La Dinastía (libro 13. Ignar Arihan)

Cap. 26 Orfeo

Orfeo era un predvary, y uno que estaba en una posición similar a la de Denis, pero era incluso más joven que este, ya que Lucien lo había encontrado unos treinta años atrás en una ocasión en la que regresaba de reunirse con Jahi. Estaban atravesando Grecia cuando Lucien se detuvo súbitamente; los chicos de la guardia se tensaron y prestaron atención, y los primeros en detectar el motivo fueron Itlar y Dardan. Era medianoche, y a pesar de la hora, siempre procuraban transitar por lugares poco concurridos, de manera que se encontraban a pocos metros de la Acrópolis de Atenas, y después que Lucien identificó lo que lo había hecho detenerse, se encaminó hacia esta.

El Partenón es un lugar turístico muy frecuentado, pero no a aquellas horas, por lo que no tuvieron que buscar mucho para localizar a un grupo de chicos que reían en forma escandalosa.

  • ¿Acaso perdiste la lengua, musiquito? —escucharon
  • Terminemos con esto, Dinos —escucharon que decía otra voz
  • Aun no —dijo el primero
  • Dinos, si lo matas, esta vez tu padre
  • ¡Cierra la boca, estúpido! ¡Nadie me dice qué hacer! —espetó el individuo —Además, aun podemos divertirnos con la nena —agregó en forma odiosa

La paciencia de Lucien llegó a su fin, y cabe destacar que había tenido mucha, tal vez queriendo enterarse primero si se trataba de un pleito entre bandas rivales, porque si hubiese sido así, habría dado media vuelta y se habría marchado, porque en su opinión, si sujetos así querían matarse entre ellos, no iba a ser él quien se los impidiera. No obstante, al comprobar que no se trataba de eso, y que a quienes estaban agrediendo estaban en desventaja, y que, por lo que acababa de escuchar, incluía a una chica, avanzó con decisión.

  • ¿Qué está sucediendo aquí? —preguntó de forma innecesaria pues ya se había formado una opinión al respecto

Los chicos se sobresaltaron, como cabía esperar, pues suponían que no habría nadie por allí a esas horas, pero del sobresalto pasarían en breve al auténtico terror.

  • Seas quien seas…—había comenzado el que, por la voz, identificaron como el que quería seguir machacando a su víctima

Sin embargo, se detuvo al girarse y ver al gigante que acababa de entrometerse, y a quienes lo acompañaban, pero como nunca falta alguien con poco cerebro y mucha arrogancia, se recuperó y encaró a Lucien.

  • Lo que sucede aquí no es asunto tuyo, así que lárgate por donde viniste

Itlar sabía que, al ser chicos, Lucien no les habría hecho nada más allá de darles un susto y enviarlos a casa sintiéndose miserables, pero aquel bocón intentaba engullir más de lo que podría tragar, aunque viviese mil años. Lucien se acercó con parsimonia y ladeó la cabeza cuando estuvo frente al muchacho.

  • Créeme, muchachito, no va a gustarte lo que te sucederá si no te marchas ahora.puntualizó
  • No tienes derecho a darme órdenes y no sabes con quién te estás metiendo
  • Ciertamente no lo sé, pero tampoco me importa. Última oportunidad

El tal Dinos debía tener poquísimo cerebro y nulo instinto de conservación, porque en lugar de obedecer, se llevó la mano al bolsillo. Lucien se dio el lujo de dejar que sacase el arma, pero en cuanto elevó el brazo, sujetó su muñeca y para los devrigs fue perfectamente audible el sonido del hueso al romperse, pero desagradablemente ruidoso el grito del chico.

  • ¿Está claro así, o necesitas más? —le preguntó Lucien
  • ¡Dinos! —chilló uno de los otros

Como la guardia de Lucien no sabía cómo iban a reaccionar los demás, se habían movido con rapidez y los tenían sujetos, lo que produjo el grito de advertencia del chico. Lucien miró con desprecio a Dinos y caminó hacia la figura tirada en el piso, aun en la creencia de que se trataba de una chica, pero buscando con la mirada a la otra persona que pensaba estaba allí. Itlar, sabiendo lo que hacía, le informó que no había nadie más, algo que ya había comprobado, así que Lucien se agachó al lado del muchacho mirándolo con sorpresa al comprobar que no era una chica, pero el estado en el que estaba, es decir, terriblemente golpeado y sangrando mucho, lo que hasta hacía un momento había sido solo una leve molestia, se transformó rápidamente desatando su ira. Prestó atención antes de cargar al chico para llevarlo a algún centro asistencial, pero determinó con rapidez que no llegaría a ninguno. Intentó informarse si tenía una familia a quien avisar y que merecería saber lo que había sucedido, pero no encontraba nada, así que lo intentó de forma más directa.

  • Ey —llamó colocando la mano sobre su hombro y el chico abrió los ojos —¿Dónde vive tu familia? —pero él solo intentó negar con la cabeza —¿No qué? —insistió Lucien
  • No…tengo

El esfuerzo pareció mucho y un hilo de sangre se escurrió por la comisura de sus labios. Itlar percibió con claridad las intenciones de Lucien, lo que no imaginó fue que lo que se avecinaba era un problema, ni que tan grande sería éste.

  • Una daga —ordenó, y quien se movió más rápido fue Dardan




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