, representar un serio problema. Sin embargo, voy a darte un consejo gratis, rybik, no vale la pena que te mortifiques, mantente alerta, sí, pero intenta no perder el tiempo tratando de adivinar qué harán los que te odian, porque si lo haces, lo que perderás será la oportunidad por la que tú y Sofía lucharon, es decir, la de ser felices

Después de palmearle el hombro, Iziaslav se marchó sin darle tiempo a Henri de decir nada.

Aunque Alexander se había pasado prácticamente toda su vida angustiado u ocupándose de algo o de alguien, en esta ocasión y casi por primera vez, estaba ocupándose de sí mismo, de manera que, teniendo toda su atención centrada en Vajda, no había notado casi ninguna de las situaciones descritas con anterioridad, y por lo menos en los casos de Boris, Dennis y Edin, que eran quienes se encontraban allí, estaban realmente contentos por él y habrían hecho todo cuanto hubiese sido necesario para que nada ni nadie interrumpiese su feliz abstracción, y eso incluía a Lucía.

Dennis no conocía en lo absoluto a Lucía ni ella a él, porque si bien él habría dado su vida para que ella apareciese y evitarle aquella pesada tristeza a Alexander, durante el año anterior, el chico lo único que había visto era la preocupación y la angustia que aquella chica le había causado a Alex, como también sabía que no era exactamente ella, había procurado no hacerse una mala imagen. Sin embargo, cuando la vio avanzar hacia donde estaba la pareja, y viendo que no llevaba buen aspecto, se volvió con rapidez.

  • Hola Dennis – lo saludó ella
  • Alteza – saludó él y ella juntó las cejas
  • Creí haberte dicho que no me gusta ese tratamiento

Y en realidad lo había hecho unos días atrás y cuando Alexander se lo había presentado.

  • Bien – dijo el chico – ¿Te puedo ayudar en algo?
  • No – contestó ella con extrañeza – Y ahora si me disculpas, quiero hablar con mi hermano
  • Me encantaría, pero en este momento es inconveniente
  • ¿Qué sucede contigo, enfant? – saltó Louis dejándose ver – No tienes ningún derecho a impedirle hacer lo que se desee, porque ella es una princesa
  • Suéltalo – dijeron al mismo tiempo Edin y Boris – Ahora, Ghislaine – completó Edin

Edin era uno de esos sujetos que rara vez caía mal a nadie, porque hasta los enemigos de su clan, y si lo odiaban, era por ser un levjaner, más no por ningún otro motivo como eran los casos de incordios como Istval y los ZD que se especializaban en hacerles las vidas miserables a todo el mundo tanto si eran kraviaciks como si no, y siendo que Louis era tan francés como Edin, pero, adicional a ello, había sido también un criminal, Edin era uno de los miembros del Arkel con el que nunca había logrado tener ni siquiera un trato medianamente agradable, porque había sido también, uno de los que más había perseguido a André y por consiguiente a él. De manera que lo miró con hostilidad manifiesta y no parecía más cerca de obedecerlo de lo que estuvo antes.

Si Lucía se había detenido, era más por la sorpresa de que alguien lo hiciese, que por el hecho en sí, pero al escuchar a Edin y a Louis, decidió intervenir antes de que Dennis saliese lastimado, así que se concentró en tranquilizar a Louis, pues Edin nunca sería un problema en ese sentido. Después de sujetar el mal carácter de Louis, se concentró en Dennis, y lo primero que recordó fue lo que le dijo su hermano con relación a quién y cómo era aquel niño, de manera que, ni siquiera tendría que esforzarse para saber por qué estaba tan decidido a que nadie interrumpiese a Alexander.




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