
Después que Istvan había abandonado el Haigala, Haliq arrastró a Milorad hacia su habitación de nuevo.
Haliq hizo silencio mientras continuaba equilibrándolo, y como Milorad rara vez reaccionaba como su hijo Istval, se sintió mal por haberle hablado de aquel modo al veldeky.
La molestia de Milorad no obedecía a terquedad o a querer defender un punto, sino que estaba cansado de que sus compañeros pensaran, o directamente le endilgaran a Istvan relaciones inexistentes. De haberse tratado de Istval, como de hecho había sido hasta hacía relativamente poco, él ni se molestaba en escuchar, pero cuando hablaban de Istvan en aquellos términos, sí le molestaba mucho, pues en su opinión, no había nadie más alejado de un comportamiento como aquel.
Si bien Haliq se dedicaba a sanar, eso no lo invalidaba para saber cómo defenderse, y con relación a la violencia, era algo que venía tanto en su condición como en su sangre devliana, y aunque él había trabajado mucho en lo segundo y tenía más éxito que Haris, el instinto de conservación era algo difícil de acallar, así que le acomodó un soberbio puñetazo a Milorad que con seguridad no se lo esperaba y quedó estampado contra la pared.
Siendo que Haliq se pasaba la vida, metido en el Haigala, y casi la única oportunidad en la que socializaba era durante las celebraciones de orden ritual como la Evesbriel, todos tenían la tendencia a olvidar que tenía un humor parecido al de Iliar, aunque no la manía del levjaner por fastidiar a todo ser viviente. Sin embargo, aquel no parecía el mejor momento para exhibirlo. Por otra parte, Milorad, y aunque cabría suponer que después del reciente porrazo se lo pensaría antes de intentar sacudirlo de nuevo, sintió el viejo malestar, que había disminuido un tanto con el nacimiento de Iván.
Como ya sabemos, entre los devlianos originales era poco común el cabello rubio, y si a eso se añadía que tenía una piel más pálida que ellos, y los ojos azul cielo, como la totalidad de sus antepasados, los devlianos que eran espíritus malignos, en especial Kireg y Darko, siempre habían dicho que parecía una jarely,[1] algo que no variaría mucho hasta que Iván estuvo grandecito y fue evidente que había heredado los rasgos de su madre casi hasta el último detalle, con lo que casi dejarían a Milorad en paz, pero solo casi, porque mientras él había dejado de apalear a todo el que se atreviese a decírselo a él, Iván no, y nunca lo haría.
No obstante, hizo eso a un lado para concentrarse en el disparate que acababa de decir Haliq, y se embarcó en una larga explicación de por qué lo era. Haliq lo escuchó con paciencia, porque sabía que no adelantaría nada interrumpiéndolo, ya que a medida que hablaba, Haliq sabía que su propio cerebro le indicaría que cualquier posible excusa o motivo que expusiera para explicar la imposibilidad, era simplemente banal. Como cabía esperar, Haliq tendría razón, porque después de unos minutos Milorad hizo silencio y finalmente lo miró.
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Editado: 31.01.2026