La Dinastía (libro 13. Ignar Arihan)

Cap. 20 Abismo de desesperación

Después que Istvan había abandonado el Haigala, Haliq arrastró a Milorad hacia su habitación de nuevo.

  • Cálmate, Milorad —le dijo mientras él hacía una rápida evaluación
  • Estoy calmado
  • No, no lo estás, y aunque ya estás mejor, eso no contribuye a tu salud
  • No me fastidies, Haliq, sabemos que no voy a morir
  • Seguro, pero supongo que no es el sueño de tu vida ir por ahí colapsando por exigirte tanto cuando…
  • ¡Ya! —lo interrumpió —Ya entendí ¿bueno?

Haliq hizo silencio mientras continuaba equilibrándolo, y como Milorad rara vez reaccionaba como su hijo Istval, se sintió mal por haberle hablado de aquel modo al veldeky.

  • Disculpa, Haliq, pero es que… —como se detuvo, Haliq lo miró ladeando ligeramente la cabeza —¿Qué le sucede a Istvan? Él no es así —agregó, pero como Haliq seguía mirándolo —¿Sker?
  • ¿Es tu hijo y en verdad no lo sabes?
  • ¿Saber qué? —preguntó y el veldeky sonrió
  • Milorad, Istvan está enamorado de la pequeña Atalia
  • No digas estupideces, Shahim. Tú, y en realidad todo el mundo, sabe que después de lo que sucedió con Emiliana, mi hijo quedó tan herido que, aunque es cierto que nadie puede huir del amor solo por desearlo, él encontró la manera sumergiéndose en el trabajo —replicó molesto

La molestia de Milorad no obedecía a terquedad o a querer defender un punto, sino que estaba cansado de que sus compañeros pensaran, o directamente le endilgaran a Istvan relaciones inexistentes. De haberse tratado de Istval, como de hecho había sido hasta hacía relativamente poco, él ni se molestaba en escuchar, pero cuando hablaban de Istvan en aquellos términos, sí le molestaba mucho, pues en su opinión, no había nadie más alejado de un comportamiento como aquel.

  • Es increíble la necedad y la ceguera del ser humano, y me incluyo, por supuesto, cuando insistimos en negarnos a aceptar aquello que creemos imposible —puntualizó, pero Milorad seguía mirándolo como si hubiese perdido el juicio y fue justo lo que dijo
  • ¿Has perdido el juicio?
  • A decir verdad, el juicio que anda perdido es el de otro —contestó con humor, un serio error
  • ¡Si tantos deseos tienes de terminar en una cama de tu Haigala, solo tienes que pedirlo, misbar! —le gritó Milorad sacudiéndolo

Si bien Haliq se dedicaba a sanar, eso no lo invalidaba para saber cómo defenderse, y con relación a la violencia, era algo que venía tanto en su condición como en su sangre devliana, y aunque él había trabajado mucho en lo segundo y tenía más éxito que Haris, el instinto de conservación era algo difícil de acallar, así que le acomodó un soberbio puñetazo a Milorad que con seguridad no se lo esperaba y quedó estampado contra la pared.

  • Lo lamento —se disculpó el veldeky casi de forma inmediata —pero sabes que es mal asunto atacarnos entre nosotros. Ven, déjame ver…
  • Estoy bien —dijo el levjaner con algo más de calma —No soy una frágil muñeca de porcelana
  • Bueno, eso es según —acotó en tono irónico ganándose una mirada venenosa de Milorad

Siendo que Haliq se pasaba la vida, metido en el Haigala, y casi la única oportunidad en la que socializaba era durante las celebraciones de orden ritual como la Evesbriel, todos tenían la tendencia a olvidar que tenía un humor parecido al de Iliar, aunque no la manía del levjaner por fastidiar a todo ser viviente. Sin embargo, aquel no parecía el mejor momento para exhibirlo. Por otra parte, Milorad, y aunque cabría suponer que después del reciente porrazo se lo pensaría antes de intentar sacudirlo de nuevo, sintió el viejo malestar, que había disminuido un tanto con el nacimiento de Iván.

Como ya sabemos, entre los devlianos originales era poco común el cabello rubio, y si a eso se añadía que tenía una piel más pálida que ellos, y los ojos azul cielo, como la totalidad de sus antepasados, los devlianos que eran espíritus malignos, en especial Kireg y Darko, siempre habían dicho que parecía una jarely,[1] algo que no variaría mucho hasta que Iván estuvo grandecito y fue evidente que había heredado los rasgos de su madre casi hasta el último detalle, con lo que casi dejarían a Milorad en paz, pero solo casi, porque mientras él había dejado de apalear a todo el que se atreviese a decírselo a él, Iván no, y nunca lo haría.

No obstante, hizo eso a un lado para concentrarse en el disparate que acababa de decir Haliq, y se embarcó en una larga explicación de por qué lo era. Haliq lo escuchó con paciencia, porque sabía que no adelantaría nada interrumpiéndolo, ya que a medida que hablaba, Haliq sabía que su propio cerebro le indicaría que cualquier posible excusa o motivo que expusiera para explicar la imposibilidad, era simplemente banal. Como cabía esperar, Haliq tendría razón, porque después de unos minutos Milorad hizo silencio y finalmente lo miró.

  • ¿Enamorado?
  • Siendo que está vivo y sano, no debería generar tanta extrañeza
  • Pero… ¿Cómo?... ¿En qué momento?... Quiero decir… —pero parecía ignorar qué decir
  • Milorad, aunque sé que por esas fechas, ustedes estaban muy atareados intentando evitar que nuestra nueva condición causase un daño mayor al que ya habíamos causado, y que especialmente Iziaslav no se los hacía fácil, supongo que recordarás cuando esa niña llegó a nuestra derevnya ¿no?
  • Por favor. No vas a decirme ahora, que desde entonces, porque te recuerdo, que Emiliana estaba presente en esa época
  • Claro, pero saca un momento a Emiliana de la ecuación y dime: ¿Te parece muy normal la exagerada preocupación que tu rybik siempre exhibió hacia la criatura en cuestión?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.